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CARLOS GARDEL Y SU PASAPORTE DE 1932 Un documento repleto de irregularidades le permitió al zorzal ingresar a Francia desde Italia y después retornar a la Argentina |
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Por:
Juan
C. Orofino
Carlos Gardel se encontraba preocupado. Su amiga Sally Wakefield lo estaba esperando y la guardia de frontera no lo dejaba pasar. Demorado en el puesto fronterizo de Ventimiglia-Niza el zorzal argentino intentaba buscar una solución para un "inesperado" problema: tenía su pasaporte vencido. Contactos telefónicos, nervios, esperas. Después de una corta excursión por la península itálica su proyecto de ingresar nuevamente a Francia se veía frustrado por la rigidez de los controles fronterizos. ¿Qué hacer?
PECCI AYUDA AL ZORZAL Rápidamente
alguien ubica en la zona al músico Ahora Pecci estaba alertado que “había un argentino demorado”. Al reencontrarse con el zorzal en el puesto fronterizo, Pecci se sorprendió. Cuando le preguntó qué ocurría, Gardel le respondió en pleno “argot” porteño: “¿Vos sabés que estos lonyis no me dejan pasar?”. De inmediato Pecci recibió instrucciones directas del propio Gardel: debía renovarle el pasaporte urgente, ya tenía todo arreglado con el cónsul argentino en Niza (seguramente a través de un llamado telefónico) era cuestión de finiquitar el trámite, nada más. También
debía dejarle un mensaje a madame
Wakefield quien vivía en la Ville
Cimiez y que desde hacía tiempo no tenía noticias del cantor,
aunque dada la urgencia de la
situación lo más importante era retornar con el nuevo pasaporte a la frontera para que Gardel
ingresara
nuevamente a Francia. COMO FABRICAR UN PASAPORTE Rápidamente Pecci se puso en movimiento. Fue al consulado argentino en Niza donde el cónsul Olazábal extendió un nuevo pasaporte rebosante de irregularidades.
En primer lugar Pecci puso sus impresiones digitales en el documento y se dejó el espacio en blanco para que Gardel lo firmara más tarde, dada la no comparecencia del zorzal para iniciar ni completar el trámite. Menudo problema se planteó con la fotografía del pasaporte ya que no disponían de una nueva por lo que se vieron obligados a despegar cuidadosamente la que tenía el pasaporte viejo, recortarla y bien engomada aunque un poco “fuera de cuadro”, pegarla en el flamante documento. Era el 13 de diciembre de 1932. Gardel volvía a manifestar de nuevo y casi obsesivamente su particular tendencia a “dejarse estar”. Había perdido la oportunidad de renovar su pasaporte con tranquilidad y sin necesidad de apelar a recursos “no convencionales”. El nuevo pasaporte reiteraba ahora la inveterada costumbre de su dueño de moverse por el mundo con documentos de identidad adulterados: falso lugar y fecha de nacimiento y figurar en los mismos con su nombre artístico y no con el verdadero. Para colmo en su flamante pasaporte las huellas dactilares de su amigo Pecci reemplazando a las suyas sumaban una nueva e insólita irregularidad, además de la “avejentada” fotografía que en condiciones “normales” hubiera sido rechazada en cualquier otra dependencia oficial. Pero, tratándose de “Gardel”, la situación era muy diferente... Pecci cumplió al pie de la letra. Hizo el trámite, no faltando en su “instrumentación”cierto toque humorístico. Fue a la casa de madame Wakefield para “avisarle que Carlos estaba detenido” según su propia definición y corriendo como loco volvió a la frontera para que, con su nuevo pasaporte “debidamente truchado”, Gardel lograra por fin, después de varias horas de espera, ingresar otra vez a territorio francés. A poca distancia, en la Ville Cimies, una gran recepción lo esperaba.Era una fiesta organizada por su admiradora Sally Wakefield. El “problema” del pasaporte estaba solucionado. EL
TESTIMONIO DE MANDARINO El
episodio fue bastante
comentado por la barra de músicos
argentinos que frecuentaban a
Gardel. Amadeo Mandarino (2) nos
relató en una entrevista radial
hace algunos años, otros detalles
sobre la curiosa anécdota:
Los
testimonios fotográficos que
ilustran esta nota nos muestran al
cantor acompañado por sus
“colaboradores” amigos Pecci y
Mandarino en distintos momentos de
sus recorridas por Francia. No estaría
demás señalar aquí que resulta
bastante curioso el “olvido” de
Gardel de renovar su pasaporte en
tiempo y forma considerando que tenía
planificado su retorno a Buenos
Aires para fines de ese mes de
diciembre de 1932 y necesitaba
contar con su documentación en
regla. Aunque conociendo la
personalidad del cantor estas
“sutilezas” en su accionar no
deben sorprendernos demasiado.
Estamos presentando las fotografías de las distintas hojas que conforman el pasaporte de 1932, Serie D, N° 02421, rescatado en el aérodromo de Medellín aquella tarde del 24 de junio de 1935. El documento aparece con sus bordes chamuscados por el fuego y los datos falsos que han sido consignados en innumerables oportunidades. Creemos que publicar este documento completo es una curiosidad de altísimo interés para los admiradores de Gardel. Presentamos también la comparación dactiloscópica entre la huella digital de Pecci, que aparece en el pasaporte de Niza y la impresión dactilar del pulgar derecho de Gardel, tomada de su certificado de buena conducta de 1923. Poseemos también interesantes copias fotográficas de varios pasaportes que utilizara Gardel cuya presentación nos reservamos para otra oportunidad..
TRES
GUITARRAS EN NEW YORK Tal vez resulte conveniente profundizar un poco la cuestión de las “sutilezas” de Gardel a las que hacíamos referencia. Hace poco tiempo se reflotó por Internet una curiosa anécdota donde el mismo Carlos Gardel resultó protagonista principal. Se trata del episodio que comenzó a gestarse el 31 de enero de 1935 cuando sus guitarristas Barbieri, Riverol y Aguilar llegaron al puerto de New York a bordo del transatlántico “Pan American”. Los músicos fueron detenidos por la policía ni bien arribaron a destino porque las autoridades pensaban que ingresaban a Estados Unidos con la intención de “trabajar”. Las leyes laborales estadounidenses muy rígidas y firmemente sostenidas por el sindicato de músicos de ese país impedían esta posibilidad a los tres extranjeros recién llegados. El mismo Gardel se hizo presente para “liberar” a sus muchachos garantizando a las autoridades que sólo estarían un corto tiempo residiendo en New York ya que planificaban iniciar la gira por países lationamericanos en unas pocas semanas y que por lo tanto no desempeñarían ninguna actividad laboral. Gardel, siempre chistoso, les dijo a sus guitarristas: “En este país hay millones de vagos, ¿para qué querrían tres más?” Ensayos con las violas en el departamento del zorzal, alguna aparición fugaz en “Tango Bar” y unas recorridas para conocer el ambiente neoyorquino ofrecieron a los guitarristas una agradable estadía en la ciudad de los rascacielos. Pero Gardel ardía en deseos de “hacer algo” con sus queridas “violas”. Ya le había anticipado a Terig Tucci ni bien llegaron los instrumentistas: “no te lo dije viejo, otra cosa es con guitarra”. Y así fue nomás. El 20 de marzo de aquel año, en la que sería la última grabación de su vida, Gardel se burló olímpicamente de las leyes de los Estados Unidos, del sindicato de músicos y de quién cuadrara y en los estudios de RCA Víctor efectuó con su acompañamiento preferido, las clásicas guitarras criollas, dos tomas de “Guitarra mía”, la bella canción campera que compusiera con Alfredo Le Pera. Así, con los músicos de la orquesta de Terig Tucci montando guardia en la puerta del estudio para que nadie se percatara de la “irregularidad” cometida, Carlos Gardel ponía el broche de oro a su extensa y exitosísima trayectoria discográfica registrando, “ilegalmente” acompañado, el tema que marcaría su despedida de los estudios de grabación pues ya nunca más quedaría su voz apresada por la cera de un nuevo disco. Sería el último tema cantado y grabado de su vida.(3)
CARLITOS
EL BROMISTA, “UNA GLORIA
NACIONAL” Hemos
intentado demostrar que Carlos
Gardel era un hombre que tenía
“sus cosas”. Al margen de las críticas
que se le puedan esbozar como
consecuencia de su casi insólito
proceder y nos referimos
puntualmente a los dos episodios
relatados, debemos reconocer que
estos hechos resultan consecuencia
directa de la personalidad del
propio cantor. Gardel era
fundamentalmente un bromista
incorregible. Hay famosas anécdotas
y relatos que lo señalan como autor
de chistes muy pesados, en especial
hacia sus amigos o colaboradores.
Gardel no reparaba mucho a quién le
jugaba una broma pesada. Podía ser
cualquiera, un funcionario público,
el capitán de un barco o hasta un
sacerdote. Desde chico fue así, sus
amigos íntimos conocían
bien esa particularidad de su carácter,
que lo hacía simpático y
“entrador”, pero que también
provocaba serios disgustos en
determinadas personas no proclives a
las bromas. Hasta en su
correspondencia privada se detectan
claramente chistes subidos de tono y
palabras “fuera de lugar” además
de “cargadas” y “tomadas de
pelo” que, para quien las lee,
resultan sumamente divertidas. Lo manifestado se relaciona directamente con lo que hemos narrado en esta nota. Sin dudas Gardel no se preocupaba demasiado por sus documentos de identidad, era bastante displicente en eso. A veces se tiene la impresión que, tal vez inconscientemente, la situación irregular de esos documentos constituían para él una especie de reto, un auténtico desafío, el “olvido” de la renovación de su pasaporte es un claro ejemplo de una motivación inconsciente que lo llevaba a “complicar” las cosas. No solo hay desidia en ese proceder. Existe evidencia de la firme intención en Gardel de utilizar muy seguido la denominada “viveza criolla” para solucionar sus problemas, especialmente de orden “legal”. Esa “viveza” del porteño de antes, “canchero”, hasta sobrador, y por qué no “acomodado”. Cuántas veces les decía jocosamente a los choferes que lo trasladaban...”cuidado viejito, eh... mirá que llevás a una gloria nacional...” Esa
autodefinición de
considerarse “gloria
nacional” se patentiza en muchas
otras cosas. El episodio con los
guitarristas en New York no fue
“casualidad” ni “olvido”.
Fue el mismo Gardel quien provocó
con toda intención la situación
“irregular”. Se encaprichó en
grabar con sus músicos y a pesar
que las leyes y convenios laborales
lo impedían pudo conseguirlo, se
dio el gusto y “como siempre”,
lograba lo que quería, tal como se
percató en Francia ese buen
observador que fue Luis Mandarino. Gardel
era así. Utilizaba documentos de
identidad con datos falsos, cometía
irregularidades cuando se trataba de
cumplir con ciertas estipulaciones
legales que no lo convencían y
directamente relacionadas a su
actividad artística, gozaba de
“prerrogativas especiales” con
diferentes funcionarios públicos, y
hasta conseguía la especial
protección de damas millonarias
fascinadas por su arte. En suma, las
“ventajas” que daba la fama, que
en su caso “no era puro cuento”,
era una fama muy bien ganada,
obtenida a fuerza de un talento artístico
excepcional, de una increíble
capacidad de trabajo y de una
personalidad provista de una
arrolladora simpatía que le permitía
superar cualquier obstáculo.Ese era
Carlos Gardel. El Gardel que
admiramos y respetamos. El gran
cantor, el inolvidable artista. Y
también el ser humano, al que todos
los días conocemos un poquito más...(4)
Notas y referencias: 1)
Juan Pecci relató en varias
oportunidades al periodismo la anécdota
de su “colaboración” con
Gardel. Existen numerosos artículos
en diarios y revistas de diferentes
épocas, pero una de las fuentes más
interesantes es “Tango un siglo de
historia”, volúmen 3, pág.588 a
591, porque se incluyen datos
muy valiosos sobre la trayectoria de
Pecci en Europa. 2)
Amadeo Mandarino fue cantor
de las orquestas de Aníbal Troilo y
Manuel Buzón entre otras. Amigo
personal del autor de este artículo
nos obsequió con varios documentos
interesantísimos como la fotografía
que le tomaron junto a Gardel en
Radio Nacional en 1933 durante
la despedida del zorzal, además de
carpetas y hojas de música escritas
y firmadas por Francisco Fiorentino
y que éste llevaba cuando
ocurrió el accidente automovilístico
que le costara la vida en Mendoza en
1955. Luis Mandarino hermano mayor
de Amadeo, cumplió una destacada
labor como cantor en la Europa de
los años previos a la Segunda
Guerra Mundial . 3)
Las dos versiones de
“Guitarra mía” están
disponibles actualmente a través de
la colección “Altaya” que
comprende 50 CD de Gardel bajo el título
“Todo Gardel”. La anécdota de
la grabación en los estudios de RCA
Víctor es relatada, entre otros,
por Simón Collier en su difundido
libro “Carlos Gardel, su vida, su
música, su época”. 4)
Tanto el editor como el autor
de este artículo expresan su
profundo agradecimiento a los
coleccionistas y expertos
gardelianos que colaboraron directa
o indirectamente con
material documental para posibilitar
la elaboración de esta nota. Sin
ellos nuestra tarea, como ocurrió
con los artículos anteriores,
hubiera resultado imposible. Gracias
a los invalorables aportes
documentales, en gran parte inéditos,
de estos verdaderos custodios de la
historia de Carlos Gardel, numerosísimos
admiradores mundiales del zorzal criollo
pueden ahora tener acceso a través
de www.gardelweb.com
a la indiscutible verdad histórica
sobre la vida y obra del gran cantor
de todos los tiempos.
Publicado con permiso de Juan C. Orofino el 13 de diciembre de 2003. |
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Enlaces al tema:
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