Los restos de Gardel, repatriacion, reclamo uruguayo, etc

(Textos e imagenes extraidos de la Mesa Redonda Carlos Gardel, 7 de enero de 2004.)

Aporte: Jorge Muscia


Adjunto el texto del Libro de Defino

Armando Defino, La Verdad de una Vida - pag. 146-148

Aquí corresponde aclarar algunos de los párrafos transcritos precedentemente: Cuando llegamos a Medellín, después de ubicarnos en el hotel y cumplir con nuestra visita al cementerio, mi primera medida fue la de tomar contacto con Aguilar, pero fueron infructuosas las diligencias que hice en principio para dar con su paradero pues ni en el hotel ni en algunos comercios a los que acudí, supieron darme razón. Me orienté entonces y felizmente, por el lado de las oficinas de la Western Telegraph Union, suponiendo que desde allí se hubieran cambiado algunos telegramas. En estas oficinas no pudieron tampoco darme noticias del domicilio de Aguilar pero pusieron a mi disposición y a mi requerimiento la carpeta de archivo de los telegramas generales cursados en varios meses anteriores. La búsqueda dio resultado, pues encontré un telegrama que Razzano había dirigido a Aguilar, y no era el único, en que le manifestaba que las gestiones hechas para la repatriación de los restos de Carlos ante las autoridades uruguayas seguían un curso feliz y que Aguilar por su parte hiciera las pertinentes gestiones ante el gobierno colombiano. Debo prevenir que las relaciones entre Razzano y Aguilar, antes del desastre, no eran nada cordiales y se reanudaron a raíz del accidente. Ante la lectura de dichos telegramas pude extraer la dirección de Aguilar, tomé mis prevenciones. Seguramente Dios me había guiado y así evité caer en la trampa.

No di importancia a los trámites de Razzano, pues la repatriación de los restos de Carlos estaba supeditada a la decisión de la madre; no temía nada por ese lado, pero estaba prevenido y con este ánimo fui inmediatamente. a verlo, a Aguilar. Lo encontré; vivía en una pensión en compañía de su señora esposa que había hecho el viaje. para acompañarlo a su retorno a Buenos Aires. Lo primero que llamó nuestra atención, pues me acompañaba mi mujer, fue que en la cabecera de la cama pendía una bandera argentina (sabido es que Aguilar era uruguayo). Después de interesarme por la salud de Aguilar y de departir someramente sobre el accidente, le pregunté si estaba en correspondencia con la gente cle Buenos Aires, cosa que me negó rotundamente, a la vez que tuvo palabras airadas para lo que él creía una falta de atención a su. estado. Fue la primera mentira y me alertó sobre su posición futura.

Entre otras cosas, al requerirle si había resuelto su regreso a Buenos Aires, desde que esa era la finalidad del viaje de su señora, me contestó que no lo haría sino en nuestra compañía para que regresáramos juntos; que en cuanto a las intenciones de la comisión y la mía propia para conseguir la exhumación de los cadáveres de nuestros compatriotas, debíamos desecharlas de plano, pues bajo ningún concepto ello se resolvería favorablemente debido a las rígidas leyes de Colombia y a la poca simpatía que allí tenían por los argentinos. Esta aseveración provocó lana reacción de parte de mi señora quien le replicó que de ser así, por qué razón había colocado en su cama una bandera argentina, y que además nosotros no abandonaríamos Colombia hasta conseguir nuestro objetivo, y que posiblemente resolveríamos el viaje de doña Berta a Colombia, hasta dar término a nuestras gestiones.

La firmeza de nuestra decisión provocó un viraje en la manera de, pensar de Aguilar y nos orientó hacia el lado de sus amistades, que según él dominaban la situación política de Medellín y que eran los únicos que podían ayudarnos en nuestros objetivos. Al interesarme sobre su situación económica, contestó que era desastrosa, no obstante en ese preciso momento su señora abría un cajón de su mesita de noche buscando un papel, y del cual saltaron al aire una cantidad de dólares y billetes colombianos. No hice ningún comentario, y nos despedimos con !.a promesa de seguir sus consejos, pero decididos a buscar otra orientación. Me di cuenta que las redes estaban tendidas y que debía buscar otro camino. Tenía que jugar con las mismas cartas de Aguilar y los suyos.

En Bogotá, donde había quedado radicado el sumario en manos del juez territorial y que tiene jurisdicción en todo el país, se renovaron para mí todas las facilidades. Nle mostraron los gruesos legajos que formaban los expedientes y me permitieron revisarlos prolijamente, comprobando así la meticulosidad de la marcha del proceso. Declararon alrededor de cien testigos y para mayor ilustración se habían confeccionado planos enormes, en los que se había señalado la ubicación de cada uno de los declarantes para poder abrir juicio. Aunque la prueba sumarial no se había terminado, tuve la certeza que de allí saldría la única verdad sobre el trágico accidente. Con esa certeza, mis conversaciones con muchos testigos presenciales, entre ellos los empleados de la compañía SCADTA, llegué al convencimiento de que eran inexactas las afirmaciones de que el piloto del avión en que viajaba Carlitos y sus acompañantes no estaba en estado normal, y que hubo también quien vio a los ocupantes tratando de romper los vidrios para escapar del fuego. Otra es la verdad de ese drama, que aún tiene en mi corazón relieves de reciente tragedia. Este drama debe merecer en todos los círculos el respeto humano hacia los seres desaparecidos y hacia ese otro ser humilde y resignado que vivió en el marco íntimo de su recuerdo y que todos los días levantaba a Dios sus ojos humedecidos, rogando por el eterno descanso del alma de su hijo.

Una nota aparecida en La Cancion Moderna el 8 de julio de 1935.

El titulo:  "Yo quiero que los restos de Carlos descansen en su patria: La Argentina"


"Yo quiero que los restos de Carlos descansen en su patria: La Argentina" Parte 2


"Yo quiero que los restos de Carlos descansen en su patria: La Argentina" Parte 3

Atencion al epigrafe en el que se menciona precisamente el tema de la disputa por los restos. Segun tengo entendido, ademas de Uruguay y Argentina tambien los Estados Unidos reclamaban los restos...


Reproduccion del telegrama que Berta le envia a Defino.


La Revista Cancionera de Uruguay del 19 de febrero de 1936.

Divido la nota en varias partes para que se lea mejor. La nota explica lo que se ve en el montaje fotografico de la tapa. Tambien adjunto un par de avisos que promocionaban Fotos Silva y una coleccion "Seleccion Gardel".


Nota de primer pagina Revista Cancionera 19 de febrero de 1936.


Nota de primer pagina Revista Cancionera 19 de febrero de 1936.



Nota de  pagina central Revista Cancionera 19 de febrero de 1936.


Promo  aparecida en la Revista Cancionera 19 de febrero de 1936.

Promo  aparecida en la Revista Cancionera 19 de febrero de 1936.

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