-No se preocupe por eso; lo diremos en voz baja; calladito,
calladito.
-Bueno; si es así, sí -nos concedió- les autorizo a
que lo digan.
-Entonces explíquenos ¿por qué practica ese hobby?
-¡La cosa es que no lo sé! Todo el mundo pone sus
dedicatorias con la mano que utiliza corrientemente para escribir.
Hace tiempo, se me ocurrió que, para las personas de nuestro
mayor afecto, había que hacer alguna distinción, y decidí lo de
escribirles las dedicatorias con la mano izquierda. ¡Si yo no sé
hacer nada con la mano izquierda! Pero, ya firme en el propósito,
me puse a hacer gimnasia constantemente, pluma en mano, y llegué
a adquirir cierta velocidad y una letra aceptable. Ya escribo lo
mismo con una mano que con otra. Pero siempre hago con la
izquierda las cosas en que pongo más interés. Quizás sea porque
es la mano del lado del corazón...
-¿Y consigue la misma letra con una mano que con la otra?
-No; es bastante diferente. Y, gracias a eso, me han
ocurrido a veces cosas muy graciosas. He dedicado algún retrato,
poniendo en la dedicatoria todo mi interés y el afecto que supone
hacerlo a zurdas... y la interesada ha venido luego a protestar
diciendo que el retrato no se lo había dedicado yo, sino
cualquier otra persona; '¡Esa no es tu letra!', me han reprochado
más de una vez, quienes conocen mi modo de escribir normal.
-¿Y usted les ha explicado el truco?
-No, nunca. Lo sabe poquísima gente, casi nadie. Por eso
les ruego que lo digan muy bajito, para que no corra la voz. Además,
a eso de escribir con la mano izquierda le atribuyo otras
cualidades que la de expresar afecto hondo y cariño sincero.
-¿Cuáles son?
-Varias. Pero, por ejemplo, la de la buena suerte. Yo
creo que lo que escribo con esa mano tiene un poder especial de
sugestión. Y cuando tengo interés en que el pedido que yo hago
en una carta me salga a medida de mis deseos, la escribo con la
mano izquierda. ¡Y si viera cómo generalmente me sale bien!
-¿Es posible?
-Se lo aseguro. ¡Cuántas cartas he escrito así, sin
que las personas a quienes iban dirigidas lo supieran! Estoy
seguro de que las letras escritas con la mano izquierda tienen un
poder de sugestión que aprisiona a la persona a quien va dirigida
y la traen a nosotros.
-¿Usted escribe a mano o a máquina?
-Indistintamente. Y cuando es a máquina, me guardo la
mano izquierda en el bolsillo del pantalón, y sólo utilizo la
derecha.
-Después de que publiquemos estas declaraciones de usted, le
van a pedir muchos autógrafos hechos con la mano izquierda -le
decimos con acento insinuante.
-¡Me es igual! -responde rápidamente- Y digan también
que jamás, ¡pero jamás! escribo nada delante de nadie. Siempre
que tengo que utilizar la mano izquierda me encierro yo solito y
no permito que otros ojos que los míos vean la manera que tengo
de colocar el papel, la pluma, etc. ¡Es un secreto!"