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EXORDIO
Enrique Cadícamo
"Compadrito porteño que veo por las
calles de Montmartre. El quartier sin sueño, siempre de traje negro sin
chaleco con camisa de seda, zapatos de charol con tacos altos, y
prepotente volteador de muñecos. Figurita escapada de Barracas o de alguna
carátula de tangos,que habla un patois francés a toma y daca y por decir
un franco, dice un mango. Esto da clima reo a rue Fontaine... En el Moulin
de la Galette llora el acordeón y hace estremecer de celo y de pasión al
apache corso y a la
apachinette. Esto le da al quartier un Rififí sabor local... Del cabaret
Garrón lo encara y desafía un bandoneón: Manuel Pizarro, que en guapo
arremango se juega entero en un tute cabrero el prestigio del tango. Y
esto le da al faubourg clima y fandango. Bianco, Bachicha, Melfi, Pizarro.
Cuatro nombres que jamás se empañan, porque hacer bailar a París, ya es
una hazaña. Ecos dislacerantes de tangos rebotan contra el bistró de Le
coq-hardi, donde se emborracha a puro mandarain Eduardo Arolas.
Ante las cuatro aspas del Moulin Rouge se persigna la revista teatral:
París qui tourne, con las piernas famosas de La Mistinguette y la cara
roja de Spadaro.
Raúl Santolín y Salvador Pizarro (hermano de Manuel) son los "santo-lines"
que en el Florida hacen el milagro del debut de Gardel. Rue Clichy 20,
Florida Dancing, mil nueve veintiocho... Noche de gigolós peinados a la
gomina argentina, soirée de lujo donde el misterioso embrujo es un cantor
morocho"....
Noche de Gala.. La élite artística de
tout París va a aquel debut: Maurice Chevalier, Gaby Morlay, Lucienne
Boyer, Moro Giaffery (el célebre abogado argelino que defendió a Landrú)
Josefina Baker, Fuyita ( el pintor japonés, con su flequillo, su
imperial kimono y sus gruesos anteojos de carey), George Carpentier, (la
gloria del box francés), Tito Saubidet el pintor estanciero que decoró
los muros del Florida con motivos camperos... Una pampa muy verde, un
ombú solitario, un rancho, y a lo lejos, la carreta castillo, la laguna
de espejo. En un panneau, el casco de una estancia, una hacienda, una
yerra, un asado bien criollo, costillares enteros en fuertes asadores
clavados en la tierra.. Y en otro dos gauchos a caballo corriendo a toda
rienda, haciendo filigranas, gambetas y boleando avestruces pampeanas. Y
en un ángulo aparte, sobre un poste esquinero, como un símbolo nuestro,
el nido de un hornero..
En la semi-penumbra del proscenio aparece Gardel a la conquista con su
traje legendario seguido de Barbieri, Aguilar y Ricardo, sus nobles
guitarristas. Y es tanta su radiante simpatía que resplandece más el
escenario. Es Rodolfo Valentino redivivo, es la vedette, el macho, la
aparición de un divo. Llega el instante de emoción. La sala aplaude. Él,
conmovido. Y es otro aplauso el estampido del detonante Moet Chandon. Va
a enfrentar a París ..Tiembla su corazón...Siente algo que se parece al
miedo de hallarse lejos de su país....
Cierra
los ojos y se deja flotar como en un sueño, pensando que París es un
mundo sordo y vasto...Y en su confianza loca, su voz, del corazón salta
a la boca y comienza a cantar como lo hacía ayer en el Abasto... Y canta
un tango cuya letra argentina los franceses no entienden, pero es su voz
que nunca desafina, es su honda ternura, y la arrogante y varonil figura
del aedo extranjero, la que enciende en las damas, la galante aventura,
y en los hombres, el aplauso sincero. En una mesa de preferencia
acompañada de su bailarín fuma su Chesterfield en larga boquilla,
platino y brillante en su gargantilla, costosos pendientes de varios
quilates, y en el dedo meñique luce un chevalier. Más que una habitué,
por su deslumbrante fortuna de joyas, parece un anuncio de Jacques
Lacloche o Cartier ...Muerde displiscente la almendra salada, bebe a
lentos sorbos rosado Cliquot, y de tanto en tanto echa una mirada a
Carlos Gardel. Esa flor de otoño ya quincuagenaria es la conocida
multimillonaria Madama Ligget.
Dos tangos son muy pocos. Otros dos y otros tantos más también. Los
aplausos consagraban esa noche a le chanteur sud-américain...
Ese fue su debut y desde entonces siempre ¡arriba Carlitos!. Ya en el
Empire, o en Cannes, en el Casino Mediterranée, alternando y hablando de
potencia a potencia en correcto francés, de turf, con el Aga Kan, con el
Príncipe de Gales, de steeple-chase, con Madama Rasimi y Monsieur
Volterra, de llevar el tango a las revistas teatrales de París.
...Anterior a Luces de Buenos Aires
Gardel soñaba ser actor de cine. Admiraba a Carlitos- Carlitos Chaplin-
su glorioso tocayo que gustaba del tango. Y se hicieron amigos durante
un souper en Chez Maxim. Mientras que en Montecarlo se daba su
baraja...Constelada de alhajas suspiraba por él Madama Ligget...
Gardel había nacido con un instrumento musical en la garganta, y aparte
de su voz extraordinaria Carlos tenía el ángel en el rostro, eso que
hace triunfar a los artistas transformándolos luego en luminarias. Con
eso, nada más, aún sin saber cantar hubiera triunfado. Sonriendo
solamente, mostrando el estupendo encanto de sus dientes. Era un
predestinado...Y cuando alguien por quemarle incienso le decía al
morocho ingenuamente: "El tango a vos te debe mucho, Carlos..."-Gardel
le respondía humildemente- "Yo soy el que le debe mucho al tango "....
Hubo tan sólo uno que se llamó Gardel,
y seguirá viviendo mientras haya una esquina
Corrientes y Esmeralda, porteña como él,
o mientras en Palermo haya un final reñido,
o del surco de un disco llegue un tango sentido
y su voz tan lejana nos erice la piel..
Fuente: La Noche del
Debut en París. E. Cadícamo, Bs As. 1965
(Aporte: Angel Yonadi,
8 de septiembre de 2004)
(extraido del
Foro
de Gardel en todotango.com)
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