Razzano: Sus recuerdos de Gardel

Con emotiva nostalgia, José Razzano, en el año 1945, 
cuenta de su primer encuentro con Carlos Gardel en 1911


por Francisco García Jiménez 

-¡Lindos tiempos los del Centenario!...-nos dijo con emotiva nostalgia don José Razzano cuando en 1945 (con sus 58 años cumplidos y a 10 de la muerte de Gardel) le pedimos que contara con precisión cómo conoció al que fuera su compañero artístico. Lo hizo, y nuestra pluma tuvo el privilegio de ser la que, a su vez, satisfaciera la curiosidad pública por conocer el origen del célebre dúo Gardel- Razzano. 

La validez de la biografía corregida y ampliada que hoy ofrecemos, reside en mantener intactos los testimonios indubitables. Nadie pudo referirse con mayor autoridad que Razzano a esa parte de la vida de Gardel que él compartió, y en tal razón lo que corresponde es mantener en los capítulos siguientes el contexto de aquel relato exclusivo. 

En 1910, José El Oriental (nacido en Montevideo en 1887) tenía 23 años floridos y enredados siempre en la ”rongacatonga” de fiesta y fiesta, en la despreocupada amistad y las inagotables ganas de cantar lo que le pidieran... Bien pasada la medianoche era sitio común de su reunión un café de la esquina de las calles Entre Ríos y Moreno: el café de El Pelado (como llamaban al local con referencia a la monda cabeza del dueño). Allí estaba en rueda de amigos, jugando al gofo, cuando José volvía de recoger aplausos en alguna tenida de señorones aficionados al canto nativo. Por esa tertulia nochera del café de El Pelado se asomaban otros muchachos que tendrían luego relieve notable en el mundo del arte. Y ese mismo café, en una noche del año 1910 mencionado, se ensombreció con una noticia triste. Un contertulio llegó para anunciar la muerte de su hermano en Milán. Su hermano era Florencio Sánchez. ....Entre la gente de la partida tallaban fuerte hombres de actividades comerciales, ajenos a la farándula; pero acaso, los que alentaban las calidades de cantor de Razzano, El Oriental. Eran los más apasionados Enrique Falbi y Luis Pellicer. 

Una noche de 1911 escuchan con escepticismo a alguien que aparece por el café haciéndose lenguas de un cantor.-¡Hay que oírlo a El Morocho! – ¿El Morocho se llama?- Así es. Llega Razzano y el de la noticia lo interpela: ¿Oyó cantar al Morocho?—No. ¿Y usted?--¡Yo sí!--¿Dónde lo oyó?—Anoche, en Barracas... Falbi y Pellicer estaban intrigados : ¿--Vos lo conocés, José? – Personalmente no. Pero las mentas de ese cantor me llegan de todos lados. Un día me dicen que lo han oído por el barrio de La Boca. Otro día, que en Corrales. Oyó cantar a El Morocho?. Ya hay tema fresco para los comentarios del café...Lo que más le pica a la rueda de Moreno y Entre Ríos es no ubicar bien a ese cantor mentado, y encontrarse de repente con las mentas de sus triunfos sin estar avisada de sus comienzos. -Lo nombran El Morocho...Será un trigueñito flacucho que supo andar con Pancho Martino??...(Este informa que no es)...-¿O un provincianito del Sur, buen payador, que salía con el Centro de Los Leales?...(Tampoco)...... -Que cante todo lo bien que pueda, de eso no hay miedo; porque para hacerlo mejor que El Oriental tendrá que darle mucho juego al naipe. Pero por Dios...que se vea.... Y se vió...Si había alguien que tuviera ascendiente sobre Razzano ese era Luis Pellicer.. Y fué en el propio café de El Pelado donde Pellicer le espetó a boca de jarro estas palabras a El Oriental, estremeciendo de entusiasmo a los contertulios: El Morocho es del Abasto, y lo conoce a un amigo mío: Gigena. Mañana a la noche quiero que te topés con él, en la casa de ese señor Gigena, para que le bajés el copete. Razzano aceptó lo de la topada...y pensó para sus adentros que lo de bajar el copete era demasiado alarde cuando no se conocían los valimentos del otro gallo.

La cosa fue por el Mercado de Abasto, en una casa de la calle Guardia Vieja, donde vivía el tal señor Gigena, al que, por cierto, se lo recuerda como gran pianista. Por gentil invitación del dueño de casa y porque el acontecimiento ya tenía una natural atracción aunque no hubiera sido divulgado, aquella noche de 1911 había aproximadamente treinta personas en la amplia sala baja con dos grandes ventanas sobre la citada calle, detrás del mercado. Razzano llegó con su amigo Pellicer y salió a recibirlos el señor Gigena. Con cierta confusión producida por el interés del encuentro y las pertinaces recomendaciones de lucimiento que su amigo le hiciera por el camino, El Oriental, saludando cortésmente, llegó al centro de la sala. Entonces vio que se adelantaba hacia él un joven muy grueso, de agraciadas facciones, peinado al medio, trajeado de negro, con corbata voladora y zapatos de charol. Bien predispuesto, Razzano abarcó de un vistazo la atrayente simpatía que irradiaba El Morocho. El señor Gigena los presentó: - Carlos Gardel.....—José Razzano -. Se estrecharon las manos con calor; sin recelos. – Me han dicho que usted canta bien—dijo El Morocho--. Me defiendo...---respondió modestamente El Oriental. Pero las mentas suyas son grandes... Gardel, sin contestar, inclinó la cabeza en agradecimiento al obvio elogio. ---Celebro mucho cantar con usted –agregó Razzano. –Y yo igualmente, amigo –contestó Gardel. Ya estaba sellado, virtualmente, un pacto de no agresión. El torneo adquiría de golpe el cariz que deseaba Razzano. No se trataba de bajar copetes, sino de que cantaran mano a mano dos mozos con fama de que lo hacían bien. Hubieron las restantes presentaciones de rigor entre el recién llegado y los invitados. Una vuelta de licores puso más cordialidad en la tertulia. Gardel bebió una copita de ginebra. Razzano una de coñac. Y apareció, en medio de la rueda, la guitarra, con su torso femenino invitante al abrazo. Con innata cortesía criolla hacia el huésped, se la brindaron a Razzano. Templó éste. Se hizo un silencio de iglesia. Y la clara voz de tenor dijo armoniosamente la cifra: 

Entre colores de grana
rey del espacio celeste
el sol se asoma en el este
con majestad soberana
Ya la golondrina ufana
emprende su aéreo viaje
y a jugar con el oleaje
bajo aquel cielo sin bruma
en lo blanco de su espuma
tiende su negro plumaje.

Al finalizar Razzano, prorrumpieron todos en grandes pruebas de aprobación, y fue el más generoso en ellas el propio Gardel. Le pasó la guitarra, a su vez, El Oriental y, tras unos rasgueos, El Morocho entonó con hermosa voz de barítono las estrofas de un estilo:

Anoche mientras dormía
de cansancio fatigado,
no sé que sueño adorado
pasó por la mente mía;
soñé que yo te veía
y que vos me acariciabas,
que muchos besos me dabas
llenos de intenso cariño
y que otra vez como un niño
llorando me despertaba.

Con la última nota, Razzano se levantó para abrazarlo. El entusiasmo de los felices asistentes a la tenida, no es descriptible. Los ¡bravo!, los ¡muy bien!, los ¡canten otra!, con admiración sincera, fueron repitiéndose. Y entre pase y pase de guitarra, copla va y copla viene, traguitos y comentarios, llegó el amanecer y, con sus luces, el final de aquella noche memorable. Los dos cantores, noblemente hermanos por la puja del arte criollo, salieron juntos y a poco andar se despidieron: -¿Dónde lo puedo ver? –preguntó Gardel.... Y le contestó Razzano con la simplicidad de las cosas que llevan el destino de ser las definitivas: --En el café del Pelado: en la esquina de Moreno y Entre Ríos.

Transcripcion por: Angel Yonadi, 10/20/2002


Del libro CARLOS GARDEL Y SU ÉPOCA, de Francisco García Jiménez (1976)

La 1º edición data de 1946. Luego, en años inmediatos, se conocieron sucesivas reediciones, hasta que el rótulo de agotado prolongó un silencio inexplicable e inmerecidamente pertinaz con aquella primera biografía formal de Carlos Gardel. Ahora, reelaborada y ampliada por su autor, la biografía del zorzal criollo tiene, por fin, un destino justo: la edición definitiva, decantada por el tiempo, y además escrita por un amigo íntimo de Gardel y de su compañero artístico José Razzano, un poeta como García Jiménez, que tuvo el privilegio de ser interpretado en 18 compoisiciones por el mitológico y legendario Carlos Gardel. La vigencia de este libro está dada por sus propios protagonistas , y esa dura y dulce nostalgia a la que, dificílmente, podrán escapar aquellos que vivirán bajo el hechizo de una voz imposible de borrar desde cualquier distancia u olvido... Ediciones Corregidor, 1976.

Francisco García Jiménez (1899-1983)
Periodista, comediógrafo, guionista de peliculas y autor de varios volúmenes sobre el tango.


Otros articulos por Francisco García Jiménez:

Carlos Gardel: "Los faisanes del Abasto"
An article on how Gardel met Razzano and his favorite recipes in Abasto restaurants.


Sign our Guestbook
Firmar libro de visitas
Chat with others in our Gardel Web Forum
Converse con otros gardelianos en el foro Gardel Web

Email logo Send us your comments Email logo
Envienos sus comentarios

Search our Gardel Site:
(Buscador de Gardel Web)
For additional search engines, click here

Search term:
Termino de busqueda:
Look for a word or phrase:
Buscar por palabra o frase:
Results per page:
Resultados en cada pagina:
Match whole words only:
Unicamente frases completas:
Yes No
Case sensitive search:
Busqueda por caso sensible:
Yes No

Carlos Gardel Home Page logo

Last update: November 05, 2004

Copyright © MMIV Jack Lupic // Todos derechos reservados

NO PART OF THIS SITE (IMAGES AND
CONTENT) MAY BE USED (COPIED,
RETRANSMITTED, ETC.) WITHOUT A PRIOR
APPROVAL BY THE AUTHOR.