Carlos
Gardel es ciudadano Argentino por decisión propia. La
elección fue un acto volitivo que no, necesariamente,
afianzaba su seguridad y libre desenvolvimiento en su
vida artística, a través de los distintos países donde
le tocó actuar.
Su Pasaporte Argentino era el
instrumento obligatorio y suficiente para su libre
desplazamiento, durante sus giras en el exterior.
De modo que, la decisión de ser
ciudadano Argentino, fue una actitud meditada que se
correspondía con su formación cultural y cívica en
nuestro país y la ciudad que amó entrañablemente.
Su nacimiento en Francia fue una
circunstancia que apenas dejó huellas en su personalidad
e idiosincrasia, que delataba un acendrado sentimiento
porteño que lo proyecta como un arquetipo distintivo de
nuestra manera de ser.
De modo que, el hecho de señalar su
lugar de nacimiento, no le concede a Francia más derecho
que reconocerlo como uno de los grandes artistas del
siglo XX que, ocasionalmente, vio la luz en una ciudad
gala.
Comprobar documentalmente su nacimiento
en Toulouse, no agrega ni quita nada a su condición
argentina. Resulta irrelevante que, un niño de 2 años,
haya nacido en una geografía o en otra.
No hay ningún Determinismo telúrico que
fije los caracteres de un ser humano, que transcurrió su
vida en una ciudad bruja, de la que absorbió sus
vivencias, hasta convertirse en un símbolo de la
porteñidad.
Por lo tanto, no fue
francés, en el sentido más empinado del término. Nació
accidentalmente en Francia como podía haber sucedido en
cualquier otro lugar, pero se sintió,
forzosamente, de donde los poderosos
influjos de su medio lo condicionaron. Nació a la
conciencia y al reconocimiento, en si y para
si, como un argentino más, probablemente,
uno de los más excelsos.
La letra de su música propia, la más
honda y entrañable, es un himno al eterno retorno a
sus genuinas raíces, que añoraba impaciente.
De modo que aun, no negando un
reconocimiento a la patria de su madre y un sentimiento
subyacente de recogimiento, que quedó plasmado en su
emocionante alegato, que trasmite en "SILENCIO", no pudo
ser otra cosa que un hijo de la tierra que le brindó su
sabia nutricia.
De tal suerte que hoy, el reconocimiento
del Gobierno Francés, que incorporamos en esta
gacetilla, lo percibimos como un homenaje merecido a
alguien que no les pertenece más que accidentalmente.