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Poemas poco difundidos en memoria de Gardel escritos en torno a 1935 por Héctor Ángel Benedetti
Al día siguiente de la tragedia de Medellín ya se publicaban los dos primeros poemas dedicados a la memoria de Carlos Gardel. Éstos eran Jilguerito criollo, de Celedonio E. Flores, y ¡Ha muerto Carlos Gardel!, de Iván Diez. Es cierto que el cantor ya había recibido varios homenajes en vida, pero éstos no pueden compararse con los que inspirara la tragedia de aquel 24 de junio de 1935. Circularon muchas de estas expresiones, aunque pocas adquirieron permanencia. Mientras que algunas eran llevadas al disco en fechas tan tempranas como julio (Agustín Magaldi: Por qué te fuiste hermano), agosto (Oscar Ugarte: Unidos en la muerte) y noviembre de 1935 (Azucena Maizani: Canto a Gardel), otras, que en rigor fueron la mayoría, tuvieron escasa o nula difusión. Por supuesto que no todas pertenecieron a poetas profesionales. Entre las composiciones de aquellos días que pasaron al olvido pueden citarse Adiós, Carlitos Gardel (Dedicado al malogrado cantor Carlos Gardel) (Roberto Luis Queirolo); A la memoria de Carlitos (Domingo Remol); Al gran Carlos Gardel (Nicolás Cosentino); Al gran zorzal argentino Carlos Gardel (Carlos A. Lavalleto); ¡Batime, Carlitos!... (Niceto Vaca); Carlitos Gardel (Oración sincera de un muchacho que admiró al maestro) (Julio J. Nelson); Carlos Gardel (Juan M. Velich); El jilguero que no volvió (Ñandubay); El llanto de Hispanoamérica por la muerte de Gardel (Bartolomé R. Aprile); El último adiós a Carlos Gardel (Q.E.P.D.) (Segundo José Torlasco); Flores a los caídos (A los caídos el 24 de Junio de 1935, en la lejana Colombia) (Eliseo P. Silva); Ha muerto el jilguero! (Alfredo Vesci Cosentino); Hasta la vuelta... Gardel! (Homenaje póstumo que rindo al malogrado cantor máximo, a nuestro querido jilguero Carlitos Gardel) (Ricardo Muni); Jilguerito porteño (“Mi Buenos Aires querido”) (Ricardo Olcese); Se fue Carlitos (Juan M. Velich); ¡Te fuiste Carlitos!... (Alberto Cosentino), etcétera. A continuación se presentan cuatro de estas obras escritas en 1935 y hoy prácticamente desconocidas.
I. Juan Milatich: Carlos Gardel no ha muerto.
El destino ha querido que se conservara la fecha precisa de confección de este poema. Fue el 1 de julio de 1935, a una semana del fallecimiento de Gardel. El dato se conoce gracias a que consta al pie de la obra, impreso en un ejemplar de la revista El alma que canta. Es evidente que falta una línea en la tercera estrofa, pues la décima está “rota” y queda un verso sin rimar.
Cual cóndor que majestuoso volara de cumbre en cumbre, o astro que con su lumbre iluminara radioso, Gardel paseó venturoso por ambos mundos su fama; y si el público lo aclama es porque tiene valor ese máximo cantor que zorzal criollo se llama.
Digo se llama zorzal, y creo hablar con acierto, porque para mí no ha muerto el gran cantor nacional; que nunca encontró un rival en su trillado camino; nos lo arrebató el destino porque le llegó su hora, mas la virtud se atesora del rey del tango argentino.
¡Cómo he de creer que ha muerto siendo que sigue cantando, y a todo el mundo asombrando con su mágico concierto! Que ya no produce, es cierto, pero que ha muerto, es mentira; sigue el compás de su lira cantando sus producciones que el público tanto admira.
Mientras haya del zorzal un solo disco grabado seguirá siendo admirado ese canto magistral; con que el artista genial nos conmueve y nos asombra; mientras su gallarda sombra en “Cuesta Abajo” se exhiba; él, será la siempreviva que hoy con cariño se nombra.
Juan Milatich, un poeta poco conocido que estaba radicado en Vicente Casares —cerca de Cañuelas, provincia de Buenos Aires—, se convirtió de esta manera en uno de los primeros evocadores de Carlos Gardel.
II. Juan Manuel de la Puente: Hacia la gloria.
No se tienen mayores referencias de este autor. El otro Juan Manuel de la Puente que registra la historia fue un músico español del siglo XVIII. La composición, cuyo título completo es Hacia la gloria (a Carlos Gardel va mi homenaje póstumo), tiene forma de soneto.
Si bien en sus gorjeos peregrinos modulaba las notas de un zorzal, en el Arte era un águila real cautiva en los hogares argentinos.
Estaba aprisionado en los caminos, pequeño era el espacio terrenal, ansiaba ser un ave sideral y en las alturas modular sus trinos.
Entonces quiso abandonar la jaula donde no pudo desplegar el ala del ave ansiosa que existía en él.
Propicio era el espacio. En la victoria más amplitud le ofreció la gloria, con ella, entonces, se marchó Gardel!
Se ha introducido una corrección en el segundo verso de la primera cuarteta. El original dice “modula las notas de un zorzal”; la métrica indica que la forma real debe ser “modulaba”, pues así se mantiene la estructura del endecasílabo (y además no cambia el tiempo verbal).
III. Francisco Raimundo: Salud, maestro!...
Francisco Raimundo (“Chilo”) ha sido un poeta prolífico, aunque su nombre es más frecuente en cancioneros impresos que en discos fonográficos. Algunos de estos últimos: Tras de un rosal (vals), música de Gabriel Clausi, letra de Francisco Raimundo y Melecio L. Pérez (grabado por la orquesta de Gabriel Clausi con la voz de Ricardo Ruiz); Toda una vida (tango), música de Julio De Caro, letra de Francisco Raimundo y Diógenes Atorra (grabado por la orquesta de Ricardo Forli con la voz del propio Chilo); San Telmo (marcha), música de Pedro y Vicente Marotta, letra de Francisco Raimundo (grabado por la orquesta de Gabriel Clausi con la voz de Ricardo Ruiz); etcétera. Su poema Salud, maestro!... comienza con una larga dedicatoria, que aquí se transcribe íntegra.
Dedicado con el más profundo dolor de mi alma al malogrado amigo y camarada, el gran cantor criollo y artista cinematográfico, Carlitos Gardel: el máximo representante de la musa popular, insigne embajador del tango en el extranjero y el eterno muchacho jovial de la amplia sonrisa, del noble gesto y del corazón abierto de par en par.
Muchachos: Se nos ha ido el Rey de los ruiseñores: el Papá de los cantores de nuestro tango querido!... El destino le ha tejido una red bajo del sol y a Barbieri, Riverol, a Aguilar como a Le Pera, ¡fue la Parca traicionera que les jugó un fiero rol!...
Cuando hablemos de Gardel descubrámonos primero, como homenaje postrero tributándole un laurel. Los extranjeros, por él, conocen el tango nuestro, lo impuso varonil, diestro, el gran Gardel triunfador; el eximio embajador, el inmortal: ¡el maestro!
En todos los continentes que cantó Carlos Gardel le llovieron a granel los aplausos de las gentes. Querido en todos ambientes, a todos trataba igual: siempre sonriente y cordial, sencillo, francote, amable. Con todos fue muy tratable ¡Carlos Gardel, el zorzal!
No hubo ni habrá cantores que canten como Gardel. Su voz destilaba miel, armonías y sabores... Tendrá mil imitadores este cantor magistral pero aunque no lo hagan mal pueden estar en lo cierto, ¡Vivo, ni después de muerto nadie imita a este zorzal!
Carlitos Gardel y el tango (aunque de distintos suelos) eran hermanos gemelos y fueron del mismo rango. Por si grazna algún chimango pretendiendo algún laurel no beberá más que hiel por esa boca maligna. ¡Pues sepan que en la Argentina jamás habrá otro Gardel!
Todo humano ha de alabar al más genial precursor que con su Arte, fe y amor hizo al tango consagrar. Hoy, por él, se ha de bailar en los más regios salones. Millones de corazones al vibrar de las guitarras entre canciones bizarras palpitaron de emociones!
Tu nombre: ¡CARLOS GARDEL! perdura y perdurará. Tu recuerdo quedará grabado en oro, a cincel. Tu nombre: ¡CARLOS GARDEL! desde hoy mismo es inmortal, el ambiente nacional sufre un profundo desvelo. ¡Las musas están de duelo por tu caída mortal!
La milonga popular está vestida de luto. Te rindió el mayor tributo y hasta paró de cantar! Nadie se quiso quedar sin rendirte su homenaje. Quedó mudo el encordaje y mudos los bandoneones, y mudos los corazones y triste todo paisaje!...
En nombre del Arte pido, como el más fiel emisario a este y aquel mandatario que no te echen al olvido; y que con justo sentido a tu sagrada memoria la calle recordatoria pongan con tu nombre fiel, la calle: CARLOS GARDEL como grabando tu historia.
Con toda inocencia, Francisco Raimundo pone sobre el tapete un par de cuestiones controvertidas: la nacionalidad (“Carlitos Gardel y el tango / aunque de distintos suelos...”) y las imitaciones, que ya tempranamente comenzaban a rechazarse (“Tendrá mil imitadores / este cantor magistral...”). El poeta termina pidiendo a las autoridades que recuerden al Zorzal con una calle, anhelo que recién pudo concretarse en 1961, cuando por Ordenanza Nº 18.252 se le dio el nombre “Carlos Gardel” a una arteria de Balvanera.
IV. Santiago Sacarelo: Allá arriba...
Poco después del accidente de Medellín se dio a conocer un poema titulado Allá arriba..., perteneciente a Santiago Sacarelo. A primera lectura podría decirse que su único interés consiste en que está prefigurando la idea de la famosa milonga Cien guitarras, doce años posterior; pero haciendo a un lado los humildes recursos de su poética, se encuentran en Allá arriba... algunas otras cuestiones dignas de observación.
Estaban de garufa... Allá en el Cielo El Viejo Tata Dios y sus muchachos festejaban el Santo de uno de ellos esa noche de junio veinticuatro.
De repente El Viejo, medio alegre, tuvo ganas de oir un tango criollo... Y áhi nomás ordenó que le trajeran al sublime zorzal americano.
Y una barra de lindos Angelitos a buscarlo salieron con cautela, mientras el mismo Padre Eterno esperaba al cantor con una viola.
Pablo Vasque [sic], Gabino, Bettinoti, Luis Acosta, Damato [sic] y otros tantos entonaron un verso de Carriego al llegar el zorzal americano.
Y Carlitos Gardel cantó, allá arriba, el tangazo milonga “Mano a Mano”. Desde entonces El Viejo, de envidioso, para siempre lo tiene contratado.
El “Spiker” San Pedro, en adelante, al hacer el anuncio de un programa, les dirá a sus oyentes celestiales: esta noche, señores, Gardel canta...
Para comenzar, la construcción es atípica dentro del género (ciertas estrofas tienen una rima vagamente asonante, mientras que otras son directamente de versos libres, sin rima alguna); sin embargo, este asunto importa menos que la enumeración de payadores que aparece promediando la obra, y que el autor vincula a Gardel utilizando un nexo más “ciudadano”: Carriego.
V. Breve conclusión.
Los cuatro poemas seleccionados son un fragmento mínimo de la antología (que aún está por compilarse) de las obras dedicadas a Carlos Gardel. Son tantas que prácticamente han derivado en un subgénero dentro de la literatura del tango. Como se aclaró en un principio, si bien el cantor tuvo varios homenajes en vida, jamás pasa desapercibido que la mayoría fueron composiciones hechas de inmediato tras su muerte. En algunos casos la precipitación atentó contra la belleza, y fue por ello que tras esta urgencia —por cierto reveladora— el tiempo se ocupó de realizar algunas decantaciones, logrando que perdurasen sólo aquellos poemas que eran menos apresurados y más exigentes con las musas.
Publicado con permiso de Héctor Ángel Benedetti el 2 de enero de 2004.
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