Trataremos de fijar los hechos en sus estrictos límites. La persona conocida en el mundo como Gardel, se llamaba en realidad Charles Romuald Gardes, había nacido en Toulouse, Francia, el 11 de diciembre de 1890 y era hijo de Marie-Berthe Gardes y de padre desconocido. No obstante, su documentación al momento del accidente, era un pasaporte argentino expedido a nombre de Carlos Gardel, de nacionalidad argentino, nacido en Tacuarembó, Uruguay, el 11 de diciembre de 1887.
Esta afirmación no es una teoría. Es un hecho comprobado, tanto por la justicia argentina, cuanto por la uruguaya.
¿Cómo se entiende esto?
El día 8 de octubre de 1920 se presenta en el Consulado del Uruguay en Buenos Aires el conocido cantor Carlos Gardel, en compañía de su entonces compañero de dúo José Razzano y de un señor Juan Laguisquet, ambos uruguayos. Declara haber nacido en Tacuarembó el 11 de diciembre de 1887. Los dos acompañantes firman en calidad de testigos, y Gardel se retira con el testimonio de su declaración. Bien. Hasta aquí el hecho en sí.
Quienes se aferran a la existencia del Gardel uruguayo, hablan de este documento como “el certificado”, ( al que califican de “prueba irrefutable”)lo que da lugar a una doble interpretación. Parecería – según esta visión- que el Consulado de Uruguay certifica, previo examen de elementos probatorios, que Gardel dice la verdad al decir lo que dice, y que esto ha sido fehacientemente comprobado. En absoluto. El “certificado”( Nro. 10052 ) sólo certifica los dichos del propio Gardel, y es, meramente, una constancia de sus propios dichos. La veracidad de este testimonio corría por cuenta del interesado y de sus “testigos fidedignos” y/o del médico que hubiera intervenido en el nacimiento del declarante, requisitos que se exigían para su otorgación.
Veamos entonces. Esta curiosa disposición que permitía que una persona se presentara en un Consulado uruguayo, declarara ser oriental, y se le otorgara un “certificado” tiene su origen en el artículo 85 del decreto del gobierno uruguayo del 17- 01- 1917. Presumimos que tal vez surgiría de situaciones provocadas a causa de la Guerra de 1914-18, en pleno auge en ese momento, contemplando dificultades de uruguayos residentes en Europa que hubieran extraviado su documentación y necesitaban algún elemento provisorio que los alejara de la peligrosa categoría de “indocumentados”. Refuerza esta presunción la leyenda que arriba del certificado advertía: “Válido por un año”. De cualquier manera entendemos que no debió ser pensado para uruguayos que estaban del otro “lado del charco”, a quienes muy poco costaba gestionar un duplicado de su partida de nacimiento en su lugar de origen, ya sea personalmente, o por cualquier familiar o allegado.
Pero vayamos a los hechos. Los “testigos fidedignos” requeridos no eran tales, en primer lugar. José Razzano no podía serlo, ya que conoce a Gardel en 1911, y Juan Laguisquet, de quien lo único que sabemos es que había trabajado en la policía uruguaya en otro tiempo, no tenía otra vinculación con Gardel que la de darle una mano con este asunto del “certificado”.
Nunca Laguisquet tuvo otro trato ni conexión con Gardel, al menos no se le conoce, y jamás fue entrevistado por nadie con posterioridad a estos sucesos. Razzano, por su parte, siempre sostuvo que Gardel era francés, e incluso viajó con él a Toulouse en 1924. Hasta aquí los “testigos fehacientes”. El médico que asistió al parto no apareció jamás.
Si bien esto debería- en rigor- ser considerado como causal de nulidad del testimonio de Gardel, ya que no cumple con los requisitos exigidos, podríamos pasarlo por alto como meros formalismos, ya que lo principal no es eso, como veremos.
Gardel falsea deliberadamente todos sus datos. En primer lugar, no existía la persona física de ese nombre, como tampoco existió- legalmente- ningún Hugo del Carril, nombre de fantasía de Hugo Piero Fontana. Declara ser hijo de Carlos y María Gardel, ambos uruguayos, fallecidos. En ningún caso, ni en la verdadera filiación francesa ni en la fantasía uruguaya, podría ser así. Poniendo, por el momento, en un plano de igualdad la realidad y la irrealidad, en el primer caso Carlos Gardel es Charles Romuald Gardes, nacido en Toulouse, Francia, el 11-12-1890, hijo de Marie-Berthe Gardes y de padre desconocido, llevando, por consiguiente el apellido materno. Tampoco en el hipotético caso uruguayo existieron un Carlos y María Gardel padres, según afirman, Gardel llevaría el apellido Escayola, por una complicada historia que no hace a estas líneas- ya que carece de base documental- y que puede ser consultada en muchos libros sobre el tema.
Para rematar la nulidad de este “certificado” añadiremos que no existe – naturalmente-partida de nacimiento que respalde los dichos de Gardel. No trataremos aquí de explicar los motivos por los cuales Gardel se embarca en estos enredos, para no agregar subjetividad al relato de los hechos. Diremos, sí, que con esta “documentación” Gardel obtiene su Cédula de Identidad argentina Nro. 383.017 y, posteriormente, el 7 de marzo de 1923, solicita ante el Juez Federal de Capital Federal la ciudadanía argentina, cosa que logra sin inconvenientes. Con esto sincera su verdad existencial, más allá de su circunstancial lugar de nacimiento.
Pasaremos también por alto sus múltiples declaraciones sobre este tema, diciendo a veces un lugar de nacimiento y a veces otro, pues son dichos irrelevantes a los fines legales. Lo cierto es que después de su fallecimiento, se conoce el testamento ológrafo de Carlos Gardel. Allí declara llamarse Charles Romuald Gardes, haber nacido en Toulouse, Francia el 11 de diciembre de 1890, y ser hijo de Berta Gardes. Luego de comprobar la autenticidad del documento, el juez ordena que, por intermedio del Ministerio de Relaciones Exteriores, se tramite en Francia la copia autenticada de la certificación correspondiente. Los agentes consulares argentinos obtienen en Toulouse y remiten al juzgado de Buenos Aires, no sólo copia de la partida de nacimiento de la Municipalidad, sino también acta de nacimiento del Hospital de la Grave y certificado de bautismo. Como es de rigor, se citó por 30 días a quienes tuvieran algo que oponer, y, como es sabido, sin oposición de nadie, se declaró a su madre heredera universal de sus bienes.
Posteriormente, también se abre una sucesión de
Gardel en el Uruguay, ya que este poseía unos terrenos en Montevideo. El
juez Jurdi Abella, toma las mismas disposiciones que su colega argentino, y
el cuerpo consular uruguayo remite idéntica documentación desde Francia.
Idéntica citación por 30 días sin que nadie aparezca a expresar
cuestionamiento alguno, llegándose a idéntico resultado que en Buenos Aires.
Demás está decir que el famoso “certificado” al que se aferran 70 años
después quienes han hecho tardío culto de la orientalidad de Gardel no fue
tenido en cuenta por los jueces de ambas orillas, por su obvia falsedad.
Podría agregarse que el testamento fue cuestionado,
especialmente en estos últimos años por seguidores de las teorizaciones
uruguayas. Uno de ellos, Ricardo Ostuni, llega a calificarlo en su libro
“Repatriación de Gardel” como “nulo de toda nulidad”.
Lo curioso es que el testamento fue examinado en los juicios sucesorios que
he mencionado por peritos calígrafos, argentinos y uruguayos, que no
formularon ninguna objeción, aceptando plenamente su legitimidad y
autenticidad.
El año pasado fue examinado con las más modernas
técnicas por el comisario® Dr. Raúl O. Torre y el Dr. Juan José Fenoglio,
expertos en la materia, cuya sola mención de sus títulos llevaría la mitad
del espacio de esta nota, y llegaron a varias conclusiones.
La primera fue, quizás, la más sorprendente: luego de la muerte de Gardel,
el testamento, depositado en el Archivo Notarial de la Nación, no fue jamás
revisado por nadie. Ellos eran los primeros. Es decir, ninguno de los
severos impugnadores, incluido el Sr. Ostuni, se tomó la molestia de echar
un vistazo al documento que impugnaban.
Las otras conclusiones, breve y llanamente expresadas, son que el documento pertenece integramente a la mano de Carlos Gardel, que no presenta alteraciones, borratinas ni raspaduras de orden mecánico ni químico, ni revelan estados alterados de ninguna especie. Recomiendo el libro de estos autores “Historia criminalística de Carlos Gardel” aparecido en junio de 2005.
Podrían agregarse, naturalmente, muchas cosas, pero
estas bastan y sobran para que cada cual saque sus propias conclusiones.
Hasta aquí los hechos. Me permito- aquí- “parafrasear” a Shakespeare. El
resto no es silencio. Son palabras.
Enrique Espina Rawson:
Periodista y escritor, presidente del Centro de Estudios Gardelianos.
Coautor, junto a Lucía Gálvez de "Romances de Tango".
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La falsificada "Matrícula Justificativa Nº 10052 del 8 de octubre de 1920" donde Gardel se inscribe como uruguayo, nacido en Tacuarembó el 11 de diciembre de 1887, sin aportar su Partida de Nacimiento y sin aparecer inscripto en ningún Registro Civil uruguayo. Los testigos del registro trucho fueron José Razzano (Rassano) y Juan Laguisquet, un ex policía de Tacuaremb ó. Figura además que el inscripto es hijo de: Padre: Carlos (sin apellido) - Nacionalidad, Uruguayo - fallecido y Madre Uruguaya - Maria Gardel, también fallecida. A los Escayolistas, este documento les sirve como "prueba irrebatible" sobre el origen uruguayo de Gardel.Nota: Esto es una copia del documento original que le fue proporcionada a un corresponsal nuestro por el cónsul uruguayo en Sydney el 12 de abril de 2001. El documento original estuvo por muchos años en posesión de Adela Defino quien lo entregó a Iris Marga en 1963, entonces la Presidenta de la Casa del Teatro. |
Publicado
por Jack Lupic el 29 de octubre de 2011.
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