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Tengo para mí que a Bayardo se le ocurrió inventar la patraña de los Escayola, fabulando imaginar que a Carlos Gardel lo invadía una comprensible vergüenza, por la impresentable familia. De allí que Don Nelson remató el folletín concintiendo la autenticidad del testamento que, los héroes del Revisionismo Histórico han sentenciado, por su cuenta y sin pruebas, como no veraz. |
No era para menos. AVLIS y sus discípulos, en su momento, destaparon la olla de grillos que ensombreció el linaje del lujurioso Coronel Escayola.
Juana Sghirla, madre de las chicas Oliva, hijas del Cónsul Itálico en San Fructuoso, según sesudos e incontrastables estudios de Payseé y sus secuaces, era, al mismo tiempo, la amante y suegra del Coronel.
De esa relación, arrebatada por el fuego incandescente de la pasión de la dama meridional nació un fruto, también signado por la temperatura de sus progenitores.
Se la llamó María Leila Oliva, tal como fue anotada y bautizada, sin que, en este caso, misteriosamente, se desatara un escándalo. Creo que el Coronel, padre virtual de la niña, para disimular el bochorno, fue también su padrino de bautismo, estando casado, sucesivamente, con las otras dos hijas de su amante, a su vez Señora del Cónsul.
Susana Cabrera, docente, y aventajada discípula de Payseé, en un libro cuya pornografía apenas se disimula, relató minuciosamente y con lujo de detalles, las placenteras fatigas de los sucesivos lances carnales.
Lo cierto es que la impúber y fogosa María Leila, fue fecundada por su padre, el lascivo Coronel, a los once años de edad.
Circuló la calumnia de que fue abusada por el Coronel, pero yo y la docente Susana Cabrera la desmentimos.
En efecto, fruto de la furtiva y consentida aventura, nació el que, “a la postre”, sería Carlos Gardel.
Ese niño que después se convierte en un ser fantasmal e inaprensible, viene a ser, alternativamente, hijo – hermano de mamá María Leila por parte de padre.
Pero hay otra versión del Diario “La República” de 1996 que da a Carlitos como hijo de Doña Sghirla, con lo que resultaría hermano de María Leila y medio cuñado–hijo del Coronel. Pero, esto es, casi un infundio, que me da vergüenza, siquiera, imaginarlo.
De cualquier manera, sea como fuere, resultó otro escándalo que colmó la medida, de la “honorable familia”.
Se resolvió, entonces, que Carlitos fuera “Indocumentado”, para conformar de paso, a Doña Martina, que no fue testigo presencial del ocultamiento, pero lo atestigua, categóricamente.
El pobre Gardel, que todavía no sabía como se llamaba, pagó los platos rotos de tanto desaguisado, convirtiéndolo en un ser anónimo, casi etéreo, sino fuera por la licenciosa María Berta Gardès, que en un viaje, clandestino, como polizonte, y sin pasaporte, le anticipó un nombre y apellido y que, en adelante, se la conocería, despectivamente, como la “cuidadora”, “la Gardes” o “la francesa “.
El incestuoso Carlitos no fue redimido de su sambenito de origen, a pesar de que María Leila, la hija y amante de Escayola, luego se casó con su padre–cuñado y tuvieron seis incestuosos hijos legales.
Nunca se pudo aclarar- entre tanto adulterio -, porqué no legalizaron a Carlitos. ( artículo Nº 44 de la ley Nº 1430 de 1879).
Total, que le hace un adulterio más al tigre.
De todos modos, en medio de todo este “aquelarre” hay un ostracismo e intento de suicidio de una hermana mayor de María Leila – Blanca – que nunca le perdonó, haber seducido a su propio marido, el Coronel Escayola.
Mientras tanto nos olvidamos del Cónsul, obsequioso suegro y marido de la Doña Juana, a su vez abuelo desinformado y “padrastro” de María, que siguió silencioso, con su cabeza adornada de una reluciente cornamenta.
(Prometemos que todo este laberinto genealógico será convenientemente ordenado, con su respectivo árbol, que encargaremos a algún sobreviviente del sainete).
Payseé González, prócer injustamente recluido en el anonimato y alguna vez, premiado por su magna obra “Páginas abiertas”, cuyo título insinuaba futuras “investigaciones”(1), ha relatado estos escabrosos pormenores y, por lo tanto, ha sido encargado de “santificar” este entuerto.
El escritor González Olascuaga, autor del “Código Gardel”, especialista en fútbol, gastronomía y experto autor de la “guía del ocio” nos dejó esta reflexión:
“Pero “Páginas Abiertas” dejó el final a elección, que en este caso era el principio. Y todo Tacuarembó le puso entonces el principio bíblico. No cabía otra cosa. Concebido por una virgen. Payseé González se sumó al veredicto y salimos todos a dar la batalla unidos”.
Entre tanto no sabemos si el Señor Olascuaga se propuso destruir el mito al mejor estilo de Erasmo, en el célebre “Elogio a Locura” o, como él afirma sobre su novela: “nada es lo que parece”.
Nos queda sin embargo la gran duda. ¿Este Olascuaga no comenzó, con astucia, a sacar los ladrillos, desde abajo, del culebrón de Tacuarembó?
Mientras tanto los orientales, pueblo culto y paciente, pása, lentamente, del asombro a la resignación.
Eso si, han cambiado una leyenda, por un Gardel sin pecado concebido y, por añadidura, están por canonizar a María Leila, la primera virgen nacida en tierra uruguaya.
JUAN CARLOS ESTEBAN
Publicado
con permiso de Juan Carlos Estaban el 27 de octubre de 2011.
© Copyright 2011 por Juan Carlos Esteban.
Todos derechos reservados.
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