TESIS ORIENTAL Y EL CUENTO DE LA CINTA PERDIDA
O UNA ESTAFA MÁS CON POCA IMAGINACI
ÓN

Por Juan Carlos ESTEBAN

17 de octubre de 2011

Pulverizados los pretendidos “documentos” que sostenían, en equilibrio inestable, las “Tesis” orientales sobre el origen de Gardel, han resucitado a los investigadores cinematográficos que, como Jorge Ruffinelli, descubrieron que “hay momentos asombrosos en que Gardel prácticamente filma su propia biografía”.

                                            En “La sonrisa de Gardel”, este olvidable catedrático de Stanford University ha concluido, hace unos años, que “La historia – obviamente de Gardel – no depende exclusivamente de documentos fraguados o auténticos (y en este caso conteniendo probable falsedades); también tiene lugar en la historia oral, en la tradición del vecindario, en la “verdad” pasada de boca en boca  y, a veces, en susurros como los auténticos misterios” (sic)…

                                            ¡No es verdad que estamos frente a un “poeta” que se ha ganado un premio a la superficialidad!

                                            Espero que la estatua de Artigas no amenace con caerse de su pedestal, frente a este peligroso iconoclasta que nos “alerta sobre algunas engañosas biografías, los (tal vez) engañosos documentos, los (sin duda) engañosos testimonios que desmayan y caen por su propio peso”.

                                            ¿Será que se ha reiniciado un renovado y grosero revisionismo histórico?

                                            No estoy soñando. Tampoco es una pieza poética.

 Es copia textual del catedrático de Stanford de Villa Crespo, que le habla a un público cautivo.

 Este señor nos ilustra sobre la conveniencia de reemplazar las “Catilinarias” de Cicerón por “la verdad pasada de boca en boca” entre los concurrentes a un renovado Circo Romano y, ¿porque no?  “los susurros” de la plebe de París por los ajusticiamiento en la Plaza de la “CONCORDE”.

 Pretende inaugurar un “Populismo Histórico” por el que la documentación de primera mano “si no esta fraguada, contiene probables falsedades”, y “las biografías, si no son engañosas – se descuelga – corre la suerte de los “documentos que se desmayan por su propio peso”…

                                            Este galimatías envolvente, de circulación entre “creyentes”, es similar a “la frecuente falibilidad de la justicia”  que pregona una desacreditada comentarista...

                                           En fin, derrotados sin retorno, nos tratan de vender, como último recurso, el reino del celuloide llenos de inextricable retórica.

                                            El libro de marras lleva  un prólogo de antología. Se titula: Aviso a  la Población”,  sin que ello comporte un alerta meteorológico o la inquietante presencia de un violador serial.

                                            Dicho título anticipa la serie de capítulos no menos desopilantes: “El malevo que se redime”,  “El personaje soy yo” y “Gardel nos habla desde la pantalla”, cuya conclusión final resulta curiosa. En efecto, abandonadas las vetustas “tesis” por su fragilidad argumental, han decidido reemplazarlas por los libretos de sus películas.

                                            “Lo fascinante –arriesga el catedrático – es ver como, al construir a su personaje, Gardel comenzó a desnudarse, a contarnos quién era. Cada una de sus películas, en su secuencia cronológica, apunta a decirnos, que se trata del hombre de Tacuarembó” (sic)…

                                            Algunos estoicos uruguayos que se habían acostumbrado a las historietas de Avlis y Bayardo ahora deben recomenzar otra historia, que igual desemboca en Tacuarembó pero esta vez “contada” por el propio Gardel.

                                            Menos mal que este folletín es para consumo interno.

 De cualquier manera ¡cuánto esfuerzo editorial, y cuántos mares de tinta se hubieran podido ahorrar, teniendo a mano la novísima versión de cómo contar la historia que nos propone el célebre catedrático.

                                            ¡Atención! Rescatando las novísimas tesis de Ruffinelli  ya sabemos que cuando en “Tango Bar” Gardel se enfervoriza con  “Buenos Aires”, quiso referirse subliminalmente a Tacuarembó…

 

Por: JUAN CARLOS ESTEBAN

Publicado con permiso de Juan Carlos Estaban el 17 de octubre de 2011. 
© Copyright 2011 por Juan Carlos Esteban.
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