AHORA, que parece que el tango está despertando del letargo en que estaba sumido y renace la esperanza de que vuelva a ser la canción de Buenos Aires, ocupando el lugar en que lo habían colocado grandes figuras del género, es necesario que las autoridades competentes reglamenten en forma conveniente la actuación de artistas extranjeros y la ejecución de músicas foráneas, ya que en este país, contrariamente a lo que ocurre en la mayoría de las otras naciones, se burla la ley que protege al artista y a la música nacional. Citemos, como ejemplo, el caso de Estados Unidos. Varios artistas de nuestro medio que han viajado a ese país, tuvieron que volver sin haber podido actuar, debido a las rigurosas reglamentacioses de trabajo allí existentes. Y, para ilustrar lo que decimos, nada mejor: que relatar las peripecias que tuvieron que pasar —en el año 1935— los guitarristas de Carlos Gardel para entrar a Nueva York. A causa de una varadura que sufrió el vapor "Panamérica" —que había partido del puerto de Buenos Aires el sábado 12 de enero de 1935— a poco de llegar a Nueva York, el pasaje fue desembarcado en lanchas, con la sola excepción de Barbieri, Riverol y Aguilar, quienes quedaron varias horas a bordo sin saber realmente el por qué y sin encontrar quién les diera una explicación, ya que entre la tripulación no conocían a nadie que hablara el castellano. Estuvieron, como dijimos, varias horas a
bordo hasta que vieron llegar un remolcador en el que llegaron numerosas
personas y fotógrafos. El buen humor ele Barbieri les hizo creer en un
recibimiento
Luego de hacerles descender al remolcador, un funcionario se dio conocer como policía y les comunicó que estaban detenidos. Es de imaginar las protestas que hicieron oír Ios guitarristas. Todo fue en vano, porque estuvieron alojados en celdas hasta las 8 de la mañana siguiente, en que fueron interrogados ante las protestas del manager de Gardel. (El zorzal criollo, a todo esto, se encontraba filmando las últimas escenas de "Tango Bar", por lo que no podía abandonar los estudios filmadores.) Recién cuando comenzaron las preguntas,
Ios guitarristas se dieron cuenta de qué se trataba: Las preguntas iban y venían y siempre se
Ilegaba a lo mismo: —Pero esta gente trae instrumentos,
partituras... Son elementos de trabajo —insistía la policía. Luego de largos cabildeos, los pusieron
en libertad, para lo que hubo que depositar una fianza.
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