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Un ataque sin fundamento
Enrique Espina Rawson responde sobre el articulo aparecido en
La Nacion Line el 23 de enero de 2005 titulado "Un ídolo sin enigma"...


Los que nos ocupamos de la historia de Gardel y su época, nos vemos continuamente sorprendidos por la incompetencia de quienes tratan el tema en los medios. Así, en la sección “Cultura” de la Nación del domingo 23 de Enero, aparece un comentario sobre el libro de Julián y Osvaldo Barsky: “Gardel, la biografía” firmado por Jorge H. Andrés.

Ya, desde el epígrafe de la foto que reza: Gardel, Lepera y los cuatro guitarristas se comienza mal, ya que en ella no aparecen ninguno de los cuatro guitarristas, que, por otra parte, en esa última gira eran tres.

Dice del libro: “Porque lo suyo es una versión más amplia de la fábula de siempre: la del nacimiento ilegítimo en Toulouse de un superdotado que, sin dejar casi rastros de vida privada, murió accidentalmente en Medellín, etc,etc”.

Por qué el señor Andrés habla de “fábula de siempre”? Posee acaso alguna documentación que desmienta las constancias probatorias de la filiación de Gardel?

Si así no fuera, con qué autoridad pone en tela de juicio lo acreditado por la justicia argentina y la justicia uruguaya, corroborando los datos que el mismo Gardel asentó en su testamento ológrafo?

Pregunto: Por qué también- extrañamente- el “ sin dejar casi rastros de su vida privada”? Esto no se comprende. Las personas deben dejar” rastros “en su vida? Gardel vivió su vida normalmente como cualquier artista de su época y los “rastros” que reclama el firmante de la nota, son, justamente, los que han permitido que este libro exista: fotos, cartas, anécdotas, testimonios, documentación. Qué otra cosa puede haber?

Ya sobre el final, se anima a interpretar que el libro...” quizás por cariño, no se atreve a aceptar al antihéroe que surge de tanto papelerío: un adicto al trabajo con tendencia a la obesidad, desconfiado con razón, incapaz de otro goce que no fuera arriesgar dinero en los hipódromos, prisionero de un círculo de obsecuentes y abusadores, obsesionado con la perfección musical, su imagen cinematográfica y una seguridad económica que nunca llegó a lograr.” Todo esta gratuita andanada, contiene en el fondo y a contrapelo de la intención del crítico, el mejor elogio al cantor. Si era adicto al trabajo, en buena hora. Cuánta gente así haría falta en nuestro país! Y si además tenía tendencia a la obesidad y la logró superar, eso lo convierte en un antihéroe? Si era desconfiado, según nos informa Andrés, y tenía razón en serlo, cuál es el reproche?

De dónde saca que era incapaz de “otro goce que no fuera arriesgar dinero en los hipódromos”. Esta afirmación sólo puede hacerla quien ignore que Gardel era un hombre lleno de amigos, generoso,dicharachero, que disfrutaba enormemente de todo tipo de reuniones sociales, que le encantaban las fiestas, la buena vida, la buena música y las buenas compañías femeninas. Qué más puede pedirse?

Como hemos visto, y para no extenderme más, también le reprocha ser un “obsesionado con la perfección musical”. Que a un profesional, a un músico, a un cantor, se le haga semejante cargo realmente me exime de más comentarios, y, ciertamente le convendría al Sr. Andrés, aún en la modestia de su función, imitar el ejemplo de Carlos Gardel, de quien se sigue hablando tantos años después de su muerte.

Enrique Espina Rawson
Presidente del Centro de
Estudios Gardelianos

enesraw@hotmail.com

27 de enero del 2005


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