EAF/Liber CINE GARDELIANO

Las películas de Alfredo Le Pera

Jack Perkins presentó “Carlos Gardel” en Biography (A&E Mundo, 23/6/02).Alfredo Le Pera Narrado por Ali Rondon, el documental reiteró los lugares comunes y los errores históricos de la trayectoria artística y vital del personaje evocado. Complacientemente abundó en sus aspectos tópicos anteponiendo la leyenda a la historia. Recién en el tercer bloque se puso en acto un aspecto de interés. Alfredo Le Pera como factor del suceso Gardel. 
    Para millones de admiradores del mítico artista, resultó una sorpresa advertir a Le Pera en Biography. Autor y letrista, esquivo como pocos, siempre sostuvo un perfil bajo. ¿Cómo fue aquella asociación? Gardel-Le Pera ¿sólo autores de melodías como “Volver” y “El día que me quieras”? ¿Una corporación? ¿Una hermandad? 
    Un relevamiento descubre a Le Pera como un artista-empresario con ideas anticipadas a su época, intuitivo de modos de representación y producción de imágenes. Alfredo Le Pera, el artífice del «mythos» Gardel.-

TERRIBLE

    ¿Encubrimiento, ocultación? 
    Pese a su notoriedad, es poco lo averiguado sobre el áspero Alfredo Le Pera. 
    Nacido en Sao Paulo, Brasil, el 6 de junio de 1900, fue el segundo hijo del matrimonio de Alfonso Francisco de Paul Le Pera y María Sorrentino Moreno, después de Rodolfo, prematuramente fallecido. También fue hermano mayor de Elvira y José. Sus padres, inmigrantes italianos de Cosenza, Calabria, llegaron a Buenos Aires en 1898. Tenían buen nivel social. La dinastía Le Pera, miembro de la burguesía industrial italiana, estaba en el negocio del aceite. Alfonso llegó a Sudamérica estableciendo un eje entre Buenos Aires y Sao Paulo para comercializar el producto de la familia. 
    Alfredo hizo su primaria en la escuela “Gervasio Posadas” y la secundaria en el colegio nacional “Bernardino Rivadavia” mientras se entrenaba en piano con Alfonso de María en el conservatorio privado “La Salvia”. z
    En el bachillerato tuvo como profesor de literatura a Vicente Martínez Cuitiño quien lo inició en la estética del modernismo: Darío, Nervo, Lugones. El docente también era autor teatral. “La fuerza negra”, “Mate dulce” y “El malón blanco” eran obras inscriptas en el realismo del teatro “libre” de André Antoine. “La humilde quimera”, “Los soñadores” y “La Proa” incluían fondos personalizados más psicológicos. “Horizontes” y “El espectador o la cuarta realidad” sorprendían por su vanguardismo. Por intermedio de Martíñez Cuitiño, Le Pera conoció a José Ingenieros, a Alberto Vacarezza y Julio F. Escobar. 
    Por complacer a su padre se inscribió en la Facultad de Medicina. Allí cursó junto a Vicenta Rodolico, “La China”, una novia perpetuamente enamorada de él. 
    En Medicina también se conoció con Luis César Amadori. Por intermedio de Julio F. Escobar, ambos ingresaron a la sección Espectáculos del diario Última Hora. Allí destacó como hombre de la noche y el ambiente teatral. Luego ingresó a La Acción y El Telégrafo donde fue jefe de la Sección Teatros. 
    El 24 de diciembre de 1927 debutó como coautor, junto al empresario teatral y cinematográfico Humberto Cairo, con la revista “La sorpresa del año” estrenada en el Teatro Sarmiento. Luego estrenó “Los modernos mandamientos”, escrita con Alberto Ballestero y D. Gainza, “¡Qué quieren los brasileños!”, “Piernas locas, rojas bocas”, “La vida se va en canciones”, “Está abierta la heladera”, “Ya están secando con Broadway” y “La plata del Bebé Torres”, escritas con Pablo Suero y Manuel Sofovich, “Ópera en jazz”, “Piernas de seda” y “Un directo al corazón”, con Antonio De Bassi, Antonio Botta y Carlos E. Ossorio y “Gran Circo Político”, con Hans Dierhammer, entre otras, destacándose “Melodías de arrabal”, con Suero y Sofovich. 
    Por entonces se habría involucrado con Carmen Lamas, vedette de la compañía de Enrique Santos Discépolo. También se involucró con una bailarina de la primera fila, Aída Martínez. Puestas las cosas así, Le Pera interrumpió su carrera en Medicina, en cuarto año, rompiendo relaciones con Vicenta. Aquello no sólo fue una jornada de duelo en la familia. También fue el comienzo de su carestía.

    Según Jorge M. Couselo, Le Pera tenía fama de culto y antipático, buen lector y pluma suelta. Conforme a Jacinto Fernández ostentaba un carácter “un poco raro”; no era “excesivamente cordial” ¿Un hombre triste? “Taciturno” según Edmundo Guibourg. Era de estatura baja y fea voz. “Acomplejado” de acuerdo a Mona Maris. Con una expresión de eterno enojo conforme a Terig Tucci; “sus miradas de soslayo, con sus ojos grandes y saltones, aniquilaban”. Tenía sentido del humor, aunque “un poco oblicuo”. Le Pera hizo celebridad de mal bicho con talento; un “hombre terrible”. Libídine.

    Su romance con Aída fue adquiriendo contornos trágicos. Había hecho una enfermedad de las vías respiratorias que solo fue agravándose. En 1927, Le Pera se la llevó a Europa en un intento por salvarle la vida en un sanatorio suizo. También estuvo en París acompañando al empresario teatral Mariano Hermoso. Tras una intervención quirúrgica, Aída falleció y Le Pera volvió a Buenos Aires. 
    En 1928 se vinculó al cine por medio de la empresa United Artists. Del teatro de revistas Le Pera se cruzó al cine de Hollywood. 
    Fundada por B. P. Schulberg como rival de Paramount Pictures, Fox Film, Universal Pictures y First National, United Artists accedió al cine hablado en sistema Movie Tone bajo dirigencia de Joseph M. Schenk. Para este sello Le Pera tradujo anónimamente al castellano los parlamentos de sus películas redactando los subtítulos sobreimpresos. “The Iron Mask” (1929), “Reaching for the Moon” (1930) y “Mr. Robinson Crusoe” (1932) con Douglas Fairbanks, “Coquette” (1929), “The Taming of the Shrew“ (1930) y “Kiki” (1931) con Mary Pickford, fueron sucesos artísticos y taquilleros del momento. 
    Asimismo Le Pera trabajó en varias películas del gran director David W. Griffith, el creador del modo clásico de la representación cinematográfica. Sus títulos son “The Battle of the Sexes” (1928) con Phyllis Haver, “Abraham Lincoln” (1930) con Walter Huston y “The Struggle” (1931) con Hal Skelly. También intervino en una película de Charles Chaplin, “City Lights” (1931) que -pese a ser sonora- no era hablada. Le Pera se limitó a traducir los intertítulos. Esta película fue su única vinculación con el cine mudo. 
    En 1930 compuso la letra de su primer tango, “Carrillón de la Merced”, durante una gira por Chile con la compañía de revistas de Mario Bénard. Allí estaban Tania, Alicia Vignoli y Carmen Lamas. Sin actuar, Enrique Santos Discépolo acompañaba a Tania. Alojados en un hotel frente a la Iglesia de la Merced, al oír su carillón, Le Pera y Discépolo redondearon el tema: “Yo no sé por qué extraña / razón, encontré, / Carrillón de Santiago / que está en la Merced, / en tu son inmutable / la voz de mi andar, / de viajero incurable / que quiere olvidar”.
    Se cuenta que este tango, interpretado por Tania en el Teatro Victoria de Santiago de Chile, salvó a la gira del desastre financiero. El tema fue grabado por Ignacio Corsini en Odeón. Años después, en 1934, lo publicó la editorial de Julio Korn. 
    Como corresponsal del diario Noticias Gráficas, en 1931, Le Pera viajó nuevamente a París. Allí se involucró con una bailarina de ballet británica. Un romance, al fin, condenado por la distancia y los compromisos profesionales. Como corresponsal, entre Londres y París, Le Pera se entrevistó con Josephine Baker, René Clair, Marlene Dietrich y Alfred Hitchcock. De igual forma estuvo en Roma y Berlín. 
    Conjuntamente se producía el encuentro de Le Pera con Gardel. Un mar deCarlos Gardel and Alfredo Le Pera - 1935 versiones lo rodea. A cómo de lugar, el “Dr. Livingstone, supongo” del cantante y el escritor, originó la corporación artística y profesional «Gardel-Le Pera». 
    Los hechos demostrarían una exquisita química entre ambos. Un compuesto como el de Richard Rogers-Oscar Hammerstein II y John Lennon-Paul Mc Cartney. 
    Mientras se filmaban sus películas, Le Pera planificó una gira por América latina. Una serie de recitales por Centroamérica, el Caribe y Sudamérica; el «spanish-speaking market». La gira, planificada en barcos, trenes y aviones, tuvo un final trágico. El 24 de junio de 1935 todos cayeron en el siniestro del aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, en el departamento de Antioquia, Colombia. 
    Para la leyenda del tango y como paradigma de la música popular latinoamericana, Le Pera quedó asignado como un refinado letrista. Tanto en los fílmicos como en los discos la firma Gardel-Le Pera desarrolló un repertorio aún vigente en la superficie virtual del cable, el vídeo y la red de redes. Está en CD’s y DVD’s. Como un contrasentido, por encubrimiento u ocultación, poco o nada se conoce del autor de este prodigio. Sólo se recuerda su carácter áspero. Al hombre «terrible».

    Millones de admiradores de Gardel ignoran la contradicción de Le Pera. Sus pulsiones románticas en un cerebro clásico. Un artista capaz de batallar presupuestos y negociar contratos y de inducir sentimientos y emociones. Como cineasta anticipó actitudes contemporáneas. Algo flota en sus películas. Plectro. Cierta substancia misteriosa. Una individualidad en las imágenes. ¿Dispositivo? ¿Fondo personalizado? 
    Su trayectoria cinematográfica tampoco se comprendería sin la filosofía empresaria de Paramount Pictures Inc., uno de los establecimientos mayores del cine norteamericano y el más impregnable a las formas abiertas. Durante la crisis mundial de 1930 la oficina principal determinó un organigrama empresario disponiendo una «west coast production» en el West Hollywood, California, a cargo de Paramount Pictures y una «east coast production» en Queens, Nueva York, a cargo de Paramount International; como extensión europea, también estableció una producción en Joinville-Le-Pont, Francia, a cargo de Les Studios Paramount dependiente de la división internacional. Siempre secundado por su autor, el cine gardeliano transitó de Les Studios Paramount de Joinville (“Espérame”, “Melodía de arrabal” y “La casa es seria”) a la Paramount International de Queens (“Cuesta abajo”, “El tango en Broadway”, “El día que me quieras” y “Tango Bar”) y Paramount Pictures en el West Hollywood (“Rumba” y “The Big Broadcast of 1936”). 
    Sólo hay que imaginar a Le Pera con un Conté haciendo versos y cómputos. 
    Es el suyo un cine culto y popular. Rebosante de literatura y de teatro, colmado -al mismo tiempo- de metáforas y armonías costumbristas. Contrasentido de melodrama sin moralina. ¿Autobiográfico? Hay algo existencial en sus intuiciones estéticas. 
    Atrae su cinismo ante el cumplimiento de la moralidad. Le Pera es escéptico del crecimiento moral. Su personaje vive en un mundo donde se funda una ética individual, donde los valores son otros, subjetivos o desembarazados. Si algo contrasta al cine gardeliano con la producción de la época es el desprecio por la moral burguesa, lo institucionalizado por costumbres societarias. 
    ¿Quién no conoce las letras de sus canciones? “El día que me quieras” es inextinguible. Un hit permanente para cantantes y ejecutantes, eruditos o populares. 
    “Cine Gardeliano. Las películas de Alfredo Le Pera” comprende al cineasta. El primer reconocimiento sobre el nomenclátor de su filmografía, “Historial”, será periodístico; el segundo, “Teoresis”, apunta a un conocer científico. El texto admite dos agregados: “Memoranda” y “Alternativa fáctica”. El primero complementa al nomenclátor. El segundo transfigura emotivamente la historia. “Cine Gardeliano” sugiere esta presunción: Le Pera ¿autor del ícon, del «mythos» Gardel? 

Silvestre Byrón. EAF/Liber,2003.- 
www.geocities.com/eaf_underground 
www.geocities.com/eaf_iniciacion

Publicado con permiso de Silvestre Byrón, el 25 de abríl de 2003
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    Hay películas que tienen destinos diversos. Algunas se convierten en clásicas u objetos de culto. Otras se pierden. Ya sea por el desgaste o la imprevisión. También hay películas que son abandonadas. Generalmente por la abjuración de sus autores. En el underground argentino el micrometraje “El día que me quieras” (Natacha Moneda, 1974) evidencia un caso de abandono. Pero, cosa más rara, también de resurgimiento. Su estreno por Internet. Por un lado aporta la cuestión del cine y la literatura (texto cinematográfico-texto literario) al representar un poema en imágenes. Por el otro, pone en evidencia procesos de creación inherentes al MRO. Prácticamente desconocida, esa película también resalta perfiles característicos de los años 70 que la hacen levemente “mitológica”. Fuente: Hoja de Información EAF y Silvestre Byrón.

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