El hombre y el mito Detrás de la sonrisa de Carlos Gardel El relanzamiento de una biografía clave sobre Gardel realizada por el investigador Simón Collier y la edición de 4 discos con 100 tangos ubican al hombre sobre el mito: lejos entonces de las leyendas, muestran intacto al cantante y alejan todos los fantasmas.
Sin embargo, a esta altura la mitología parece haber dejado algunas cosas descolocadas, como si la leyenda, deliciosamente acabada para los adoradores de mitos, hubiese tapado al hombre. ¿Cómo develar finalmente el misterio que Gardel ayudó a construir? ¿Qué nos dice hoy su música? La reedición de un libro clave de 1986 sobre el Zorzal vuelve a plantear los puntos oscuros. Carlos Gardel. Su vida, su música, su época, del investigador y docente Simón Collier -que falleció el año pasado-, barre el mito inflado hasta el hartazgo: el primer tema, por supuesto, es el lugar del nacimiento del cantante. Si Gardel alegó haber nacido en Uruguay, puede haber sido una solución ideal respecto a sus obligaciones militares no sólo con Francia sino con la Argentina, pues en el Uruguay no había servicio militar. Charles Gardes, nacido en Toulouse el 11 de diciembre de 1890, es el eje de una biografía muy fundamentada. Más por simplificar la historia que por agigantarla, el libro sólo enfatiza cuando existen pruebas que certifiquen datos. En todo caso, los roces con la delincuencia o con el conservadurismo Collier los vuelve a un plano más terrenal. Esto es: sin amplificar, se puede decir que tuvo lazos con el oscuro caudillo de Avellaneda, Barceló, pero no que fue reclutado. Las circunstancias que rodearon su muerte y todas las hipótesis tejidas alrededor de sus amoríos las deconstruye a tal punto que uno tiene la impresión de leer la historia antes de ser novelada, como una captura de la imagen antes de ingresar en el fotoshop. Gardel, según Collier, sí era fana de la barra de amigos, un hombre con problemas para tomar decisiones financieras, no era peleador aunque tuvo problemas con su compañero de dúo y luego apoderado José Razzano. Un cantante que fue pasando del lunfa al repertorio más internacional cuando la fama así lo exigió. Tuvo sus caballos y su stud aunque no le fue del todo bien. Lo suyo, claro está, era el canto. Los discos de Gardel Finalmente, fue la interpretación, la música, el punto de partida de todo para Gardel. Allí también unos debates sin sentido eclipsaron ese sentido último. Unos años atrás, un guitarrista, Rafael Brescia, cambió digitalmente el sonido original de las escobas -las guitarras de Gardel- por un sonido actual. Hoy sin controversia a la vista, EMI lanza 4 discos titulados 100 por Carlos Gardel que retratan los distintos acompañamientos que utilizó Gardel -sobre todo las violas- y los diferentes momentos de su carrera, con las grandes obras de Cadícamo, Le Pera, Discépolo, García Jiménez, Amadori. Las 100 páginas (de un vasto repertorio que superó las 1500 obras) tienen información adicional, que en general suele faltar en el tango, como el lugar de grabación, músicos que lo acompañaron y muestran sus distintas facetas, cantando tangos, milongas, vals, los clásicos y perlas desconocidas.
Una vieja anécdota refleja los sentimientos que aún hoy siguen generando sus canciones. Cuenta el especialista Oscar Del Priore que el cantor Jorge Casal iba continuamente a su casa para escuchar su formidable colección de discos de Gardel. El ritual era infaltable: mientras escuchaba los discos, Casal sollozaba y exclamaba: ¡nunca te vamos a alcanzar, Carlitos, nunca!.
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Last update: November 05, 2004 |
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