Élite en Nueva York
Suicidas por amor

 

Aporte: Juan Carlos Esteban, 20 de sept. de 2007

Estrellita del Regil, una idólatra de Carlos Gardel.
Un episodio trágico y sentimental
Epílogo a la hecatombe de Medellín


   
  Por Robert Robertson.
 

Cuando rasgué el sobre del radiograma, confieso que estaba un poco intrigado. Mi familia se encontraba en Florida, pero los chicos gozaban de excelente salud. Tengo algunos amigos en el Canadá, pero no son tipos que despilfarran los dólares. Tampoco aguardaba noticias de mi socio, porque no lo tengo. Así, pues, pude paladear ese minuto de angustia tonta que produce en cualquier mortal la llegada de un inesperado radiograma. Media hora después, con el nombre de ELITE en el bolsillo y en la memoria, me encontraba en la calle alzando la mano para detener un taxi.

-         4.308, Broadway – dije al chauffeur y salté en el interior del amarillo vehículo.

         En tanto desfilaban rascacielos y señales de tráfico, releí el radiograma que me enviaban mis buenos amigos de ELITE, como corresponsal de esa magnifica revista que soy y me puse a barajar todos los recuerdos que se agitaban en mi en torno a la figura de Carlos Gardel, el malogrado y simpático ídolo de tanta parisién, neoyorquina y suramericana.

         Recordé la voz cálida del gaucho cantor. Recordé su silueta amable y el enérgico apretón de manos que nos diéramos un día en Hollywood. Me calosfrié un poco recordando su pavorosa muerte llameante y me complací en imaginar cómo sería esa Estrellita del Regil, idólatra de Gardel, a la cual debía interviuvar en nombre de ELITE. Sabía de ella lo que saben todos a través de la esuela información periodística. Pero su romántico gesto de envenenada despertaba en mi una profunda curiosidad por conocer sus ojos, su atormentada persona de mujer enamorada de una sombra con voz de guitarra… El taxi frenó violentamente y mis divagaciones tomaron otro rumbo distinto. Involuntariamente pensé en Rodolfo Valentino, aquel otro ídolo de las mujeres, cuya muerte dejó una prolongada estela de lágrimas en los ojos de tantas admiradoras. Pensé también en Werther, el pálido héroe de Goethe, que desató una epidemia de suicidios. Pensé en esa como sugestión colectiva que se produce siempre en torno a la desaparición de uno de esos afortunados mortales a quienes las mujeres prodigan toda, su loca aventura desde la anonimia de una butaca, en las noches plateadas del cine. Pensé…

         Pero estábamos ya frente al 3.408 de Broadway. Y salté al suelo.

-         Estrellita del Regil, por casualidad se encuentra aquí? – pregunté a la simpática  anciana que me abriera la puerta del apartamento.

-         Si, señor – me contestó la anciana con un marcado acento mexicano en la voz.

-         Tenga la bondad de decirle que un periodista desea verla – respondí.

-         ¿Otro periodista? Creo difícil que lo reciba. Mi hija está aburrida de ustedes.   

      De todos modos le preguntaré. Aguarde un momento.

         Pero antes de que la anciana tuviese tiempo de alejarse, una arrogante silueta de mujer penetró en la estancia. Alta, hermosa, con esa hermosura cálida de las morenas que nacieron bajo un sol de fuego. Estrellita del Regil vino a mi encuentro.

-         ¿Tengo el honor de saludar a la señorita Estrellita del Regil?

-         La misma, señor…

-         Robert Robertson – me apresuré a contestar, presentándome.

         Al escuchar mi nombre yanqui, aun cuando me expresara en un español bastante correcto, el rostro de Estrellita adquirió una expresión de cansancio casi hostil.

-         Me parece que ha perdido su tiempo, señor Robertson. Nada tengo que decirle, pues la prensa neoyorquina conoce mi vida y milagros, mejor que yo misma. Estoy aburrida y hasta asustada con el asedio de los reporteros que nada entienden y todo inventan…

-         Perdón, señorita de Regil – le contesté, interrumpiéndola antes de que me pusiese de patitas en la calle.

-         No vengo a importunarla para después urdir más patrañas en las columnas de un periódico norteamericano. A pesar de mi aspecto y de mi nombre, vengo a charlar brevemente con usted en representación de una gran revista suramericana, de la cual soy corresponsal.

-         Ah! ¿Una revista del Sur? – y Estrellita del Regil sonrió débilmente, con un destello de simpatía en los grandes ojos ardientes, en tanto me invitaba con un vago gesto de su mano a tomar asiento. - ¿Acaso una revista de Colombia? – agregó después que estuvo frente a mí, arrellanada en un sillón.

-         Nó, de Caracas, la capital de Venezuela.

-         Bien. Estoy a su disposición, señor Robertson. Tratándose de una información para esos públicos tan míos, no sabría negarme. Usted dirá…

-         Mil gracias por su gentileza, señorita del Regil. Mis amigos de ELITE sabrán apreciar en lo que vale su amabilidad.

-         ¿ELITE?

-         Si, ese es el nombre de la revista que represento. Permítame obsequiarle algunos ejemplares que he traído conmigo para usted.

-         Gracias.

         Y en tanto Estrellita del Regil hojeaba entre sus finas manos un ejemplar de ELITE, pude observarla a mí antojo. Comprendí de inmediato todo el interés que despertara en Carlos Gardel con su cálida arrogancia de mujer tropical. El pelo negro y liso, enmarca con su cabrilleo el rostro mate, de ojos rasgados y larga boca sensual. Una hermosa dentadura, luce tras su sonrisa y su voz caliente hace pensar en palmeras mecidas por la brisa atlántica. Estrellita del Regil es lo que fue Lupe Vélez o Dolores del Río antes de que el lienzo de plata las pusiera a navegar por el mundo. Estrellita es una excelente heroína de cualquier film con decoración tropical: mujer morena, ardiente, pasional…

-         Bella revista, ¿verdad? – y Estrellita levantó sus ojazos hacia mí, olvidando a ELITE que dormía en su regazo.

-         Si, es un hermoso exponente del Sur, que puede equiparse a cualquier otra de Hispanoamérica y aun de los Estados Unidos. Por algo la llaman “la mejor revista venezolana”. Pero hablemos de usted, Estrellita. De usted y si no le es muy doloroso hablemos también de Carlos Gardel.

-         Prefiero hablar de Carlos. Mi persona no ofrece ningún interés ahora cuando él ha desparecido. Si usted supiera cuántos hermosos proyectos se me han derrumbado con su muerte. Ha sido algo horrible. Tan horrible que no sé si odiar a quienes me hicieron regresar de la muerte…

         Estrellita no disimula su congoja y me impresiona fuertemente el dolor que se esconde en su acento. Tanto es así que no pronuncio palabra y aguardo silenciosamente a que ella misma continúe hablando, con su voz atragantada por la emoción.

-         Créame, señor. Todavía estoy desorientada, como perdida. Carlos Gardel era tan generoso, tan bueno! No se imagina usted cómo me daba alientos y me contagiaba con su optimismo de hombre triunfador… Le conocí en Hollywood durante la filmación de “Tango Bar” y “El Día que me Quieras”. A pesar de que figuré como una de tantas, Carlos me distinguió de inmediato y me persuadió de que debía, tener mucha fe en el futuro. El futuro…! Una hoguera enorme, que habría de consumir su gran corazón…

         Estrellita, casi sollozante, se lleva las manos al rostro. Estoy por marcharme. Pero ella continúa hablando con una voz lejana, olvidada de mí presencia.

-         Qué horrible noticia! Nunca he sentido un dolor semejante, uno de esos dolores que nos dejan perplejos, sin voluntad. Cuando salí de mi estupor, mi único pensamiento fue acabar con la vida que se me presentaba tan desolada, tan absurda. Me fuí al Hotel Midletown. No recuerdo bien como hice para ingerir la esencia de yodo. Solo recuerdo sombras en torno, muchas sombras interminables. Después una sala del City Hospital. El rostro atribulado de mi madre y médicos. Fué como una pesadilla…

         Estrellita se ha levantado y recorre la estancia lentamente. Luego se detiene frente a un retrato de Carlos Gardel, que ostenta una dedicatoria. Lo contempla largamente y regresa hacia mí.

-         Ese retrato es todo cuanto me queda de aquel que fué mi mejor amigo, mí camarada. ¿Cómo es posible que la vida haya sido tan cruel con él? Si usted supiera cuanto le querían todos! Era un amigo insuperable, un compañero como no hay dos en el mundo. He pensado más en él que en mí. Se lo aseguro. No me duele su muerte porque mi carrera se haya truncado. Me duele porque sé de sus ilusiones más queridas. De sus proyectos. No me olvido un instante de su pobre madre, de esa “vieja” que él adoraba y para quien eran todos sus triunfos…

-         Comprendo su dolor, Estrellita. Pero hay que tener fé en la vida, esa vida, esa misma vida que dá y quita con tanta crueldad. Usted es joven. El tiempo todo lo mitiga…

-         Si usted supiera que muchas veces pienso en llegar a ser algo para rendirle mi mejor homenaje. Gardel creyó en mí y debo ser digna de su fé. Estoy dispuesta a luchar bravamente…

¿………….?

-         Si. Mi padre era guatemalteco y mi madre es mexicana. Nací en Bilbao y luego viví en México hasta la edad de trece años. Después nos trasladamos a Nueva Orleáns, donde permanecí hasta la adolescencia.

              ¿………….?

-         Conocí a Gardel en el invierno de 1934 y desde entonces trabajé con un gran empeño, siguiendo sus consejos. Quién sabe cuál sería mi destino hoy día si él no hubiese muerto. Pero, ya le digo que estoy resuelta a enfrentarme a la vida con valiente desesperación. Ojalá pueda abrirme camino en el cine, que es mi anhelo más grande. Hoy por hoy bailo rumba y danzas tropicales para ganarme la vida, en tanto aguardo una oportunidad para regresar a los Estudios…

         Estrellita se muestra tan fatigada y ha sido tan gentil conmigo que me dispongo a partir, a no molestarla más con mi presencia.

-         Adiós, Estrellita – No sé cómo agradecerle su bondad. Le prometo relatar todo cuanto me ha dicho sin adulterar nada. Usted leerá esta entrevista en ELITE. Mil gracias y mil perdones.

-         No tiene nada que agradecerme. A través de ELITE envío un cordial saludo al público de Venezuela y especialmente a todas aquellas mujeres que como yo supieron admirar tiernamente a Carlos Gardel, el gran amigo malogrado.

         Me dispongo a partir, luego de haber estrechado la mano de Estrellita. Esta me acompaña hasta la puerta y, repentinamente, se detiene y me dice:

-         Aguarde un momento, quiero demostrarle el reconocimiento que me ha inspirado el gesto de esa revista al pedirle una interviú con mi insignificante persona.

         Estrellita se aleja y regresa con una fotografía suya y luego va hasta el retrato de Gardel y lo arranca de su marco.

-         Voy a confiarle este recuerdo precioso para mí, con la condición de que usted me lo devolverá luego.

-         Me abruma usted, le doy mi palabra de honor, Estrellita de que ese retrato lo tendrá usted nuevamente, tan pronto sea publicado en ELITE.

         Y Estrellita del Regil, después de autografiarme su fotografía, me despide cordialmente.

         Cuando me encuentro otra vez en el taxi no puedo menos de emocionarme pensando en esa radiante Estrellita y en sus negros ojos tapatíos, profundos bajo las lágrimas, profundos sobre el rostro canela de mujer tropical y apasionada.

 

Robert ROBERTSON

Corresponsal de ELITE

en New York.

Fotos adjuntas al articulo de la revista ÉLITE

La foto de Carlos Gardel obsequiada a ESTRELLITA DEL REGIL

ESTRELLITA DEL REGIL

Carlos Gardel
La foto autografiada para Estrellita Del Regil

Estrellita Del Regil
La foto autografiada para la Revista "ÉLITE"

 

Pagina Titular de la Revista "ÉLITE", Caracas, Venezuela 1935

 

Estrellita del Regil en la pelicula de Gardel "Tango Bar"
filmada en Long Island, Nueva York, Estados Unidos en el mes de febrero de 1935.
Estrellita del Regil, convenientemente maquillada, como auténtica campesina, de cejas abundantes, aparece en la foto a la derecha, detrás de Gardel.
Para ampliar, oprimir aqui.
Ver tambien CARLOS GARDEL y ESTRELLITA DEL REGIL en el sitio LOS AMIGOS DE GARDEL


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Nota 1: Hamlet Peluso conserva el recorte original  de la nota de la Revista "ËLITE".
Nota 2: Transcripcion del texto de la revista por Juan Carlos Esteban.
Nota 3: Ver articulo UN REPORTAJE OLVIDADO, GARDEL y el Retrato de Bertha Gardes, Por Juan Carlos Esteban.
Nota 4: Estrellita del Regil es tambien conocida como la “Dama de Negro” que siempre visitaba la tumba de Rodolfo Valentino.

Enlaces:

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Last update: June 13, 2008

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