PAYADAS DE COMITÉ
Por: Francisco García Jiménez

Nuestra búsqueda de testimoniales de los comienzos de Gardel, nos llevó afortunadamente un día a un diálogo con Carlos Dedico, hombre de abundosas amistades nocheras, quién fuera en vida un ameno cronista de turf bajo el seudónimo de “ Ordenanza”. Dedico nos relató como conoció a Gardel en 1907, estando en un comité electoral ubicado en la esquina de Cevallos y Cochabamba. 

El hombre de “ arrastre” en esa parroquia de Constitución era un tal Rabbione, y uno de sus principales méritos era reunir, noche a noche, en payadas de rompe y raja, a Cazón, Betinotti, Caggiano, Curlando, Galíndez, y Ramón Vieytes. Una plana mayor, como se ve.Cualquiera de esas noches apareció por el comité Constancio Traverso, que en la sección electoral novena (Balvanera Oeste) acaudillaba a la muchachada guapa respondiéndole a don Gregorio de Laferrere –el ingenioso comediógrafo de Las de Barranco, Locos de Verano, y Jettatore—que tenía su buen capital político en la entonces denominada Asociación Popular. Acompañaba a Traverso, al llegar a la casa de la calle Cevallos, su amiguito El Morocho. Este se arrinconó modestamente escuchando con respetuosa atención lo que cantaban los payadores. ( Por aquellos tiempos, en la lides del canto nativo solo obtenía grado de estimación el que cantaba estrofas de su propia cosecha y, con preponderancia, quien las improvisaba en la ocasión: vale decir el payador. Puede contarse entre los mejores títulos de Gardel el de haber sido luego el primer cantor criollo capaz de conquistar legiones de admiradores apasionados sin tener facultades de verseador y concretándose a entonar, con recursos invalorables, las estrofas de otros.) Pasó un rato. El comité se había animado con los contrapuntos, que tantas veces resbalaban temerariamente hasta el borde de la pendencia: 
“ Alguien que la va de guapo
 y en lo fiero s’echa atrás
es poncho de poco trapo:
purito fleco, nomás.........
Rabboni, que era el único de los de allí que conocía a el amiguito de Traverso, se le acercó: --¿Por qué no te apuntás con una canción, Morocho?’---¡Avise.....—le contestó Carlitos, alarmado--. ¿Qué quiere que haga yo con estos nenes?....----No te achiqués, muchacho...Sí, ya sé: ellos son payadores. Y bueno... Vos, en cambio sos un mocito cantor sin pretensiones, pero que tenés una voz macanuda. Cuando cantés les vas a ganar el corazón a todos.... El Morocho así animado tomó una guitarra, la templó, y ante la general expectativa comenzó a cantar:"
A mi nada me faltaba
cuando mi moro tenía
libre era cuando quería,
ni guapetón me alcanzaba
ni alcalde me perseguía
cuando mi moro tenía"
..... Se cambiaron los papeles. Los payadores lo escucharon a él con atención. Lo felicitaron a coro. Le pidieron más canciones. Y casi clareaba el día, cuando con el comité colmado de público entusiasta cerró El Morocho la victoriosa jornada con aquella canción que al salir de sus labios tenía la temperatura de sus metáforas: 
"Sos la tibia resolana,
que calienta mi existir"
.....De la calle Cochabamba volvió Gardel en aquel amanecer de 1907, acompañando a su amigo Constancio Traverso y a su recién conocido Dedico, rumbo a las callejuelas del Abasto. --Hiciste capote, pibe -comentaba Constancio alborozado. El Morocho, con un gesto vago se achicaba, sin pose. Le nacía pura y sin vueltas, de muy adentro, la clase que habría de ser su trampolín supremo para ganarle un día al " mano a mano" a las alturas. --No se me hace el campo orégano, Constancio. Ya sé que me luzco con mis gorgoritos. Pero esos payadores tienen el gran rebusque de los versitos que sacan de la cabeza...--¿Versitos?...Bah. Muchos de ellos no tienen más que tierrita...--No crea, cuantas veces me digo:¡Si yo supiera improvisar como esos tiburones!... Ya los bañaban las luces del nuevo día y los tres viandantes, al ritmo de sus comentarios y sus pensamientos, seguían pisando los empedrados de la ciudad de 1907. El pibe morocho no sabía que su estrella no era improvisar", sino "ser"; ser de una vez; ser para siempre, sin analogías.

Francisco García Jiménez


Del libro CARLOS GARDEL Y SU ÉPOCA, de Francisco García Jiménez (1976)

La 1º edición data de 1946. Luego, en años inmediatos, se conocieron sucesivas reediciones, hasta que el rótulo de agotado prolongó un silencio inexplicable e inmerecidamente pertinaz con aquella primera biografía formal de Carlos Gardel. Ahora, reelaborada y ampliada por su autor, la biografía del zorzal criollo tiene, por fin, un destino justo: la edición definitiva, decantada por el tiempo, y además escrita por un amigo íntimo de Gardel y de su compañero artístico José Razzano, un poeta como García Jiménez, que tuvo el privilegio de ser interpretado en 18 compoisiciones por el mitológico y legendario Carlos Gardel. La vigencia de este libro está dada por sus propios protagonistas , y esa dura y dulce nostalgia a la que, dificílmente, podrán escapar aquellos que vivirán bajo el hechizo de una voz imposible de borrar desde cualquier distancia u olvido... Ediciones Corregidor, 1976.

Francisco García Jiménez (1899-1983)
Periodista, comediógrafo, guionista de peliculas y autor de varios volúmenes sobre el tango.


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Last update: November 05, 2004

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