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Boletín Nº 21 - agosto de 2005 - Año 3
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Esta nota fue Publicada en el Boletín de la
Academia del Lunfardo. Además figura en mi
libro, editado por CORREGIDOR "TANGO,
VIGENCIA Y CREPÚSCULO", que se refiere a
un enfoque Sociológico de la problemática
del tango y el significado histórico de C.
Gardel. |
A
los 70 años del tránsito de Carlos
Gardel varios amigos me han
convocado para participar de
distintos homenajes en su memoria.
Me parece que se olvidan que para
los que amamos a Gardel es, casi,
una adicción imperativa convivir con
su imagen. No podemos sustraernos al
misterioso influjo que ejerce su
persona. Nadie necesita pedirnos lo
que se ha convertido en una
compulsión.
El ángel de Gardel habita nuestra
existencia desde que nos
introducimos en su mundo. Es decir,
desde siempre.
Pero me he formulado, en varias
circunstancias en que abordé el tema,
la misma pregunta. Se trata de la
extraordinaria resistencia de Gardel
a la inevitable erosión del tiempo.
Para él eso no existe.
Misteriosamente ha sido excluido.
Y en cada ocasión, he encontrado
distintas respuestas, todas
verosímiles. Gardel, como el Cid,
sigue ganando batallas y adeptos,
después de su tránsito definitivo.
Su vigencia e inmortalidad,
curiosamente siguen creciendo a
despecho de la aparición de nuevas
formas musicales que, nacen y se
extinguen sin explicación racional.
Será porque lo que inventó Gardel no
es estrictamente música y canto.
En efecto, el tango y Gardel son
además una forma de vivir y de
pensar, en un momento preciso de la
sociedad argentina.
Hay una insospechada simbiosis entre
la sociedad de su tiempo y Gardel;
un diálogo inaudible entre el
elegido y su pueblo.
El tango es una transpolación, en
forma musical, de una filosofía y un
modo de sentir genuino, y
profundamente ético. No describe la
sociedad argentina como un tratado
de sociología urbana. Se involucra
en ella. Toma partido.
Los personajes del tango son,
básicamente, morales y, los que
renuncian a esos códigos de conducta,
son condenados y descalificados.
En esa hipótesis, el barrio era el
protagonista excluyente de lo que,
ahora, llamamos la sociedad
argentina. Tenía límites precisos.
Su geografía era el patio, la vereda,
la calle o la cortada y, hasta allí,
se extendía nuestro hogar y, si me
apuran, nuestro mundo. El zaguán era
el pasador obligado que nos
comunicaba con ese paraíso urbano
que se llamaba barrio.
En ese habitáculo convivían santos y
malevos, aunque los códigos
sancionaban a aquellos y enaltecían
a los virtuosos. El barrio era la
universidad, la fragua, el molde
donde, por contraste se elegía el
futuro; el modelo de vida. Y, en ese
medio, Gardel se erigió en su máximo
exponente.
Los describió a todos pero, también,
los calificó a todos.
Por eso el tango encierra una
lección moral donde se exalta a
Giuseppe el zapatero y se denuesta a
Beltrán y sus polainas, a la
advenediza Crisolda Valle o al
rufián melancólico del querido
Roberto Arlt.
Y esos personajes convivían, sin
mezclarse, en un mismo medio: el
barrio.
¡Cuántos de estos seres que se
describen en Aguafuertes Porteñas de
Arlt, pasaron a ser elementos
universales que, cohabitaban en las
letras del tango y en nuestras vidas!
En su libro desfilan una galería de
nombres que nos fueron familiares en
nuestra niñez, aunque, con otros
apelativos.
Y en medio de todos, asumiéndolos,
está Gardel o mejor dicho su duende.
Y él se introdujo en la piel de
todos y cada uno de esos seres y, al
describirlos, los inmortalizó.
El manejo de su voz, su tono, su
acentuación, sus pausas inimitables,
el colorido de sus registros, sus
parlamentos producían el milagro de
su capacidad mimética. No eran todos
iguales. La cambiante inflexión de
su voz los diferenciaba.
Era Gardel pero, al mismo tiempo,
eran Ventarrón, el pobre punga,
milonguita, el que atrasó el reloj,
el torturado personaje de Confesión
y tantos otros.
Para cada uno tenía reservado el
tono elogioso, el castigo, la
compasión, la ternura. Su inflexión,
la impostación de su voz, los
matices, la riqueza cromática no
eran siempre iguales. Eran distintas
y cambiantes para cada uno de sus
personajes.
Fue el sumo sacerdote del barrio que
tanto amó. Por eso no decía los
tangos; los rezaba con el fervor y
la hondura de una oración.
Es cierto, Gardel no cantaba. Se me
hace que rezaba compenetrado de cada
circunstancia y, allí, reside la
diferencia abismal con todos. Fue
único en su tiempo y, por supuesto,
también ahora.
Me cuesta creer en los milagros.
Pero sospecho que él fue uno.
Sus devotos cumplen el rito. Lo
escuchaban, como en aquel fotograma
que dibujó Medrano. ¿Se acuerdan de
"El hombre que escucha a Gardel"?.
Si la memoria no me falla, la
caricatura no puede soslayar la
actitud. En el dibujo, la unción es
casi religiosa; de recogimiento.
No habrá ninguno igual, porque es
imposible dar marcha atrás el reloj
de la historia.
Su tiempo, el tiempo de Gardel, se
incorporó a la historia grande de
nuestro país. No tiene retorno. Pero
tampoco olvido.
Para comprender ese majestuoso
período no basta leer la historia.
Es menester escuchar, al mismo
tiempo, el sermón laico que nos
recita Gardel, con unción cercana a
la plegaria.
Entonces, él pone en movimiento, por
infinita vez, la crónica inacabable.
Revive la permanente letanía de sus
héroes y villanos. Retorna a la
escena, por enésima vez, la esperada
y siempre nueva pollerita corta y
los bucles despeinados, reviviendo
los títeres que hablaban ruso y
francés. Aparece, también, el Che
Bartolo por costumbre disfrazado de
Marqués Boca Negra y por qué no el
drama de "Al pie de la Santa Cruz" y
el barco que se pierde a la
distancia. También "Acquaforte".
Resulta casi imposible, entonces,
comprender el fenómeno de la
construcción de nuestra sociedad,
desde 1880 hasta la gran crisis de
1930, sin pasar por el tango y su
máximo cronista.
Ninguna lección de historia de
nuestra patria puede calar tan hondo
en la problemática de aquel
fascinante período fundacional, sin
escuchar la misa pagana que nos reza
Gardel.
Me atrevo a vaticinar que la lección
moral de vida que nos propone, es,
hoy, de rigurosa actualidad.
Los amigos escritores no sé si saben
que al describir nuestros barrios y
sus gentes nos están dibujando con
sabia humildad, los deberes que nos
plantean las circunstancias que, hoy,
nos toca vivir.
Y eso tiene nombre. Recuperar la
identidad nacional que se nos
escurrió sin darnos cuenta. En suma,
volver a soñar la Argentina.
Juan C. Esteban
Publicado con permiso de Juan Carlos Estaban el
21 de junio de 2010.
© Copyright 2010 por Juan Carlos Esteban.
Todos derechos reservados.

Un grupo de amigos escuchando a
Gardel
Calendario Medrano 1946
|
Ed.: Tambien ver:
Libros de
Juan Carlos Esteban:
- Un NUEVO Libro:
CARLOS
GARDEL: CONTROVERSIA Y PUNTO FINAL.
Autores: Juan Carlos Esteban, Monique Ruffié y Georges Galopa.
Año: 2010, Edición: 1º, Páginas: 337, ISBN: 978-950-05-1885-7.
Editorial:
Corregidor.
Fecha de
Publicación:
23 de junio de 2010
-
CARLOS
GARDEL - Encuadre Historico
Por Juan Carlos
Esteban.
Argentina: Editorial Corregidor (2003).
Realmente es
muy didactico y claro en su exposicion. Es precisamente eso,
una clara definicion de la diferencia entre historia y fabula. Importantísimo
libro que desarrolla, entre otros detalles, el tema de las leyes
francesas explicando claramente por qué Carlos debió alterar su
nacionalidad y da por tierra la tesis de Tacuarembó.
-
CARLOS GARDEL: SUS
ANTECEDENTES FRANCESES
De
Monique Ruffié, Juan
Carlos Esteban y Georges
Galopa. Editorial
Corregidor (2006).
Carlos Gardel siempre mantuvo con el país donde nació relaciones a la vez
reservadas y fraternales. Aunque haya ocultado su origen francés, por no
haber hecho la guerra del 14-18, cada vez que viajó a Europa, fue a
Toulouse a visitar sus familiares con los cuales cultivó relaciones
cariñosas muy íntimas. Para una mejor comprensión de dicha actitud,
Monique Ruffié de Saint-Blancat y Georges Galopa se dirigieron a los
archivos militares y diplomáticos franceses, y consultaron, en Francia
los archivos del estado civil referentes a las ciudades de Toulouse,
Bordeaux, Paris y Colmar.
-
TANGO: VIGENCIA Y
CREPÜSCULO”
Por Juan Carlos Esteban (2007).
Estos breves trabajos abarcan varios temas
relativos a nuestra música popular, a su máximo exponente y, por último
distintos artículos, publicados en diversos medios que tienen que ver
con aspectos de nuestra historia cultural y que han cumplido con
largueza el medio siglo.
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Esteban
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