Libros/
Biografías
Lo que nadie dijo
La Revista adelanta
una monumental biografía
de Carlos Gardel, un
libro de más de mil
páginas editado por
Alfaguara que revela
aspectos polémico y
desconocidos de uno de
los más grandes mitos
populares argentinos
Gardel, la biografía, el
libro del que la Revista
adelanta algunos pasajes
y que publica este mes
la editorial Alfaguara,
tiene más de mil páginas
y es producto de la
minuciosa investigación
que durante veinte años
Osvaldo y Julián Barksy,
padre e hijo, hicieron
sobre Carlos Gardel,
cuya vida, tal como ha
llegado hasta nuestros
días, es una maraña de
rumores no confirmados y
chismes por confirmar.
Julio
Barsky nació en 1972 y
es docente de música en
organismos privados. Su
padre, Osvaldo, nacido
en 1943, es Magister
Scientae en Sociología e
investigador del
Conicet. Gardel, la
biografía echa luz sobre
las zonas oscuras de uno
de los más grandes mitos
populares argentinos.
Según
este libro, Charles
Romuald Gardes nació en
diciembre de 1890 –hijo
de padre desconocido y
de Berthe Gardes– en
Toulouse, Francia.
Debido al repudio
familiar por ser madre
soltera, Berthe se fue
de la casa de su abuelo
a la de una amiga y, dos
años más tarde, gracias
a la ayuda ofrecida por
una mujer llamada Anaís
Beaux que ya vivía aquí,
viajó a Buenos Aires con
el pequeño Charles. Así,
paso a paso, el libro
documenta la vida entera
del cantante, desde su
partida de nacimiento en
Francia hasta el momento
de su muerte, en
Medellín.
A
través de testimonios y
documentación rigurosa,
se revelan datos
desconocidos del
cantante, que aparece
aquí en toda su
dimensión humana: como
un muchacho callejero
que podía desaparecer
días enteros de su casa
matando de preocupación
a su madre, como un
joven amante de la
juerga, como un señor
preocupado por
adelgazar, como alguien
con mucha habilidad para
rodearse de
colaboradores
eficientes, como eximio
cantante y como
aficionado a los amores,
intensos pero fugaces,
con mujeres conocidas y
no tanto. Un mito vivo,
sin la asfixia del
bronce.
A
continuación, algunos
fragmentos de esta
biografía.
INFANCIA
El pequeño Charles
En
marzo de 1890, cuando
Berthe tenía
veinticuatro años,
descubrió que estaba
embarazada. Este hecho
cambiará decisivamente
su vida, porque no
logrará obtener el
reconocimiento de su
pareja de la futura
paternidad. El 10 de
diciembre, al iniciar el
trabajo de parto, debió
cruzar el río Garona por
el antiguo puente de la
ciudad hasta la ribera
oeste, donde se
encontraba el hospital
Saint Joseph de la
Grave. En ese mismo
establecimiento, fundado
en 1647, habían nacido
varias generaciones de
Gardes.
En
cuanto al origen del
nombre, hay indicios de
que Berthe lo eligió en
homenaje a su
hermanastro, Charles
Carichou (Gardes), quien
se encontraba enrolado
en un cuerpo
expedicionario del
ejército francés en
Indochina. Pocos días
después, Berthe y el
pequeño Charles
abandonaron el hospital.
Y como el niño debía ser
formalmente reconocido,
ya que no bastaba el
simple asentamiento del
nacimiento, el 22 de
diciembre, ante las
autoridades
correspondientes, se
levantó la siguiente
acta, que figura con el
número 280 y que,
traducida, dice:
"A los
veintidós días del mes
de diciembre del año mil
ochocientos noventa a
las cuatro horas de la
tarde ante el delegado
del Alcalde de Toulouse
ante el Estado Civil, ha
comparecido María Berthe
Gardes, planchadora,
nacida en Toulouse el
catorce de junio de mil
ochocientos sesenta y
cinco y domiciliada en
rue D’Arcole 4, la que
ha declarado formalmente
su conformidad a la ley
de reconocer a su hijo
natural Charles Romuald
Gardes, nacido en
Toulouse el once de
diciembre de mil
ochocientos noventa,
inscripto en el Estado
Civil el mismo día, hijo
de padre desconocido y
de Berthe Gardes.
Testigos domiciliados en
Toulouse: Charles
Espinaue, de (ilegible)
años, domiciliado en
(ilegible); Henri
Laurans, de cuarenta
años, domiciliado en
(ilegible), no
emparentados,
previamente leído firman
de conformidad."
La
madre asumía así
plenamente a su hijo,
pero quedaba asentado el
estigma que ambos
guardarían como un gran
secreto durante más de
cuatro décadas: "Hijo de
padre desconocido".
El
padre biológico
¿Quién
era el padre de Charles
Romuald? ¿Por qué
motivos no lo reconoció,
obligando a Berthe a
inscribirlo como hijo
natural, con su
apellido? Hasta el final
de su vida ella dejará
este tema sin dilucidar,
intentando defender su
carácter de viuda, con
el propósito de ocultar
la falta de paternidad
legal de su
descendiente.
Seguramente, la
información más
significativa al
respecto es la
proporcionada por el
periodista Edmundo
Guibourg, de reconocida
solvencia intelectual y
amigo de Gardel desde
pequeño, quien,
entrevistado por Carlos
Achával para la revista
Flash en 1985, señaló:
"Ahora
le voy a relatar una
cosa que me contó él
(Gardel). Seguramente
estaba cerca de los 30
años. Un día me dice:
"Te
voy a contar una cosa
que no te conté nunca.
Estuvo el viejo...
"–¿Qué
viejo?
"–Mi
padre.
"–¿Cómo?, ¿lo viste?
"–No.
Vino de Toulouse a ver a
mi madre, sabiendo que
yo soy un artista ya
conocido y ofreciendo
reparación tardía. La
vieja me dijo...
"Yo le
pregunté: «Mamá, ¿qué le
contestaste?» Y me dijo
que dependía de lo que
yo le dijera. Que todo
dependía de mi voluntad,
no de la de ella. «¿Vos
lo necesitás, mamá?», y
me dijo que no lo
necesitaba.
"Yo
tampoco, no solamente no
lo necesito. No lo
quiero ver.
"Se
llamaba Paul Lasserre.
Con dos eses y dos
eres...
"El
hombre vino de Toulouse,
posiblemente para hacer
una reparación de hombre
modesto. Era un hombre
de clase media, muy
correcto, parece. Un
poco rústico, hombre
provinciano."
En
otra entrevista,
Guibourg repetiría la
misma versión, señalando
que Gardel, a manera de
chiste, le decía: "Te
das cuenta, ¡qué
fenómeno! Me llamo
Charles Romuald Lasserre
Gardes. ¡Qué te parece!
Con ese nombre puedo
andar por el mundo..."
JUVENTUD
Por la línea delgada
de la vida
A
principios del siglo XX,
la transición de la
infancia a la juventud
era acelerada.
En el
caso de Carlos Gardes,
las intensas vivencias
de la calle, donde
transcurría una parte
importante de sus días
y, por qué no, de sus
noches, aceleraron su
precocidad.
Simbólicamente, un hecho
que nos permite tomar el
año de 1904 como el fin
de su infancia es el
ocurrido el 11 de
septiembre, cuando es
detenido en la localidad
de Florencio Varela,
cerca de la ciudad de
Buenos Aires, a raíz de
una denuncia de su madre
por abandono del hogar.
En la Oficina Central de
Identificación de La
Plata, capital de la
provincia de Buenos
Aires, se registra una
ficha policial que
señala: Nombre y
apellido del detenido:
Carlos Gardez (sic).
Nombre de su madre:
Berta. Nacionalidad del
detenido: Francés. Lugar
de Nacimiento: Tolosa.
Edad: 14 años.
Profesión: Tipógrafo.
Sabe leer: Sí.
Procedencia: Florencio
Varela. Domicilio:
Uruguay 162. Es
extranjero. Su
residencia: 13 años y 6
meses.
Aunque
el muchacho estira un
poco su edad, porque
recién en diciembre
cumpliría los catorce
años que declara, el
documento es
significativo porque
revela que Carlos se
hallaba en plena
rebeldía adolescente,
tanto en relación con su
entorno familiar como
frente a las
obligaciones escolares,
ya que su madre debe
haber concretado la
denuncia tras una
desaparición de varios
días.
Por
otra parte, Florencio
Varela era famosa por
sus peringundines y
casas de tolerancia, lo
cual lo muestra
crecientemente vinculado
a los ambientes donde se
refugiaba parte de la
música criolla y se
expandían el tango y la
milonga; quizá como
incipiente artista, o
tal vez meramente
atraído por el ambiente
prostibulario, aunque
datos posteriores
parecen afirmar la
primera presunción. La
calle era un imán
permanente para el
muchacho. Berta recuerda
que a los catorce años
"Una tarde salió de casa
y no volvió. Lo busqué
como loca por todo
Buenos Aires, pero no lo
encontré... Viví unos
días muy tristes y casi
no podía trabajar. Por
la tarde, al terminar mi
tarea, salía a recorrer
las calles, pero todo
era inútil. En una de
mis diarias búsquedas,
frente a una casa donde
había una mudanza vi a
un gran carro, y sentado
en el pescante estaba mi
Carlitos, con un aspecto
impresionante. Le habían
puesto un traje de
hombre con pantalones
largos, a él, que era
muy menudito. Las mangas
del saco se las había
dado vuelta hasta el
codo. «¡Carlitos! –le
dije–. ¿qué estás
haciendo?» Y el
pobrecito me contestó
que estaba trabajando:
¿No ves –me dijo– que
estoy cuidando este
carro? Mirá, ¡hasta me
han puesto un traje
nuevo! Lo llevé a casa,
lo cambié de ropa y me
parecía un sueño volver
a tenerlo entre mis
brazos. Pero a los pocos
días, esa fiebre de
inquietud que llevaba en
el pecho volvía a
separarlo de mí".
Con la
llegada de fin de año,
concluía también para
Carlos la etapa de la
escolaridad y no mucho
después, como símbolo de
su pubertad, lucía los
primeros pantalones
largos. En 1904, además,
doña Berta y su hijo se
mudan a la calle
Corrientes 1553, a pocas
cuadras del domicilio
anterior, pero en la
cercanía inmediata a
varios de los
principales teatros de
Buenos Aires.
En
adelante, Carlos tendría
que lograr por lo menos,
cubrir sus gastos, ya
que es posible que aún
no se planteara aportar
al mantenimiento de la
casa. En esta
perspectiva, estará
tironeado por dos
alternativas. Por un
lado, tenía la
capacitación adquirida
en la escuela, en
oficios como
encuadernador, trabajos
de imprenta, de herrería
y zapatería, que no
podía ser menospreciada
en una época en la que
pocos miembros de los
sectores populares
terminaban el ciclo
educativo.
Por
otra parte, sus innatas
condiciones de cantor,
evidenciadas desde niño,
y su amor por la música
lo impulsaban a tomar
por otro sendero. Doña
Berta más adelante
recordará: "Yo soñaba
que mi hijo sería
médico... ¡Si hubiese
podido hacerle cumplir
ese sueño mío! Pero él
siempre decía que quería
ser un cantor. Y eso, en
aquel tiempo, me daba
miedo". Y tenía toda la
razón. En aquella época
los ambientes que Carlos
frecuentaba podían
llevarlo al delito, a
convertirse en un rufián
o canfinflero, como se
denominaba a quienes
explotaban a las
prostitutas, y como, con
notable exageración y
sin prueba alguna, han
querido describirlo
algunos autores en
función de un intento
extremista por
desmitificarlo,
inventando a su vez
nuevos mitos; en esta
versión, negativos. Pero
el futuro artista, aun
deslizándose por esa
delgada línea, no se
inclinó hacia esas
actividades delictivas.
AMORIOS
Loretta Darthés, la
equilibrista
Muchos
romances se le
atribuirán al cantor a
lo largo de los años,
tanto con mujeres
famosas –Azucena
Maizani, Trini Ramos,
Olinda Bozán, Juanita
Larrauri– como con otras
ajenas al mundo del
espectáculo, como las
montevideanas Elena
Fernández y Elisa
Montero, Andrea Morand y
la bailarina Alicia
Cocía. La mayoría de
estos supuestos idilios
no fueron más que un
producto de la fantasía
popular, o el intento
comercial de fomentar un
escándalo rimbombante.
Sin
embargo, una candidata
firme a haber sostenido
un affaire con el cantor
fue Peregrina Otero,
alias "Loretta Darthés",
oriunda de Portugal.
Habiendo llegado a la
Argentina hacia 1911,
fue equilibrista y
trapecista en el circo
del ya decadente Frank
Brown, período en que
adoptó su seudónimo. Con
el tiempo, la joven
adquirió una pequeña
fama y se relacionó con
algunos personajes del
ambiente, como Barry
Norton –con quien
también adujo haber
tenido una relación–,
Vicente Greco, Ignacio
Corsini y otros. Gardel
la conoció en los
tiempos del circo, en
cierta ocasión en que él
y Razzano fueron a
presenciar el
espectáculo. Acercándose
a su amigo, Gardel le
habría comentado en tono
pícaro:
–Che,
¡qué espectáculo divino!
Pero te quiero decir,
¿sabés cómo me gusta esa
piba? Tenés que hacer
algo para presentármela.
Razzano, ni corto ni
perezoso, se dirige
hacia los camarines,
seguido por Gardel. Una
vez en el camarín
comienza a distraer al
director del circo
mientras la joven, de
veintitrés años por
entonces, le regalaba
una de sus cintas a
Gardel.
Según
la versión de "Loretta",
la relación entre ambos
se hará más regular un
tiempo después, cuando
los artistas se crucen
en los pasillos de Radio
Belgrano, hacia fines de
la década del 20, con
furtivas huidas a
Montevideo los fines de
semana. "Un día me
convertí en su mina...
así como lo oyen."
Horacio Pettorossi
–guitarrista de Carlos
por entonces–, Blas
Buchieri, Raquel Notar y
Julián Centeya habrían
estado al tanto de esa
relación.
Por
entonces Gardel aún se
hallaba oficialmente
comprometido con Isabel
del Valle, pero
"Loretta" opinaba que
"ella era sólo la
noviecita... yo era la
mina".
Años
después de la muerte del
cantor, la artista
proporcionará abundantes
detalles hasta de sus
relaciones sexuales,
desde la primera vez en
la suite de un hotel
donde Carlos paraba. Un
lugar para las escapadas
de la pareja habría sido
la casa quinta de un
amigo de Gardel de
apellido Bonetti,
empleado de la firma
Pedemonte.
"Allí
nadie nos molestaba y la
pasábamos bárbaro. (...)
Con guindado y naranjada
Carlos y yo nos
pasábamos la noche como
dos tortolitos." Según
ella, Gardel habría ido
dos veces a su encuentro
"con un cura y dos
testigos para casarnos",
pero el matrimonio no se
habría concretado porque
ella "lo amaba demasiado
como para cortarle una
carrera tan brillante e
intachable. La
admiración que Carlos
despertaba en las
mujeres quizá se vería
amputada con un
matrimonio. Lo nuestro
era tan maravilloso que
yo estaba dispuesta a
esperar".
Para saber más
http://locual.com/D/Idioma/Español/Artes/
Música/Bandas_y_artistas/G/Gardel,_Carlos/
www.gardelweb.com
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