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El pequeño Gardel Nacimiento Los Gardes |
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Por Julián y Osvaldo Barsky
Aquel día frío y
lluvioso de febrero de 1893, una
mujer menuda y algo regordeta pero
fuerte vigilaba los bultos con sus
pertenencias y a su pequeño e
inquieto hijo, de poco más de
veintiséis meses. Marie Berthe
Gardes Camarès, con veintisiete años
y proveniente de la ciudad de
Toulouse, iba a emprender la
travesía hacia la desconocida y
lejana Buenos Aires en compañía de
su hijo, Charles Romuald Gardes.
¿Qué circunstancias
habían impulsado a esta joven a
emprender el camino, siempre
azaroso, del emigrante? ¿Cómo vivía
y cómo era la ciudad de Toulouse,
que se había convertido en inhóspita
para ella? Toulouse, capital del departamento de Haute-Garonne (Alto Garona), está situada en el suroeste de Francia, dentro de la llamada Cuenca del Aquitania, una amplia región en la que desciende la Cordillera Negra. Allí, donde puede decirse que termina el alto curso del río Garona y donde convergen numerosos valles pirenaicos, se levantaba en semicírculo el núcleo urbano más antiguo, que posteriormente se extendería en ordenados barrios residenciales hasta el Canal del Midi, y más allá, en vastos suburbios. Centro comercial de una importante región agrícola, su estratégica ubicación como vía de enlace más corta entre el Atlántico y el Mediterráneo, la mantuvo comunicada por carreteras y vías fluviales –y desde el siglo XIX por ferrocarril– con toda la región, particularmente con el importante puerto de Burdeos. La abundante utilización del ladrillo en la construcción de viviendas y edificios daba un colorido rojizo a la ciudad, que le valió el nombre de Ville Rose (Villa Rosa). También se la denominaba “ciudad de los trovadores”, dado que a comienzos del siglo XIV siete juglares habían formado la Compagnie du Gai Savoir (Compañía de la Ciencia Gaya) con el fin de preservar la “langue d’oc” –dialecto de la zona–, compañía que es considerada en la actualidad la más antigua sociedad literaria de Europa. Toulouse vivió una profunda declinación a partir de las guerras religiosas del siglo XVI y de las sucesivas pestes vinculadas a la carencia de alcantarillado en sus estrechas y sucias calles, donde deambulaban cerdos y aves de corral. Un profundo estancamiento demográfico hizo que durante todo el siglo XVIII creciera en sólo diez mil habitantes, llegando en 1790 a los cincuenta y tres mil. Al mejorar notablemente las condiciones de higiene, y dado el desarrollo de la medicina en la segunda mitad del siglo XIX, pasó a contar con ciento veintisiete mil habitantes en 1866, manteniendo con posterioridad una tasa de crecimiento demográfico superior a la de los años precedentes. La familia Gardes había acompañado la expansión de la ciudad durante esos siglos. El 3 de abril de 1835 nació Vital Gardes Pascale, tercer hijo de Jean-Marie Gardes Bonhomme y de Marie Anne Pascale Bonnefoy, ambos nativos. Vital, rompiendo con la tradición familiar de casarse con tolosanos, contraerá matrimonio con Hélène Camarès Cunégonde, oriunda de la pequeña población de Albi, ubicada a veintitrés kilómetros hacia el noreste en las estribaciones del Macizo central. Nacida el 20 de julio de 1839, era hija de Mathieu Camarès y de Hélène Cunégonde Barase –ambos originarios de dicho pueblo–. El matrimonio se celebró el 10 de mayo de 1862 y la pareja se instaló en Toulouse, donde tuvo dos hijos: Jean, nacido el 11 de abril de 1863 y Marie Berthe, el 14 de junio de 1865. Tres años después del nacimiento de Marie Berthe, el 17 de marzo de 1868, sus padres se separaron, alegando la mujer recibir malos tratos, aunque recién el 27 de diciembre de 1889 formalizarían el divorcio. Hélène formaría una nueva pareja con Louis Alphonso Juliez Carichou, al que le llevaba nueve años de edad, y con el que finalmente se casaría y tendría un nuevo hijo, Charles, que nacería en Venezuela, el 11 de febrero de 1876. Como el divorcio con Vital se concretó tres años después, el niño llevaría inicialmente el apellido Gardes.
La familia de Berthe
era de modesta posición, vinculada a
actividades urbanas. El padre era
yesero y la madre explotaba una
pequeña sombrerería en la zona de
Arnaud-Bernard. Esta quedaba cerca
de la casa donde vivían, en la calle
Canon D’Arcole 4, propiedad de un
primo por el lado materno, Marius
Barrat. Era una típica vivienda
tolosana de inquilinato, con un
pasillo central al que daban las
habitaciones, dos pisos en altos, y
patio al fondo donde se ubicaba el
baño. La fachada, armónica y
simétrica, era de ladrillos a la
vista, las ventanas con postigones
de madera y dos pequeños balcones
coincidentes con el acceso en la
planta baja. Las amigas de Berthe de
la infancia también pertenecían a
sectores sociales similares. Así,
por ejemplo, Odalie Ducase tendría
más adelante un humilde taller de
modista y de arreglo de sombreros.
En cuanto a Berthe, deberá salir a
trabajar como planchadora para
colaborar con el sustento del hogar.
Ella lo recordaría muchos años más
tarde: “Cuando yo era chica, en
Toulouse mis padres eran gente
humilde. A mi padre no lo recuerdo
bien. Mi madre era casada en
segundas nupcias, y a mi padrastro,
que era muy bueno, le decíamos
‘tío’. La vida no era entonces como
ahora. Mi mamá era modista de
sombreros y tenía buenos clientes”.
Nace Charles En marzo de 1890, cuando Berthe tenía veinticuatro años, descubrió que estaba embarazada. Este hecho cambiará decisivamente su vida, porque no logrará obtener el reconocimiento de su pareja de la futura paternidad.
El 10 de diciembre,
al iniciar el trabajo de parto,
debió cruzar el río Garona por el
antiguo puente de la ciudad hasta la
ribera oeste, donde se encontraba el
hospital Saint Joseph de la Grave.
En ese mismo establecimiento,
fundado en 1647, habían nacido
varias generaciones de Gardes. Un
edificio rectangular, con tejas
rojas y una cúpula –agregada en
1824–, donde es posible que el
jueves 11 de diciembre de 1890, a
las dos de la mañana, se colgara una
bandera blanca de una de las
ventanas de la sala de Maternidad.
Se respetaba así una vieja tradición
provenzal, de práctica usual en los
hospitales franceses, que en este
caso anunciaba el nacimiento de
Charles Romuald Gardes. La partera
que asistió a Berthe se llamaba
Jenny Bazin. Esa misma tarde Pierre
Adouy, adjunto del alcalde de
Toulouse, confeccionó el acta de
nacimiento, inscrita en la página
314 del Libro, asiento 2481. En cuanto al origen del nombre, hay indicios de que Berthe lo eligió en homenaje a su hermanastro, Charles Carichou (Gardes), quien se encontraba enrolado en un cuerpo expedicionario del Ejército francés en Indochina. Pocos días después, Berthe y su bebé abandonaron el hospital. La madre asumía así plenamente a su hijo, pero quedaba asentado el estigma que ambos guardarían como un gran secreto durante más de cuatro décadas: “hijo de padre desconocido”.
El padre
¿Quién era el padre
de Charles Romuald? ¿Por qué motivos
no lo reconoció, obligando a Berthe
a inscribirlo como hijo natural, con
su apellido? Hasta el final de su
vida ella dejará este tema sin
dilucidar, intentando defender su
carácter de viuda, con el propósito
de ocultar la falta de paternidad
legal de su descendiente. Prueba de
ello es la entrevista concedida a la
revista La Canción Moderna el
8 de junio de 1936, donde Berthe
señala que el padre de Charles
Romuald Gardes había sido un
militar, de nombre Paul Romuald,
quien supuestamente falleció sin que
su hijo llegara a conocerlo. Por el contrario, personas cercanas a Gardel han señalado que su padre habría sido un tal Paul Lasserre. Según su descendiente Raymond Gelos, Berthe trabajaba en el taller de limpieza y planchado que era propiedad de la madre de Paul Lasserre y allí se conocieron. Gelos agrega que Lasserre era ingeniero en la fábrica de papel Sirven, en la calle Riquet; que había nacido en una familia burguesa de Toulouse el 1º de agosto de 1866, y fallecido de hepatitis virósica el 20 de noviembre de 1921, un año después de viajar a Buenos Aires para darle el último adiós a Berthe y a su hijo. Para Gelos, ella no habría viajado sola a Buenos Aires, sino con él, y la decisión de partir rumbo a la Argentina habría sido porque su unión era imposible debido a las marcadas diferencias sociales entre las familias. Para ese entonces, Paul contaba sólo veinticuatro años y era soltero. Esta versión no ha sido probada documentalmente. Paul Lasserre no figura en el listado de pasajeros del barco en que llegaron Berthe y el pequeño Charles, ni tampoco en los años posteriores. Además, en ninguno de los viajes que Gardel realizó a Toulouse se ha registrado aproximación alguna con la familia Lasserre. Así como tampoco ha sido mencionada por familiares directos de Berthe.
El bailarín Carlos
Zinelli, que en 1928 acompañó a
Gardel en su gira por París, sostuvo
por su parte que Armando Defino,
apoderado del cantor, le informó que
Paul Lasserre había aportado dinero
“para que la joven madre, asediada
por reproches familiares y
prejuicios vecinales, pudiera poner
distancia entre ella y Toulouse”.
Según él, “la familia Gardés explotó
durante muchos años una sombrerería
(venta, confección y arreglos), en
la zona de Arnaud-Bernard. En una
actividad afín con ese comercio se
desenvolvía un joven viajante, Paul
Lasserre. Ya veinteañera, Berthe
trabó romance con Paul, que
desembocaría en el nacimiento de un
varoncito bautizado con los nombres
de Charles Romuald. Lasserre no
reconoció a ese niño. Según se
estableció más tarde, lo impedía su
condición de hombre ya casado. Al
tiempo de relacionarse con Berthe,
tenía dos hijos con su esposa legal.
La zona de ventas asignada a
Lasserre comprendía, precisamente,
Toulouse y una parte del sur de
España, circunstancia esta última
que le permitía hablar castellano
medianamente bien”. Guada Aballe ha localizado la documentación de Paul Jean Lasserre, nacido en Toulouse el 1 de agosto de 1866, hijo de Joseph Lasserre que trabajaba en la fabricación de carruajes y de Jeanne Marie Blanc, de profesión planchadora. Paul contrajo matrimonio con Marie Anne Broyer el 29 de septiembre de 1898 en Toulouse. Este dato permite confirmar que en el momento de nacer Charles Romuald, Paul era soltero y tenía 24 años, uno menos que Berthe. Enviudó en 1918. Seguramente, la información más significativa al respecto es la proporcionada por el periodista Edmundo Guibourg, amigo de Gardel desde pequeño, quien, entrevistado por Carlos Achával para la revista Flash en 1985, señaló:
“Ahora le voy a
relatar una cosa que me contó él
[Gardel]. No puedo precisar con
exactitud la fecha, pera ya era un
hombre hecho y derecho. Seguramente
estaba cerca de los 30 años. Un día
me dice:
”Te voy a contar una
cosa que no te conté nunca. Estuvo
el viejo...
”–¿Qué viejo?
”–Mi padre.
”–¿Cómo, lo viste?
”–No. Vino de
Toulouse a ver a mi madre, sabiendo
que yo soy un artista ya conocido y
ofreciendo reparación tardía. La
vieja me dijo... ”Yo le pregunté: ‘Mamá, ¿qué le contestaste?’. Y me dijo que dependía de lo que yo le dijera. Que todo dependía de mi voluntad, no de la de ella. ‘¿Vos lo necesitás, mamá?’ Y me dijo que no lo necesitaba. ”Yo tampoco, no solamente no lo necesito. No lo quiero ver. ”Se llamaba Paul Lasserre. Con dos eses y dos eres....
”El hombre vino de
Toulouse, posiblemente para hacer
una reparación de hombre modesto.
Era un hombre de clase media, muy
correcto, parece. Un poco rústico,
hombre provinciano.”
En otra entrevista,
realizada en 1981 Guibourg repetiría
la misma versión, señalando que
Gardel, a manera de chiste, le
decía: “Te das cuenta, ¡qué
fenómeno! Me llamo Charles Romuald
Lasserre Gardes. ¡Qué te parece! Con
ese nombre puedo andar por el
mundo...”. Otras especulaciones que pretenden develar la identidad del padre del artista carecen de sostén documental y parecen más bien inspiradas en la fama que luego alcanzaría el gran cantor. Hasta el momento, la paternidad de Paul Lasserre parece ser la más probable, aunque se carezca de certezas absolutas al respecto.
La partida del hogar
A partir del
nacimiento de su hijo, Berthe
abandonó la casa de su abuelo donde
convivía con su familia. Aceptó
entonces el ofrecimiento de su amiga
de la infancia, Odalie Ducase de
Capot, de mudarse a la casa que
compartía con su esposo y su hijo,
Esteban Capot. Además, como Odalie
tenía un taller de modista y
arreglos de sombreros, Berthe se
incorporó como trabajadora. Esteban
Capot, nacido en Lot-et-Garonne,
Toulouse, el 23 de enero de 1882, ha
hecho un relato detallado de ese
momento:
“Cuando Madame Berthe
fue a vivir a mi casa, Charles
estaba a mi cuidado. Tenía él
entonces 3 días de vida. El cuidado
de Charles estaba a mi cargo
mientras Madame Berthe trabajaba en
el taller de modista que mi madre
había instalado en una habitación de
la casa [...] Yo he vivido una niñez
muy feliz cuidando a Charles en su
infancia. Me sentí muy triste el día
que mi madre me dijo:
”–Esteban, vístete
bien que iremos a despedir a Berthe
y a Charles.
”–¿Adónde van...?
”–Se van a Bourdeaux
–respondió mi madre... ”Mientras me vestía, sentía que un montón de lágrimas enjugaban mis ojos. Con esa angustia en el alma acompañé a mi madre a la estación del tren para despedir ella a su más grande amiga y yo, a mi hermanito menor. [...] Todavía me parece ver las manitas de Charles, tomadas por las manos de su madre tirando besos y saludando a la distancia. Cuando el tren había desaparecido en la curva tomando la vía a Bordeaux en mis ojos llorosos se fijó la imagen de Charles de tal manera, que hasta hoy nunca se pudo borrar de mis ojos.
“Cuando mi madre vio
que mi cara estaba mojada por las
lágrimas, tratando de consolarme, me
dijo mientras me besaba: Ya
pronto... muy pronto nosotros
también seguiremos el mismo camino y
nos reuniremos con ellos. En el
trayecto de regreso a casa, también
me hizo saber que ella y Berthe
habían resuelto cruzar el mar rumbo
a la República Argentina en busca de
prosperidad”. Así, después de algo más de dos años, Berthe decidió alejarse de Toulouse. Por un lado, porque su situación personal le impedía rehacer su vida, y por otro, a causa de la difícil coyuntura laboral por la que estaban atravesando. En esas circunstancias, Odalie le hizo llegar una carta que le había remitido una amiga común, Anaís Beaux, desde Buenos Aires. Le proponía viajar a esa ciudad, donde contaría con su apoyo y el de su esposo.
Rumbo a la Argentina Las causas que impulsaron a Berthe Gardes a viajar a la Argentina están ligadas, como dijimos, a la situación del contexto y a la suya en particular. Así, en relación con el primer aspecto, los flujos migratorios durante el siglo XIX llevaron a buena parte de la población de la región de Aquitania a trasladarse a este país.
Por ese entonces en
Francia el 42 por ciento de la
población trabajaba en la
agricultura y el 30 por ciento lo
hacía en la industria, pero el sur
tenía un desarrollo industrial mucho
más acotado. Su desarrollo agrario
era insuficiente y se produjo así
una gran presión sobre las ciudades
que, como Toulouse, no podían
absorber la población excedente. Las
industrias textiles o metalúrgicas
de la ciudad estaban en declive y
fueron sustituidas por la artesanía
y las pequeñas manufacturas; sólo
las fábricas nacionales (estatales)
ofrecían cierta estabilidad. La
riqueza estaba fuertemente
concentrada, en gran medida en las
antiguas familias de la nobleza, y
los niveles de pobreza eran
elevados.
En este marco, la
familia Gardes intentaría superar
esa situación emigrando hacia
América del Sur. Viajaron a
Venezuela en 1875 cuando Jean tenía
trece años y Berthe ocho. Según la
propia Berthe: “...nosotros
desembarcamos en Venezuela. La gente
era muy pobre. Mi madre no podía
trabajar en su oficio de hacer
sombreros, porque las mujeres de
aquel tiempo no los usaban, y por
eso nuestra permanencia allí no fue
larga y no tardamos en volver a
Francia”. En ese período nació su
hermanastro, Charles Carichou, el 11
de febrero de 1876. A esta estadía
se refiere Gardel en la carta que a
fines de abril de 1935 le remitió a
su madre desde Caracas, en la que le
decía: “Como vez [sic] te
escribo desde Venezuela el país que
voz [sic] conocés lo mismo
que tío Juan...”. Tras este fracaso,
la familia Gardes retornó a
Francia. La inmigración francesa a la Argentina, por otra parte, tendrá mejor suerte. A fines de 1880 los franceses ya constituían el diez por ciento de los inmigrantes arribados, y ocupaban el tercer lugar luego de italianos y españoles. En 1901 había 94 mil franceses en el país, cantidad sólo superada mundialmente por los 104 mil que habían emigrado a los Estados Unidos. En 1912, sobre 138 mil franceses en América del Sur, 100 mil se encontraban en la Argentina. Se concentraba en algunos barrios de la ciudad de Buenos Aires como el Socorro, alrededor de la plaza San Martín, el puerto y las estaciones, donde existían cafés, hoteles y restaurantes que los empleaban como cocineros y mucamos. En los prostíbulos creció la fama de las mujeres francesas, mientras que otras se empleaban de vendedoras, modistas o institutrices en familias de clase alta. Asociado a este fenómeno, las planchadoras eran muy requeridas, en especial en la zona cercana a los teatros. Allí se había instalado Anaís Beaux, la amiga de Berthe que le había asegurado que le encontraría ocupación.
Todos estos factores,
sumados a su situación personal,
terminaron por decidir el viaje de
Berthe. “Nunca supe comprender el
espíritu de mi mamá, y por eso quizá
nos sentíamos un poco extrañas
–recordaba-. Mis recuerdos de esa
época no son muy agradables... No
podía vivir junto a la incomprensión
de mi madre y decidí abandonar
Francia. Carlitos tenía algo más de
dos años de edad”. Hizo entonces los
trámites documentales y se embarcó
en el buque Dom Pedro el 12
de febrero de 1893, en el puerto de
Burdeos. Afortunadamente para Berthe y el pequeño Charles, ya en esa época el viaje se realizaba en buques de vapor y los imprecisos dos meses de travesía en los antiguos barcos a vela se habían reducido a casi la mitad, dependiendo de las paradas en Brasil y Uruguay. Seguramente viajaron en tercera clase o como pasajeros de proa, entre puentes, sin baños, con instalaciones sanitarias deficientes, comida mala y mareos, como la mayoría de los inmigrantes. Las camas tenían colchón de paja y un acolchado de lana, infestados de chinches, pulgas y piojos, dado que luego del arribo de los inmigrantes se embarcaba en ese mismo espacio, animales, lanas, cueros y cereales. El agua potable sólo se podía usar para beber y para cocinar pero no para el lavado y la limpieza. En contrapartida, los pasajes eran muy baratos. El 10 de marzo de 1893, después de casi un mes de travesía, los viajeros llegaron al puerto de Buenos Aires. El verano estaba terminando y el tiempo era batante agradable. Berthe ansiaba el encuentro con su amiga Anaís Beaux. Una nueva etapa de sus vidas estaba por comenzar.
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