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TANGO: VIGENCIA Y CREPÜSCULO”
El prólogo del libro que estará en  las librerias en el último trimestre de este año (2007).
 

Autor: Juan Carlos Esteban

 


 

Introducción

1.      Estos breves trabajos abarcan varios temas relativos a nuestra música popular, a su máximo exponente y, por último distintos artículos, publicados en diversos medios que tienen que ver con aspectos de nuestra historia cultural y que han cumplido con largueza el medio siglo.

2.      “TANGO: VIGENCIA Y CREPÜSCULO”  que dá título a estos trabajos es una interpretación sociológica sobre lo que representó el Tango y  Gardel como exponente de una sociedad Argentina en plena formación. También se pone de manifiesto el contenido ético que discurre en el tango y su temática.

       La ética, en efecto, no es un tema menor. La sociedad actual esta empeñada en rescatar ese valor.

       Empalideció en tantos años de populismo gris y disolvente. Muchos valores abandonaron a nuestra cultura y eticidad. Se confundieron los códigos y se adueñó de nuestras vidas un Estado e instituciones de indisimulado accionar facioso.

3.      A continuación, y para dar término a un tema que consumió gran parte del período postgardeliano, aparece una síntesis de su origen francés. No es una cuestión baladí, en tanto rescato en él, gran parte del fenómeno inmigratorio, que puso su sello a la Argentina aluvial y cuánto contribuyo Gardel y los flujos migratorios en la formación de la sociedad fundacional.

       Encaré la investigación siempre con el objeto de rescatar, en qué medida aportaron las corrientes del ultramar a la constitución del Ser argentino y la fascinante integración de esos componentes – caso Gardel – a nuestra idiosincrasia y nuestra personalidad como país.

       Por lo tanto el examen acerca del lugar de nacimiento de Gardel tiene sentido si pasa por exaltar en él, a los miles de residentes, que desde su impronta de otras geografías se fundieron y contribuyeron, decisivamente a modelar una personalidad distintiva.

4.      El pensamiento nacionalista, pero más su exageración cenófoba, quisieron hacer de Gardel un producto rural y autóctono desde su origen, sin comprender que esa fiebre exacerbada de patria que envolvió a los jóvenes inmigrantes y a sus hijos argentinos se manifestó, superlativamente en la totalidad de  su trayectoria artística.

             Gardel fue uno de ellos y su criollismo era el de todos.

       La búsqueda de identidad propia de las distintas generaciones que compusieron nuestra sociedad; el poderoso impulso existencial inquiriendo quiénes somos y reclamando para si una identidad propia, estaba férreamente arraigado en nuestra conciencia de “exiliados”. Eramos portadores del “mal metafísico” en nuestro inconsciente colectivo.

       Esas vivencias de la búsqueda inicial de nuestro origen, se fue atemperando y hoy ha desaparecido. Esta resuelto.

       Pero a principios del siglo XX se acentuaba la condición “criolla” en afán de mantenernos bien diferenciados de la conducta del inmigrante no asimilado.

       Gardel mismo tenía a flor de labio su orgullo criollo y tanto fue su esfuerzo raigal, su aferrarse a la tierra de adopción que sus comienzos, curiosamente, están ligados al folklore campero que nunca abandonó del todo.

       Nada autoriza, no obstante, a confundir su acendrado espíritu rioplatense, con la circunstancia de su nacimiento. Al contrario, su origen y su condición infantil de desarraigo inicial hicieron de él, como tantos expatriados, un tenaz arquitecto de su nueva identidad.

       Y fué un hombre de la ciudad que lo vio crecer. Su criollismo estaba emparentado, en su niñez, con la ciudad-puerto de un inmenso reservorio agropecuario que todavía dictaba la influencia rural, hasta en su música, pero que el tango urbano comenzaba a desalojar.

       Sin duda Gardel era, inequívocamente, un producto urbano sin rastros de “sitios rurales”, que comenzó a frecuentar recién, a partir de su primer gira provincial en 1913.

       Buenos Aires estaba en plena elaboración de su expresión musical que, al comienzo incluía algunos giros y expresiones indisimuladamente gauchesca – tango criollo – que alternaban con el vocabulario lunfardo que se inventaba apresuradamente el hombre porteño.

       Su primer etapa se corresponde con un país rural que comenzaba un lento proceso de industrialización. Gardel expresó esa transición que iba a diferenciar a la ciudad del campo. Es verdad que le cantó al medio rural pero, desde su condición urbana y con un acento inconfundiblemente porteño.

5.      En el caso uruguayo se expresa exageradamente el sentido de pertenencia del cantor hasta elevarlo a lo patético, porque la formación de Uruguay como nación fue mucho más contemporánea. Ocurrió como un desgarramiento apresurado de un tronco común, muchos de cuyos componentes, compartimos y aún compartiremos.

              La formación de la nacionalidad propia en Uruguay – voluntad absolutamente legítima – debe encontrar sus propios límites, sin caer en lo grotesco. Compartir la misma cultura, no los autoriza a apropiarse afanosamente de los espacios comunes, cuyos orígenes son inexcindibles. 

       Sin embargo fuimos llevados a una controversia no deseada, pero no por eso menos trascendentes porque, en ciertos sectores, se puso en juego, nó el origen de un artista sino que, subrepticiamente, intentaban acaparar con Gardel, todo un patrimonio compartido y aún más, se estaba exacerbando un malsano sentimiento antagónico y chauvinista.

       Y no es cosa menor, porque de no ponerle coto sabemos muy bien dónde puede conducir el nacionalismo llevado a sus extremos.

       En la base de la controversia anida un espíritu de diferenciación, -genuino cuando se trata de exaltar ciertas particularidades regionales-, pero pernicioso cuando la exageración lleva a antagonismos irreconciliables.

6.      Uruguay tanto como la Argentina se enfrentan a un dilema. Dejaron de ser países viables en el sentido macroeconómico del término. Se impone repensar nuestra soberanía en términos de grandes espacios políticos y económicos; – MERCOSUR o como se quiera llamar – y allí tendremos que tributar o resignar parte de lo que, hasta hoy, consideramos intransferible.

       La comunidad europea es un ejemplo. Particularmente Francia y Alemania, desgarrados por lo que Borges, con su lucidez habitual, caracterizó como una verdadera Guerra Civil.

       Sin embargo, tras un doloroso derrotero de muerte y atraso, comprendieron que las escalas macroeconómicas ya no transitaban los mismos parámetros estadísticos que, en el pasado, los ufanaba de orgullo nacional independiente.

       Nuestra América del sur fue víctima de una “balcanización” que hoy se muestra en toda su insuficiencia. En el siglo XIX las Provincias del Río de la Plata tuvieron que resignar, tributos, gavelas, moneda, ejércitos, justicia y además símbolos diferenciales, en pos de un nuevo esquema de país, compatible con la economía y la política global de aquel entonces. Hoy nos llegó la hora, nuevamente, de repensar en grande ese viejo sueño sudamericano.

       Las escalas económicas vuelven a dictar su lógica de hierro. No hay costo, del Estado, que puedan soportar una economía sin escala, frente a los nuevos espacios que se abren, particularmente en el Asia.

       La unidad, la integración, la reasignación de ciertos recursos industriales, la incorporación de otros más sofisticados, tendrán que ser revisados a la luz de una nueva realidad. Tal como se nos planteó al comienzo de nuestra Organización Nacional como Argentina moderna.

       A modo de ejemplo ¿es compatible un Uruguay, con la misma población que el Santa Fé industrial, (Provincia Argentina) pero con un sobrecosto de Administración, para sostener sus fuerzas armados o su cuerpo diplomático?

       ¿Cómo sobrellevar un costo de producción automotriz, si la industria Argentina, apenas produce el 20% de lo que sale de las líneas de producción de las terminales brasileras?

       Tendremos que especializarnos en proveer de robótica, electrónica, máquina-herramienta especializada e ingeniería de alta complejidad, a cambio de reasignar componentes de producción masiva. Debemos movernos hacia la parte alta en la cadena de valor.

       No es propósito de este ensayo proponer un nuevo esquema geopolítico.

       Simplemente ejemplificamos lo torpe y dañino de alimentar ciertos nacionalismos frente a un mundo que disputa cuánto debe ceder y cuanto recibirá en un nuevo damero internacional.

7.      En ese contexto integrador las posiciones que se sostienen, en la vecina orilla sobre el nacimiento de Gardel se enmarcan en ese concepto ya perimido del patrimonio cultural exclusivo y excluyente.

       Nosotros entramos en la discusión de ese diferendo con el ánimo más amplio de documentar los orígenes ciertos de Carlos Gardel, para compartirlo, y, en ese cometido, nos hemos dirigido y apelado a las Autoridades Nacionales de Uruguay.

       Los lectores encontrarán las solicitudes cursadas al Presidente Jorge Batlle al Dr. Tabaré Vazquez al Parlamento Oriental etc., aún sin resultados positivos.

8.      Finalmente en la síntesis biográfica van a encontrar el desarrollo pormenorizado de la verdadera naturaleza del Registro de Nacionalidad uruguaya del 8 de octubre de 1920; su carácter precario de corta vigencia, de uso interno Consular, y sujeto a comprobación previa de veracidad, ante el Registro Civil de nacimiento..

       Esta comprobación que surge del análisis escrupuloso del articulado de la ley 3028/30 de 1906 pone el broche final a una filiación que no fué y que termina por devaluar todo el andamiaje levantado a favor de su origen oriental.

9.      Por último nos adentramos en un tema polémico, que dá Título a este trabajo acerca de la vigencia del tango tradicional que a mi juicio generó una falsa disput.a:

10.  ¿Representa a la Argentina moderna o fue la expresión histórica de una sociedad que ya mudó su mensaje de vida y lo incorporó, con todos sus pergaminos, a un sitial de privilegio, en el historial de nuestra cultura?.

       Por lo pronto es un dato de la realidad que su creación poética y musical tanto como sus intérpretes actuales están detenidos y repiten “arreglos” de un añejo repertorio, sin conseguir despertar el entusiasmo popular de antaño y el alma en reposo de una sociedad que ya no existe y, otra, que no termina de nacer…

       Porque tampoco hemos podido afianzar  un proceso de transformación de las estructuras materiales en la sociedad, cuyo curso cultural, en todos los ordenes, también refleja ese estancamiento, a través de la subcultura del ruido y el aturdimiento.

       La bateria le marca el ritmo a los adherentes enfervorizados y embriagados de un lenguaje gestual, vecino a las danzas tribales.

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Last update: September 22, 2007

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