Anécdotas
Fuente, el sitio desaparecido: http://www.carlosgardel.8m.com/anecdotas.htm


El hecho de que Gardel en oportunidades no pronunciara la N en algunas canciones y la trocara por R obedecía a los medios rudimentarios mecánicos de grabación de los discos: con la energía de la propia voz se hacia vibrar una membrana que hacia incidir una púa en una rosca sin fin que grababa sobre el disco matriz de pasta. La voz era conducida desde una bocina donde el cantor de esos tiempos introducía prácticamente toda la cara y un caño la llevaba hasta la púa. Eso hacía necesario consonantes fuertes, ya que las débiles no alcanzaban a dejar la huella en el disco. Targo en vez de Tango se debe a eso y no a un defecto de pronunciación como han llegado a afirmar algunos de sus biógrafos.
 

Esta anécdota fue corroborada por Francisco Canaro y por Cátulo Castillo. En Barcelona (aunque Canaro escribió que fue en Madrid), parece que el Zorzal se hacía lustrar los zapatos siempre por el mismo muchacho. Una tarde, bajo el bronceador sol de la Hispania, Gardel chifló despreocupadamente el comienzo del tango "Silbando" con la misma melodía que se aprecia en las dos grabaciones que dejara. El lustrabotas quedó extasiado.
-¡Qué bien silba, señorito don Carlos!
-Ma' qué silbo... Es un pito, pibe...
El muchacho aprovechó la confianza que le regalaba Gardel para preguntarle:
-Dígame usted... Perdone la curiosidad... ¿Qué se coloca en el cabello, para tenerlo así de reluciente y bien peinado?
El Zorzal se juzgó humorista y le contestó:
-No se lo batas a nadie... ¡Dulce de membrillo! Probalo, es un fenómeno.
-¿Jalea, dirá usted?
-Eso es, Jalea. Pero tiene que ser de la buena.
A la tarde siguiente volvió Gardel por la parada del lustrabotas. Tenía el pelo que parecía un caso morocho, a lo Louise Brooks.
-¿Viste, pibe, qué bien te queda? ¡Parece que me hiciste caso!
-Sí, señorito, es verdad... Pero debe de haber algún misterio, porque a usted las moscas no le hacen nada, y en cambio a mí... Vea... ¡No me dejan vivir!


El día que Gardel grabó "Madreselva" era primavera, pero parecía un verano dentro del estudio de la compañía Odeón. Naturalmente, no podía ponerse un ventilador. El aire acondicionado no existía, y los músicos de la orquesta estaban empapados en sudor.
Gardel no aguantó más y se quitó el saco. Después, el chaleco. Después de después, la camisa, que seguramente lo asfixiaba. Luego la camiseta, el pantalón y las medias.
Por último, el calzoncillo.
El Zorzal quedó sólo con los zapatos y con los anteojos que usaba para leer la pequeña tipografía de las partituras.
Justo entonces apareció en la sala de grabación el técnico, un alemán "austero y cabrero", al decir de Canaro.
-¡Pero, señó Gardel, qué quiegue decir esto...!
Gardel le respondió.
-Esto quiere decir, viejito, que no tanto hacerte el estrecho, que mí me han pasado el santo que vos en Alemania eras "una mandarina"...
La orquesta estalló en una carcajada. El alemán, a punto de estallar él también (pero en otro sentido), se fue ligero y sin saludar.


Gardel dejó en la cera del disco once tangos del autor Enrique Dizeo (1893-1980). Uno de ellos fue "A media noche", musicalizado por Juan "Pacho" Maglio.
El cantante y el letrista se conocían desde 1923, estañeros como eran los dos del mítico Café de los Angelitos. Allí Dizeo le entregó al Zorzal la partitura de "A media noche". Los versos de Dizeo ("Ozedi", como gustaba de firmarlos) dicen en un momento:

Como un gemido doliente,
llena de harapos, cabizbaja y mustia,
siempre se la ve silente
con todo el peso de su negra angustia...

Gardel, al leer esto, lo llamó aparte y le preguntó al oído:
-Decíme... ¿Qué carajo quiere decir "silente"?


Se conocen tres de los chistes predilectos de Gardel. Solía contarlos entre sus amigos de más confianza, dado el tono decididamente licencioso que presentan:
Un señor había tenido relaciones sexuales en la noche anterior a un largo viaje que debía emprender en barco. La mañana de la despedida, va la mujer a saludarlo al puerto. Una vez arriba del buque, apoyado en la baranda el señor le grita:
-¡Si tenés noticias mías, ponele Carlitos...!
A lo que la mujer, en tierra, le responde:
-¡Si tenés noticias mías, ponéle permanganato...!

Un señor llega a su casa antes de hora y descubre a su esposa en la cama con otro tipo. El marido, indignado, le reprocha:
-¡¿Cómo podés acostarte con ese mugriento?!
La mujer le contestó:
-Mirá, querido... Vos sabés que soy una mujer muy católica... Pasó este hombre por la puerta y me dijo que tenía hambre... Y le di la milanesa que sobró de anoche...
-¡¿Qué me importa la milanesa?! -interrumpió su esposo, cada vez más enojado.
-Ya se iba el hombre -continuó la mujer-, cuando en la puerta me preguntó si no tenía alguna cosa que no usara más mi marido, como para dársela... Y bueno, querido... Lo hice pasar...

Un señor desocupado paseaba cierta mañana por el Jardín Zoológico. Al pasar por el pabellón de los elefantes, vio que cinco tipos tiraban de una soga gruesa, como la de los barcos. Los cinco tipos tiraron, y de adentro del recinto se escuchaba un grito. Volvieron a tirar, y otra vez el grito. El señor desocupado no entendía nada, pero preguntó si podía sumarse a ellos. De buena gana le respondieron que sí, y se pasó casi toda la mañana tirando de la soga.
-Bueno muchachos -dijo en un momento uno de los tipo-;creo que ya está...
Dejaron la soga, vino otro sujeto y les dio veinte pesos a cada uno de los que habían tirado.
El señor desocupado volvió a su casa loco de contento:
-¡Querida, encontré un trabajo! ¡Mañana tengo que ir temprano al zoológico, no puedo perder esta oportunidad!
Al otro día, apenas abrió el zoológico fue al pabellón del elefante. No había nadie. Un rato después vio pasar a uno de los tipos que tiraban de la soga, y le preguntó si en esa jornada no harían lo mismo. A lo que el otro le respondió:
-Dígame, ¿usted piensa que todos los días vamos a hacer feliz al elefante...?


El cabaret Chantecler se inauguró en 1924. El evento en sí no hubiera merecido mayor atención que la brindada por jailaifes en busca de esparcimiento, pero ocurrió que desde un principio el lugar fue reducto de las mejores orquestas y cantantes, y el propósito inicial de lupanar derivó bien pronto en una suerte de templo tanguero para exquisitos. La primera orquesta que tocó allí fue la de Julio de Caro. Era en Paraná 440, a un paso de Corrientes. Allí trabajaba Pepita Avellaneda. Allí animaba el Príncipe Cubano. La decoración del Chantecler incluía una cascada y un molino luminoso. Uno de sus mejores clientes era Carlos Gardel, que llegaba al cabaret luego de sus actuaciones. El Zorzal prefería los palcos. Descorría una cortina gris y podía conversar tranquilo. Era inevitable que alguien le presentara una noche al violinista Juan D'Arienzo (1900-1976). En 1928, la orquesta típica formada por él y por el pianista Luis Nicolás Visca debuta en el Chantecler. No hubo registros discográficos de este conjunto: las compañías grabadoras no repararon en él. Visca se aleja de la orquesta en 1934, a causa de problemas de salud originados por la depresión sufrida tras la muerte de su padre; D'Arienzo, con tenacidad, sigue. Veintiocho años actuó D' Arienzo en el Chantecler. Gardel y D'Arienzo se hicieron amigos. En una de tantas charlas, Gardel confiaba sus temores de viajar en avión. Faltaba poco para que el Zorzal se embarcase en la que sería su última gira al exterior; por verlo tan nervioso, D' Arienzo le recomendó que no subiera jamás a un aparato de ésos. Pero el cantor no hizo caso y el 24 de junio de 1935 moría en un accidente en Medellín, Colombia. Cuando recibió la noticia, D'Arienzo quedó amargamente impresionado y juró no subir nunca aun avión. Cumplió: a fines de los años sesenta es contratado para actuar en Japón, pero envía la orquesta y él queda en Buenos Aires. 


Nos acostumbramos al Gardel de las últimas fotografías, al apolíneo cantante de 76 kilos, vestido de smoking y con poses de estudio. Pero no siempre fue así. Más o menos hasta 1921 los retratos lo muestran invariablemente gordo, con sombrero "rancho de paja" o con peinado de raya al medio, como Florencio Sánchez. Hubo épocas en que se quitaba la faja y desplegaba un gran volumen, trabajado pacientemente con pucheretes en el viejo Tropezón.
Gardel luchaba contra la gordura con masajes, natación, pelota vasca y algo de gimnasia, pero a la salida de la YMCA (Asociación Cristiana de Jóvenes, en Paseo Colón 161) se internaba en la cantina Chanta Cuatro para recuperar, con buena ventura, lo perdido.
Véase lo que ha sobrevivido de la película "Flor de Durazno", de 1917; un Gardel con una masa digna de Las Violetas.
Hay al respecto una historia interesante, que contó el autor teatral Antonio Botta (1896-1969). Éste se encontraba en Suiza cubriendo para un diario porteño un campeonato de tenis. Allí trabó amistad con un tennisman inglés. Terminado el torneo, se fue a París acompañando a un jugador de la delegación argentina, y lo primero que hizo fue ir a saludar al Zorzal, que actuaba con notable éxito en un cabaret. Y justo allí volvieron a encontrarse Botta y el tennisman.
Botta y Gardel fueron invitados a pasar unos días en la residencia de la madre del inglés, donde se observaba la etiqueta hasta para ir al baño. Ya se sabe cómo son de ceremoniosos los ingleses.
Ocuparon unas fastuosas habitaciones. La dama de aquel palacete anunció que recibiría a tan ilustres invitados a la hora de la cena, con británica puntualidad y traje de gala.
Pero era la hora de cenar y Gardel no aparecía.
Llegó tarde, vestido así nomás; con aire campechano se acercó a la dama, omnipotente en la cabecera de la larga mesa, para decirle:
-Mi simpática señora, le hago una aclaración: yo acepto que el frac es una prenda muy elegante y distinguida, pero lo uso solamente cuando canto tangos. Permiso y buen provecho...
Acto seguido, se sentó y comió a dos carrillos.


El 15 de septiembre de 1931, en el diario Jornada se publicó una crítica adversa a una actuación de Gardel. Vale la pena reproducirla completa por varios motivos. Para empezar, no era frecuente que el Zorzal recibiera un comentario desfavorable; menos aún, tratándose de un amigo como Carlos de la Púa. Pero además esta crítica nos describe cómo era una presentación teatral del gran cantante y cómo solía reaccionar su público.

CHÉ, CARLITOS. ..LARGÁ LA CANZONETA
Anoche andábamos en banda por la ciudad con Discepolín -el punto más alto de la emoción milonguera- cuando llegamos al Broadway para oírte cantar. Desde la vereda de enfrente, para que no se nos piantara ninguna letra ni un detalle ni un foquito, campaneamos con orgullo el cartelazo yanqui que se fajó el amigo Álvarez en tu honor, en el frente del rascacielos "crioyo", y en un estado de ánimo macanudo entramos para oírte de nuevo, para escucharte con verdadera devoción, con profunda fe milonguera, embargados por el recuerdo porteño de tu voz que alumbró una hora "Iunga " y querida de nuestras vidas. Desensillamos en una platea pullman, tiramos el lente a la sala, que presentaba un aspecto magnífico, llena de mujeres hermosas, de puntos filipinos y tibia de entusiasmo. Pasaron unos minutos, que nos parecieron años por la ansiedad, cuando entre una descarga nutrida de aplausos apareciste vos... más pibe que nunca, más camba que siempre, repartiendo sonrisas como si fueran mangos. No hay nada que hacer Carlitos: Sos grato de verdad, sos canchero y entrador como ninguno; la sala entusiasmada aclamaba a su ídolo y fue entonces cuando, ante ese sostenido palmear de manos blancas de mujer y de curtidas manos de hombre, advertí el mejor homenaje a tus condiciones indiscutidas de cantor típico de un pueblo como el nuestro, taura para el amor y taura para el arte. Hicieron un paseíto preliminar las violas y en medio de un silencio impresionante tu voz de oro, tu voz que desde los piringundines reos de la ciudad arrastró con todos los corazones que encontró a su paso, fue poco a poco elevándose, transfigurándose, recorriendo toda la gama de la emoción hasta culminar en un sostenido final que hizo estallar la sala de aplausos. Ni una sola mano se quedó quieta: hasta los acomodadores aplaudían a la calandria criolla que tan alto hacía "tayar" el sentimiento. Después del primer tango vino otro, después otro, luego una ranchera y después... cuando la sala enardecida de criollismo en una hermosa confusión de chicas fifís y de reos pedía a gritos Mano a mano y Confesión... vos, Carlitos Gardel, el brillante puntero de nuestro corazón "orre", te adelantaste y con la misma serenidad y con la misma entonación que ayer ponías para decir: "Ahora voy a can tar un tango", dijiste: “Ahora voy a cantar una canzoneta napolitana..." Bueno, mirá, viejo, si en una de mis andanzas por el viejo mundo lo hubiera encontrado al Viejo Vizcacha del Martín Fierro fumando cigarrillos Camel, no me hubiera causado tanta sorpresa. Nos miramos con Discépolo y con nuestro lengue que sólo estaba acostumbrado a almacenar mocos, nos secamos una lágrima.
No podíamos creer lo que escuchábamos, ahí mismo sobre la Calle Corrientes, frente al público porteño que nunca le importó, tal vez, sino tu corazón y tu entonación porteña, donde vibra el alma de nuestro pueblo; vos, Carlitos Gardel, anunciabas una canzoneta. Parecía imposible y sin embargo era verdad.
Mirá, morocho, por llamarte como los muchachos de antes: Vos sabés bien que yo soy un amigo sin grupo, que en estas mismas páginas que la trabajan de recién nacidas me he jugado muchas veces en tu defensa, para señalar a cada rato la diferencia enorme que hay entre vos, milonguero clásico, y los otros milonguero de handicap.
Vos sabés bien que soy incapaz de tirarte, porque sería tirarme contra algo mío, como son las cosas que vos cantás y que te dieron nombre, pero siento la necesidad de decirte esto, que me sale del corazón: Largá las gringadas esas que serán muy bonitas pero que nosotros no las concebimos cantadas por vos.
No profanés, hermano, las cosas nuestras que te dieron gloria y guita alternándolas con esas macanas, que no nos interesan, no las sentimos y que...bueno.
No te dejés engrupir, Carlitos, largá a tiempo antes de que se pase el santo por el elemento rante y empiecen a disminuir los discos, que bien sabés que no los compran los bacanes.
Hacé como yo, que dejé el chamuyo inglés al desembarcar, junto con la propina del camarieri de a bordo.
Pensá que mañana se te puede pinchar un neumático y cuando te quedes en yanta... el amor del pueblo vale mucho, por eso no tenés que dar motivo para que pueda echarte nada en cara.
Tu querida Buenos Aires, la Calle Corrientes, La Cortada, los burros, el tango, la milonga, ésa es tu vida, tu verdadera vida; todo lo demás es grupo.
Abrite de esas cosas raras y algún día me lo vas a agradecer.

Carlos de la Púa.


La canzonetta que tanto molestara al cronista era "Como se canta en Nápoles" (Comme se canta a Napule), de E.A. Mario (pseudónimo de Giovanni Ermete Gaeta, 1884-1961).
Gardel no tomó en cuenta esta crítica. Con el acompañamiento de las guitarras de Guillermo Barbieri, Ángel Riverol y Julio Vivas, la graba al día siguiente (16 de septiembre de 1931), siendo luego publicada en el disco Odeón N° 18859, lado A.
(Aunque en el artículo de Carlos de la Opua figure con una sola "t", la grafía correcta es canzonetta)


Hace muchos años, el jingle del analgésico Geniol era la milonga "Venga de donde venga", de Antonio y Jerónimo Sureda. Con el tiempo, la gente olvidó (quizá sabiamente) su melodía y sus versos. Pero un día se redescubrió1a grabación (un disco no comercial que se difundía sólo por radio) y se dijo que el que cantaba era nada menos que Carlos Gardel.
Venga del aire o del sol
del vino o de la cerveza
cualquier dolor de cabeza
se quita con un Geniol. ..
Esto pasaba en 1981. Quien ponía el disco era Lionel Godoy, en uno de sus programas radiofónicos. Quien arriesgaba el nombre del cantante era Enrique Cadícamo. Pero lo real es que Gardel nunca grabó nada de los hermanos Sureda: la voz del disco era la de Carlos Marambio Catán. Vaya esta introducción como muestra de uno de los tantos registros que se le adjudicaron a Gardel, pero que éste no realizó jamás. Es un capítulo extraño en la historia del Zorzal. Forma parte de un inventario del todo apócrifo, dado por un vasto auditorio que no se resignó a su partida. A continuación se analiza parte de ese listado. Un buen ejemplo es el del famoso tango "Corrientes y Esmeralda", de Francisco Pracánico y Celedonio Flores. Gardel lo habría grabado cambiando uno de sus versos. Allí donde Flores escribiera ". ..sueña con la pinta de Carlos Gardel", el Zorzal (que detestaba ponderar sus propias virtudes) habría cantado ". ..sueña con la pinta de Charles Boyer". O quizá la variante de ". ..sueña con la pinta de Maurice Chevallier", lo que también hubiera sido apropiado para el caso: ambos actores gozaban, a comienzos de los años treinta, de una popularidad respetable. Pero no existe tal grabación. Hay ciertos indicios (no del todo verificados) de que Gardel tuvo alguna vez a "Corrientes y Esmeralda" en su repertorio; sin embargo, al disco no lo llevó jamás. Basta con revisar el libro ordinal de matrices de la empresa Odeón, a la que Gardel pertenecía por aquellos años. "Agua florida", de Ramón "Loro" Collazo y Femán Silva Valdés, es otro de los tangos que muchos dicen haber escuchado por Gardel. No sólo no lo grabó nunca, sino que difícilmente se hubiera atrevido a hacerlo: el tema había sido comprado por la empresa Victor en una época en que Gardel tenía contrato exclusivo con Odeón. De hecho, las grabaciones de aquellos años fueron efectuadas en Victor: Alberto Vila (e12 de abril de 1928) y Luis Petrucelli y su Orquesta Típica (e19 de agosto de 1928). "Muchacho", de Edgardo Donato y Celedonio Flores, tampoco tiene un registro por Gardel. A menudo se ha asociado "Muchacho" con "Agua florida". Pertenecerían a una misma placa, en la que del lado A estaría "Agua florida" y del lado B, como acople, "Muchacho". Nunca salió a la venta un disco así, por la sencilla razón de que jamás fue hecho. Para peor, al intentar corregir esta historia se dice que "Muchacho" era propiedad de Victor, como lo era "Agua florida". Tampoco es correcto: Ignacio Corsini lo deja en Odeón, la empresa rival, en 1925. Los memoriosos recuerdan "El carretero", canción criolla del payador Arturo de Nava, en versión del dúo Gardel-Razzano con el acompañamiento de Roberto Firpo y su Orquesta Típica. Los memoriosos y los embusteros, porque el dúo graba "El carretero" con las únicas y humildes guitarras de José Ricardo y Guillermo Barbieri. Un señor juró cierta vez que poseía un registro inédito del Himno Nacional Argentino en la voz de Carlos Gardel. Alguien no pudo tolerarlo, y se animó a mentirle:
-Es una versión muy conocida. Lo acompaña la orquesta de Francisco Canaro...
A lo que el señor contestó, embarrando más todavía:
-Sí, sí, claro... Pero también lo tengo con guitarras... 
Julio Fava Pollero, compositor y director de orquesta, afirmaba que Gardel le había grabado su tango "El trovero", pero que no se había puesto a la venta por razones que ignoraba. Lo que también ignoraba Pollero era que Gardel se refería a un tema homónimo. Se trataba de "El trovero" (Yo te imploro), vals de Agustín lrusta y Rafael Tuegols, que había grabado el 22 de julio de 1927 (disco Odeón N° 18.217, lado A). Hay casos complicados, como el de un "disco fantasma". El primer intento por ordenar una discografía de Carlos Gardel fue el de la revista Tanguera, a comienzos de la década del cuarenta. En sus páginas se escribió que el disco Odeón N° 18.202 correspondía a los tangos "Justicia criolla", de Francisco Brancatti y Rafael "El Rata" Iriarte, y Ladrillo, de Juan de Dios Filiberto y Juan Andrés Caruso. Se apuraron las hipótesis para justificar por qué, entonces, nadie había escuchado jamás estos temas por el Zorzal. La verdad es que Gardel no los grabó y que el disco 18.202 no existió nunca. El 18.201 traía "Beso ingrato" y "Oh, París"; el disco que debió seguirle, "Fea" y "Perdón viejita", por error repitió este número en la etiqueta, aunque el que se retiró de la venta fue el primero. Pero no hubo una corrección del 18.202: la placa siguiente, "Barrio reo" y "Abuelito", llevó directamente el 18.203. Francisco García Jiménez menciona grabaciones para discos Atlanta y Era. Gardel no perteneció a estas empresas en ningún momento de su carrera. Aunque siempre aparece alguien que dice tenerla, nunca hubo una versión por Gardel de "La pulpera de Santa Lucía", vals de Blomberg y Maciel. Ni de "La noche de San Juan", tango de Ginzo y Dolard. Ni de "Toque de oración", tango de Yamandú Rodríguez. Ni de "Vos andá que te conviene", tango de Víctor Lomuto. Ni de "Tu olvido", vals de Vicente Spina. Ni de "Al pie de tu reja", tango de Manuel Pizarro. Ni de "Al gran bonete", ranchera de Gabriel Clausi. Ni de dos temas de Eduardo Bianco, ni de un lote de matrices inéditas hechas para el sello Columbia entre 1912 y 1917, ni de una serie de registros hechos en Joinville (Francia), ni de dos canciones italianas dedicadas a la esposa de José Razzano, ni del tango "Cuando tú me quieras", ni del celebérrimo "Cambalache". El etcétera se prolonga con generosidad. Éste es apenas un catálogo parcial de grabaciones que se le atribuyen a Gardel. Nunca las hizo. Y es una lástima.

Fuente, el sitio desaparecido: http://www.carlosgardel.8m.com/anecdotas.htm

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