Miércoles
14 de agosto de 2002
ARTISTAS
Y COMPAÑIA: BRUNO CESPI
El ángel de la guarda
Es uno de los más
grandes coleccionistas de Gardel. Tiene más de seis mil discos, otras tantas
partituras previas a 1920 y cerca de ocho mil fotografías.
IRENE AMUCHASTEGUI.
La
silenciosa pasión del coleccionismo —a la que el tango debe buena parte de su
memoria—, arrastró a Bruno Cespi hasta los años 20 y
aún más atrás en el tiempo, y convirtió su casa de Paternal en una de las
más valiosas reservas documentales de las primeras décadas del género. Allí
David Tito Roccatagliatta, el Johnny Prudencio Aragón o
Manuel O. Campoamor —pioneros de quienes atesora grabaciones inhallables—
son menciones habituales, y el Gardel acústico una presencia
cotidiana.
Cespi tiene 77 años y una trayectoria como coleccionista financiada desde los
18 años al volante de un camión arenero. Unos seis mil discos, otras tantas
partituras anteriores a 1920 y cerca de ocho mil fotografías originales
—pilas, cajas y cajones—- son el resultado de su perseverancia de medio
siglo.
Hay grabaciones imposibles (Juan Carlos Cobián tocando la guitarra), ediciones
desconocidas (El acorazado Rivadavia o El cachorrito, de
Villoldo), imágenes insólitas (una galería de retratos infantiles que incluye
a un Charlo niño, un Alfredo Gobbi bebé, un Aníbal Troilo con caballito de
madera). Se diría que el valor que confiere a cada pieza es inversamente
proporcional al interés que puede despertar en el neófito: "Conocí el 30
y me volví loco, pero resulta que después fui del 27 para atrás y casi me
muero, no sé por qué causa empecé a rastrear los cuartetos de las primeras
épocas y me apasioné. En fin, junto cosas raras".
Amigo del violinista Elvino Vardaro y del poeta Enrique Cadícamo, habitué del
legendario Palermo Palace donde "el famoso Milonguita iba bordando
la pista", hoy Cespi forma parte del círculo que con el correr de los
años, a medida que el campo y el número de los coleccionistas se fueron
reduciendo, se fue cerrando con los aficionados que seguían en actividad, y del
que participan también "algunos muchachos jóvenes muy conocedores, como
Pablito Taboada o Fabio Cernuda". En los últimos años, se dedicó a
viajar varias veces a España y también a México y Alemania, llevando parte de
su voluminoso material para exposiciones y conferencias ilustradas.
Aunque está lejos de ser el tema excluyente de Cespi, Carlos Gardel es sin duda
una de las estrellas de su colección. Más allá de la discografía completa en
edición original ("antes había material, la podías armar diez
veces", minimiza Cespi) y de la asombrosa colección de fotografías
originales, ha logrado reunir cartas, postales, cheques y diferentes documentos
personales del cantor, objetos que acaban de robarle.
El coleccionista desdobla una hoja de carpeta que lleva en el bolsillo plegada
en ocho, y que debe haber repasado infinitas veces a juzgar por los surcos
marcados: es una lista de efectos personales de Carlos Gardel que alguien, no
sabe quién ni en qué momento y circunstancias, se llevó de su casa en estos
días. "Yo no me considero el dueño, soy el custodio de estas cosas. Es
grave que no se sepa dónde están porque son patrimonio cultural", afirma
Bruno Cespi.
La mera lista manuscrita es una minibiografía gardeliana: libreta de
enrolamiento, carnet del Jockey Club, carnet de la Sociedad Internacional de
Artistas de Varieté, carnet del Club de Pescadores, carnet de Max Glucksman,
dos cheques; foto postal dedicada: "Querida Isabel: para que no te olvides
de este grone que te adora"; foto postal dedicada: "A mi
querida mamita, su hijo Carlitos"; varias fotos más...
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