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En el reciente concurso "Por siempre Gardel" organizado por "Todo es historia", Jorge Luis Ángel Tosso es el autor del siguiente trabajo, publicado bajo el título de: Testigo privilegiado Por Jorge Luis Ángel Tosso Conocí a Enrique Ruiz Daudet a mediados de la década del ’50. Estaba a cargo de la audición radial nocturna titulada "Esta noche graba Don Carlos". A través de ella, difundía grabaciones antiguas y poco conocidas de Carlos Gardel. Para evitar que ciertos oyentes pudieran copiarlas con fines comerciales, al promediar la misma, bajaba el volumen y una voz decía: "de la colección de Enrique Ruiz Daudet y en la audición Esta noche graba Don Carlos se está difundiendo...y se indicaba el título de la obra". Desde siempre me encantó el tango y me fascinaba escuchar en la interpretación de Carlos Gardel letras de tangos que había oído entonar desde muy chico en mi hogar, en la voz de mis padres y de otros familiares. Tenía poco más de veinte años y casi todas las semanas compraba un disco, en especial grabaciones de Carlos Gardel, cuyas letras memorizaba por escucharlas varias veces. Eran discos de 78 rpm. Pero las versiones más conocidas de Gardel que existían en los comercios de ese entonces eran las de sus películas y algunas otras. No había en cambio reposición porque en muchos casos se habían deteriorado las matrices y en otras, quizá, porque no eran rentables comercialmente las antiguas grabaciones acústicas, salvo casos especiales como el mío. Escuchaba siempre la audición referida y una noche decidí ir a la radio y presenciarla. Al término de la misma me presenté a Enrique Ruiz Daudet. Le dije lo mucho que me gustaba su programa y que quería hacerle algunas preguntas sobre la discografía gardeliana y algunos temas que me interesaban particularmente. El estaba muy apurado, pero me dio su tarjeta y me invitó que fuera a verlo a su "estudio de grabación". Así lo hice. El "estudio de grabación" era en realidad un pequeño local, bastante desordenado, que estaba ubicado en la calle Treinta y Tres (Orientales) cerca de Carlos Calvo, barrio de Almagro. El hombre tendría entonces unos 52 años. Delgado, alto y de bigotes, estaba sentado en una banco elevado frente a un mostradorcito. Sus finos modales y aire señorial no concordaban con lo modesto del lugar. Tenía allí un teléfono y un aparato para grabar discos en acetato. Conversamos un poco sobre su audición. Luego le pedí escuchar algunos temas por Gardel pero él me contestó que no los tenía allí sino en su casa. Sin embargo, si yo quería, podía copiármelos en acetato. Acepté la propuesta y unos días después fui a buscarlos. Así ocurrió varias veces, hasta que me ofreció venderme discos originales, etiqueta roja, que habían salido a la venta en vida del Zorzal. Con ese motivo mis visitas se hicieron frecuentes y así conocí mejor y trabé cierta amistad con este singular personaje que, entre otras cosas, era aviador civil y piloteaba de vez en cuando. Era dueño de la colección más completa del país de discos de Carlos Gardel, adquiridos en cuanto salían a la venta, movido por la gran admiración hacia el ídolo. Me contó que en su juventud iba todas las noches a los teatros y lugares donde cantaba Gardel y se ubicaba en primera fila para no perder ningún detalle de la función, ya que actuaba sin micrófono. Así adhirió que en los temas que Gardel cantaba asiduamente, prácticamente todas las noches, como "Mano a mano", "El carretero" y otros, él hacía un "clisé" y siempre los interpretaba igual. En cambio, en otros que cantaba más espaciadamente, a veces cambiaba alguna palabra de la letra que, por supuesto, Daudet sabía de memoria.
EL ENCUENTRO Su lógico deseo era conocer y hablar con Carlos Gardel. Así fue que una noche, al terminar el espectáculo, un amigo común se lo presentó. El encuentro no tuvo el sabor que Ruiz Daudet con tanta ansiedad esperaba. El amigo le dice a Gardel: "Te presento a este muchacho, gran admirador tuyo, que viene a verte siempre y compra todos tus discos en cuanto salen". "Mucho gusto don Carlos" dijo tímidamente y emocionado Daudet. El cantor, dándole la mano, le contesta: "¡Pero pibe, como te gastás la plata para verme y comprar discos míos en vez de salir con minas!". Y antes de que el sorprendido Daudet pudiera decir algo, agregó Gardel "¿Vos querés discos míos?, bueno yo te voy a regalar algunos". Entonces Daudet, reaccionando y un poco molesto, le contestó: "No, gracias don Carlos, yo tengo dinero suficiente y puedo comprarlos"; a lo que Gardel le replica: "Vamos, no te hagás el pashá. Yo te quiero regalar unos discos pero no los tengo acá. Pasá el martes a la tarde por mi casa que yo le voy a encargar a la Vieja que te los entregue". El Zorzal lo saludó con su habitual e irresistible sonrisa y allí concluyó el diálogo. El martes siguiente por la tarde Enrique Ruiz Daudet se presentó en la casa de Gardel donde fue atendido por la madre del cantor. "Señora, ¿Su hijo le dejó algo para mí?" dijo Daudet. "Si, ya se lo traigo", contestó doña Berta. Solícita y humilde, ella vuelve al rato portando un paquete. "Esto le dejó mi hijo para Usted", y se lo entregó. Daudet regresó a su casa, abrió el paquete y a primera vista se sintió decepcionado. Los títulos eran más que conocidos: "Al mundo le falta un tornillo", "Ventanita de arrabal", "Callejera"... Todas obras que habían salido a la venta y él las tenía... Sin embargo, en un examen más detallado, advirtió que las etiquetas no eran las mismas y en ellas había algunas notas no comunes a los discos que se compraban en los comercios. Al escuchar las versiones, Daudet se dio cuenta que eran discos de prueba con interpretaciones distintas en letra o tanda a las que él tenía. En otras palabras Gardel, advirtiendo en Daudet además de un admirador a un coleccionista, o prevenido por el amigo común que los presentó, le había regalado grabaciones exclusivas que, aunque desechadas por el intérprete, eran únicas. Unos días después, Daudet tuvo oportunidad de agradecer personalmente a Gardel los discos de prueba recibidos. Se enteró entonces que "Don Carlos" como él lo llamaba con respeto –ya que no se animaba a decirle Carlitos- raramente cuando grababa un tema hacía una sola versión. Por el contrario, eran dos, tres o más de la misma obra para elegir la que saldría a la venta. En es época se grababa sobre matrices de cera con las que se elaboraban los discos de pasta. El proceso no permitía escuchar la versión de inmediato. La casa grabadora le entregaba a Gardel los discos de prueba antes de editarlos. Los lunes a la tarde, día de descanso de los artistas, el cantor se reunía en su casa con su amigo, el actor Enrique de Rosas, y mientras tomaban mates cebados por doña Berta, escuchaban los discos de prueba y elegían la versión que debía editarse. Los desechados quedaban en poder de Gardel. Así, una parte de ellos llegó a manos de Enrique Ruiz Daudet.
EN EL LOCAL Tuve oportunidad de escuchar los discos en el local de la calle Treinta y Tres. Recuerdo que en la grabación de prueba de "Callejera" había error en una palabra. El estribillo de ese tango dice: "...callejera vos también sos milonguita y en el fondo de tu almita honda pena sepultás". En el disco Gardel cantaba: "...callejera, vos también sos milonguita y en el alma de tu almita honda pena sepultás", cambiando la palabra "fondo" por "alma". También en otros como "Barrio viejo" y "De tardecita" se notaban ciertas diferencias melódicas con respecto a las versiones conocidas. Daudet me hizo escuchar una interpretación de "El bulín de la calle Ayacucho" en grabación eléctrica que nunca salió a la venta. Además, cuando en esa época se difundió comercialmente la versión de "Siéntese che hermano" me informó Daudet, algo molesto, que esa grabación no había sido editada en vida de Carlos Gardel porque éste no la había aprobado. Según dijo, era un disco de prueba que no salió de su colección sino de alguna otra persona a quién el cantor pudo haber tenido la atención de obsequiar. Daudet se enorgullecía de poseer uno de los dos únicos discos que existían y, en buenas condiciones, de "Mocosita". Para el coleccionista era la "figurita difícil" o la estampilla única del filatelista. Tuve la suerte de escuchar un par de veces la versión, inédita en es momento, para mis oídos. El disco estaba prácticamente nuevo y Daudet lo tenía como reliquia. Dejé de frecuentar a don Enrique Ruiz Daudet a principios de los ’70 debido a mis tareas profesionales que insumían la mayor parte de mi tiempo. Sin embargo, unos años después quise volver a visitarlo, pasé por local donde eran nuestros encuentros, y lo hallé cerrado. Mucho tiempo después la obra discográfica de Carlos Gardel fue reeditada más o menos completa, primero en discos de 33 rpm., luego en casettes y más recientemente en CD. Pero aquellos legendarios discos de prueba que llegaron a emocionarme no los volví a escuchar. Sin embargo, al escribir ahora por primera vez estas vivencias de hace casi cincuenta años, me parece que vuelve a resonar en mis oíos la voz del Inolvidable, a través de esas piezas únicas que escuchara en el ya inexistente local de la calle Treinta y Tres. TESTIGO PRIVILEGIADO, de Jorge Luis Angel Tosso Otros articulos públicados en "Todo es Historia" en la edición de junio de 2003:
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