Chaplin dijo: “Conocí al
gran cantante en Niza hace cuatro años, en marzo de 1931. Un amigo en común nos
presentó en el “Palais
de la Mediterranée” de la Costa Azul. Esa noche había muchos rioplatenses y
se reunieron allí porque debutaba el director de oquesta Julio De Caro. En una
reunión íntima que provocamos en un rinconcito, con gente amiga, Gardel comenzó
a cantar y me impactó hondamente. Tenía un don superior al de su voz y a su
figura, tenía una enorme simpatía personal que le hacía ganar de inmediato el
afecto de todos. Incluso a mí, y recuerdo perfectamente bien que nos
sorprendieron las primeras luces de la madrugada en esa noche de alegría que
jamás se repetiría... Para entonces --evocó Chaplin-- según me habían informado,
Gardel era una gran figura en Sudamérica. Quise conocer qué opinaban de mí en
aquellos países y se lo pregunté con verdadero interés. Gardel contestó con esa
rapidez que era tan suya y característica: “¿Qué dicen...? Vos te metiste a los
criollos en el bolsillo...”
Chaplin no entendió bien
y se lo hizo traducir al francés: “Por cierto que la frase me gustó mucho”, dijo
al comprender su significado. “Luego pronostiqué a Gardel un triunfo categórico
y le aconsejé que se dedicara al cine. Me informó que había hecho alguna
tentativa y que no estaba satisfecho de los resultados que su figura había
producido en la pantalla. Pero me dijo que intentaría de nuevo, y agregó: “Tengo
una proposición de la Paramount para filmar cerca de París, en Joinville, y
probaré otra vez. Después me enteré que tuvo éxito en esa primera producción
seria en cine. No me había equivocado cuando le auguré éxito.
Después Gardel llegò a
Estados Unidos, vino a verme y fue mi huésped, lo que me dio la oportunidad de
escuchar sus canciones. Y charlamos bastante, pero en lugar de usar el francés,
como en Niza, lo hicimos en inglés, que Gardel estudiaba a tambor batiente con
un profesor permanente, llamado Plaja. Además le insinué que cuidara los
argumentos de las películas y que mantuviera siempre esa línea de galán
cantante, que le depararía hermosos triunfos”.
Regina le preguntó a
Chaplin si había visto sus últimas películas y respondió: “Todas las estrenadas,
en las que Gardel, que tenía extraordinaria capacidad de adaptación, iba
mejorando en forma tan evidente. Estoy seguro que no hubiera tardado mucho en
ser otro José Mojica, ya que tenía sobre él la ventaja de dar un tipo más
latino, más hondamente sentimental, que tanto gusta a las mujeres. Días antes de
partir nos encontramos y estuvimos juntos un rato. Ya hablaba inglés y me dio
cuenta de la gira por América que iba a iniciar, idea que aplaudí. Me confesó
que pensaba retornar a Buenos Aires por algún tiempo. Adoraba a sus amigos de
allá y a su público, que era, al fin, el que lo había destacado...”
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Gardel
con Chaplin en la villa Oiseau Bleu Ciniez. Niza,
de
1931. Al
fondo esta parado el actor Cesar Romero. |
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Carlos
Gardel con Sadie Wakefield (izquierda) y Charles Chaplin (redecha) in Niza,
abril de 1931. |