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La Maga, Buenos Aires, 20 de agosto de
2003
Nota del 1 del 8 de 1995.
Del encuentro de tangueros reunidos en el barrio de
La Boca, el 11 de noviembre de 1968, nació la Asociación Gardeliana
Argentina. Durante el acto, el animador Silvio Soldán llamó al palco al
tenor Eduardo Bonessi y lo invitó a cantar. Días más tarde, la revista Así
publicó en su edición del 23 de noviembre una nota acerca de este profesor
de canto. Bonessi -ya fallecido- tenía por entonces setenta y un años y
una larga lista de las figuras que pasaron por su academia; entre sus
alumnos estuvieron Hugo del Carril, Ignacio Corsini, Alberto Marino,
Francisco Fiorentino, Roberto Rufino, Azucena Maizani, julio Sosa, Floreal
Ruiz, Nelly Vázquez y un discípulo, el primero, de voz privilegiada, que
fue Carlos Gardel. Bonessi recordaba a Gardel como "un hombre ordenado y
metódico, excepto con la plata.
"Yo conocía a Gardel-Razzano, naturalmente. El dúo era famoso, pero los
escuchaba poco. No me gustaban. Sé que no está bien decirlo, pero me
parecían cualquier cosa?, opinaba Bonessi.
El encuentro entre el maestro y el alumno se produjo en 1919. "Ese año
-recordaba Bonessi - yo le daba clases a mi amigo y vecino Pascual Mazzeo,
quien les recomendó a Gardel y a Razzano que vinieran a la academia.
¿Quie-ren estudiar canto? Yo conozco a un pibe que es un fenómeno, les
había dicho."
El dúo comenzó sus clases después de una gira por Chile, Primero les tomó
una prueba: "Razzano tenía bronquitis; le di un inhalante que yo estaba
preparando en esos días, el inhalante Bonessi, después registrado en el
Ministerio de Salud Pública. Me acuerdo que a Gardel le gustaba tanto que
ponía una gota en un terron de azúcar y lo devoraba. Maestro, deme la
papa, me decía cuando no tenía más".
Bonessi recordaba a Gardel como un hombre ordenado y más metódico que lo
que la gente supone, excepto con la plata. Entre la generosidad para los
amigos en la mala y los caballos de carrera se quedaba seco vuelta a
vuelta".
El buen concepto que tenía de su alumno nunca lo privó de recordar sus
defectos: "No desafinaba y tenía muchas virtudes, pero no las había
desarrollado. Cuando empezó conmigo -y eso que ya era famoso- cantaba con
mucho amaneramiento, gusto infantil y voz chica. Pero era inteligente y
dócil, de modo que no le costó mucho sacar su verdadera voz, la de un
barítono brillante, poco común, sobre todo en calidad de timbre y
temperamento. Era un cantor nacido para lo popular. Desde luego, no
hubiera podido intentar otro género", sentenciaba el profesor, conocedor
de la técnica y el estilo. Pero volvía pronto a las virtudes de su
discípulo: "Se cuidaba mucho. Apenas fumaba, tomaba muy poco y se sometía
a la gimnasia física y respiratoria con una voluntad envidiable".
El tenor contaba con cierto orgullo que Gardel no quería prescindir de su
maestro. Lo llevó a clubes, salones, y grandes giras. "En esos momentos
conocí al ser humano -decía el profesor, un tipo simpático, de buena
figura, pícaro y macanudo."
Cuando se publicó esta entrevista, hace casi veintisiete años, el recuerdo
más triste que Bonessi tenía fue la muerte de Gardel.
"El día del accidente fui caminando hasta la Sociedad de Actores. Allí me
encontré con un amigo y mientras charlábamos, alguien gritó: Gardel murió
quemado, se incendió su avión en Medellín. Antes de salir para su última
gira, en 1935, estuvo conmigo y me dijo que no quería cantar más. Estaba
harto, el público lo ponía nervioso y se ahogaba en sudor cada vez que
actuaba. Era una voz para durar cien años, pero su espíritu se había
agotado", aseguraba con tristeza el profesor.
La revista Así describía a Bonessi como un hombre al que no le gustaba
lanzar juicios rotundos. Sin embargo, el maestro de canto aseguraba que
las voces más grandes de la historia fueron las de Enrico Carusso y Tita
Ruffo. Entre sus alumnos se habían destacado Alberto Marino e Ignacio
Corsini. "Por su puesto, Gardel estaba fuera de concurso. En lo suyo era
el más grande y no creo que se repita." Al parecer, la frase de este
profesor de canto sigue vigente.
La nota de la revista Así estaba titulada "Yo le enseñé a cantar a Gardel"
y se presentaba con cuatro fotografías de Eduardo Bonessi. En el
encabezamiento decía el maestro de canto y piano: "Gardel tenía defectos
antes de estudiar, pero ...”
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