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Ciudadano de dos orillas |
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Corbata de poeta, en el hojal clavel de poeta y el aire distraído que se suele adjudicar a los poetas. Sin embargo Horacio Ferrer no sólo es poeta: es un estudioso del tango y de su historia, y un personaje activo y presente cuando decidimos homenajearnos con el tango. María Esther Gilio Llega al Café Brasilero con su mujer: tez pálida, breve sonrisa de niña tímida y pelo corto muy rojo, casi una llamarada. "Lulú", dice presentándola. Parecía una broma de tanguero. "¿Sí? ¿Lulú? Nombre de tango." "Ella es tango -dice sonriendo por mi sorpresa-. Se llama Lucía." De padre uruguayo y madre argentina, Horacio dice que volvió a nacer donde le correspondía, en el medio del río, cuando yendo con sus padres a Buenos Aires, en el Vapor de la Carrera, se cayó de la litera superior al piso. "Nací de nuevo porque mi destino así estaba escrito. Soy ciudadano de ambas tierras. Mi padre era profesor de historia, geografía, cosmografía y administración del Estado, y además fue fundador de la Troupe Ateniense; mi madre, que aprendió canto con Ninon Vallin, amaba la poesía y venía de una familia de poetas y escritores. La casa de mi abuelo en Buenos Aires siempre estaba llena de amigos que escribían o tocaban música. Yo era un niño y mis padres me llevaban a ver zarzuelas, operetas, murgas. No importaba que fuera de noche, yo andaba con ellos en los cafés." --Ahí está el origen de su amor por la noche. --Vengo de una familia de noctámbulos y de músicos. Todos tocaban. El piano, la guitarra. Recuerdo a mi tío Arturo Ferrer -que trabajaba con los ingleses en el ferrocarril- sentándose al piano y cantando el tango "Intima". Mi tío político Lorenzo Hamillton, a pesar de ese apellido, tocaba milongas criollas en la guitarra. Todos eran apasionados por el tango. --¿Cuándo empezó usted a apasionarse por el tango? --Cuándo no sé. Si pienso en mí, no recuerdo cuándo no me apasionaba. Siendo muy joven tuve una audición en CX 32 donde analizábamos el tango. Estilos, parte musicológica y sociológica. Después fundé el Club de la Guardia Nueva, a partir de lo cual conocí a Troilo y a Piazzola. --Usted estuvo siempre muy cerca de Piazzola. Cuéntenos sobre esa relación de la que derivó tanta música. --El estaba en París estudiando con Nadia Boulanger y yo le escribí una carta. Cuando él volvía de Francia a la Argentina fui a esperarlo al puerto y lo llevé al Club de la Guardia Nueva. Quedó impresionadísimo, no podía creerlo. En el Club se apretujaban más de 200 jóvenes que querían verlo. Ahí empezó nuestra amistad. En 1956 fui a pasar el verano a Mar del Plata con él y su familia, con Nonino, su padre. El no sabía que yo escribía poesía. Cuando leyó mi libro de poemas Romancero Canyengue se quedó encantado y me invitó a trabajar juntos. "Vos tenés que venirte a vivir a Buenos Aires", me dijo. Me fui y ahí empezó nuestra colaboración. --Allí ya empezaron con María de Buenos Aires, la operita. --Sí, pero paralelamente escribimos "Balada para mi muerte" y "Chiquilín de Bachín". Astor había compuesto algo que me hizo escuchar. "¿A vos qué te sugiere?", le pregunté. "Una ronda de niños", me dijo. --¡Niños muy tristes! --Sí, yo encontré que era una música melancólica y recordé a ese chico que comía en el Bachín todas las noches. --Pero ese niño era muy pobre. ¿Cómo comía en el Bachín? --Yo lo invitaba. Nos hicimos muy amigos. Se llama Pablo González. Ahora tiene 38 años. --En la obra "Balada para mi muerte" subraya su condición de hombre de la noche y de porteño. "Moriré en Buenos Aires. Será de madrugada, guardaré mansamente las cosas de vivir". ¿Así imagina su muerte? --Sí, de noche, naturalmente. O no de noche noche, sino cuando llega el alba. "Llegará tangamente mi muerte enamorada", digo. --Da la impresión de que para usted no es un hecho dramático. --Para mí es un hecho feliz. --¿Quiere decir que adhirió a alguna religión que le prometió otra vida en el más allá? --No, para nada. Yo en cada hecho de la vida busco siempre el mal menor. Pero además, no sé si por mi naturaleza romántica, pienso siempre en la muerte como en un suceso atractivo. Una nueva experiencia. --Ahí no discuto. Novísima. --Y tan llena de misterio. --En su libro El tango, historia y evolución usted dice algo que muchos no habrán aceptado: "El tango es el más importante hecho artístico de nuestra área cultural". --Lo que el mundo ha elegido de nuestra cultura, empezando por Francia, es el tango. Borges decía que en las obras del hombre lo más importante era el estilo, y el tango tiene estilo nacional. El tango, dentro del panorama de nuestra cultura, es lo más original, lo distinto. No así nuestra literatura o nuestra pintura, muy enraizadas en lo europeo. El tango es criollo en su fundamento. Nocturno, semiclandestino y barroco. En sus antecedentes están nuestras milongas, nuestros estilos, vidalitas y toda esa música que nace allí donde la ciudad se junta con el campo. Es decir en los arrabales. --Cuando usted decía que es criollo pensé que más bien se refería a ese carácter del tango que creo que refleja al criollo. Melancólico, austero. --También, también. Pero a eso que usted dice le agregamos lo que tiene el tango, como el hombre, de compadrito. El tango dice: "Aquí estoy", ésa es su forma de presentarse. Otra cosa que define al tango es que quien lo canta cuenta su propia vida. El cantor toma esa letra y sufre como sufrió el que la escribió, y los bailarines también: bailando cuentan su vida. Volviendo a su pregunta sobre el tango y la cultura, digo algo que dijo Borges en Evaristo Carriego, publicado en 1930: "Seguramente, dentro de cien años, cuando toda la poesía que escribimos hoy sea controvertida u olvidada, la verdadera poesía será tartajeada en letras de tangos". --El tango nace a fines del siglo pasado. ¿Cuándo se produce un cambio importante? --En 1925 hay uno con Gardel y De Caro, cuyo tango presenta ya formas muy maduras. En ese año empieza la Guardia Nueva, que se extiende hasta 1955 y tiene dos etapas. Antes de 1940 y después con Troilo, Pugliese, Salgán. A partir de 1955 viene la vanguardia con Piazzola, Salgán, Rivero, Goyeneche, Espósito, Castillo, Susana Rinaldi... --¿Cuál es la importancia del bandoneón? --El bandoneón fue importantísimo para la evolución del tango. Este tuvo al principio una instrumentación de origen español, con violín, guitarra y flauta, que le daba un carácter liviano, tal vez un poco superficial. El bandoneón le dio calado, peso y jeta al tango. Espesura de óleo. --¿Cómo se sumó el bandoneón a aquellos instrumentos? --En toda esta zona del Río de la Plata lo que se tocaba era el acordeón. También el bandoneón, pero muy poco. Además no se vendía en ningún negocio. Quién empezó y cómo no sé, hay diversas teorías. Lo que se sabe es que no se tomó el acordeón, instrumento que se tocaba en todas partes, sino el bandoneón, con ese anclaje en la tierra que tiene y ese espíritu dramático. --El acordeón -ha dicho usted- es un "instrumento cervecero". --Sí, claro. Le falta el timbre profundo, terrestre, del bandoneón. Este es el instrumento que necesitaba el tango, música que la pareja baila pegada al piso, peinándolo con los pies. Otra curiosidad del tango es que se creó fuera de los ámbitos tradicionales de lo que se considera "cultura". Es del extremo sur, es austral. --Pero fue rápidamente aceptado por otras culturas. La francesa por ejemplo. --Así es. Alicia Terzian, una gran compositora argentina de música clásica, se refirió al tango diciendo "nació clásico y universal". --Quien también dijo algo así, en un documental llamado El amor a la vida, fue Rubinstein. Allí toca unos acordes y dice "¡Beethoven! El tango es Beethoven". --En esa película toca "El 16", de Albérico Espátola, un uruguayo buenísimo que fue muy amigo de Rubinstein, y otros seis tangos. Hay una anécdota de una vez hace 60 años que invitaron a Rubinstein, en Buenos Aires, a casa de Martínez de Hoz. Le pidieron que tocara y, para sorpresa de todos, tocó "Flores negras", de Francisco de Caro. Se armó un lío. "Pero ¿quién lo indujo a tocar tango?", preguntaron. Se calmaron y de nuevo le pidieron que tocara. Tocó "Milonguita", dice Horacio largando una sonora carcajada. --¡Cómo le gusta que Rubinstein haya hecho algo así! --Cada vez que hago este cuento lo disfruto como cuando me lo contó ese gran pianista de jazz que era el Mono Villegas. --De acuerdo a lo que usted dijo el tango cobró peso y carácter a partir de 1925. Ahí ya tenemos a Carlos Gardel. --Tenemos al fundador del tango. Gardel es lo más importante que pudo pasarle al tango. El tomó todo lo que venía y le dio forma, peso, calado. --El bandoneón todavía no existía. --Nooo... Gardel tenía el bandoneón en la garganta. El era el bandoneón, no lo precisaba. El tenía la tesitura justa para ser el bandoneón. La mano izquierda y la mano derecha. --No entiendo bien. --Gardel tenía una tesitura de dos octavas, pero llegaba con tal precisión a las notas agudas y a las graves; que era como la mano derecha, que da los agudos, y la izquierda, que da los graves. Además, a partir de Gardel empieza la influencia de los maestros de música. Los tanguistas estudian y se forman. El tango pega un salto. --En sus comienzos el tango no tenía letra. ¿Cuándo se empezó a cantar? --El gran tango cantado nace con "Mi noche triste", "Mano a mano" y "Sobre el pucho". Celedonio Flores y González Castillo eran devotos de Rubén Darío. Sabían mucho de literatura. Después vinieron Discépolo y Manzi, la gran vanguardia. Discépolo fue pateado muchas veces por su tango. Cuántas veces han dicho "Se acabó el tango, esto no es tango". Pero no se acabó. --Hay algo que nosotros vemos en el tango sin que nos sorprenda mucho, pero a los extranjeros, los brasileños por ejemplo, los desconcierta. Ellos preguntan por qué el hombre, en el tango, vive llorando a la mujer que se le fue. --Le digo algo. Cuando el tango nace había siete hombres para cada mujer. Perder una mujer era perderlo todo. En los años treinta la proporción cambia, y cuando la mujer se va no necesariamente se la acusa. El hombre, sintiéndose culpable, se acusa a sí mismo de la ruptura. Escuche: "No debí pensar jamás en lograr tu corazón /y sin embargo te busqué hasta que un día te alcancé/ y con mis besos te aturdí sin importarme que eras buena". El es el culpable. --Si yo le pido así, de golpe, una letra de tango, la que primero le venga a la cabeza... --¡Uy, tantas! "Por el daño que me hiciera la mirada de tus ojos, adorable percantina, anda toda la familia alborotada y se han ido a consultar una adivina". Ah, mi tío Eduardo Ezcurra lo cantaba y yo lo escuchaba extasiado. Y escuche éste: "Un callejón en Pompeya y un farolito plateando el fango". Esto es celestial. Plateando el fango...La Cumbre se va acabando Copyright Brecha Digital No. 572 Links:
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