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Errores de Carlos Gardel La revista Micrófono el 20 de septiembre de 1934 "Gardel es un gran artista, sin ningún control de sus condiciones, ni de su destino. Vive y triunfa con la complicidad de Dios. De ese Dios que le dio simpatía, magnífica voz, juventud eterna y suerte. Porque él ha hecho todo lo posible para dificultar su éxito. Ha triunfado a pesar de él. Su primer película "Luces de Buenos Aires" era una cosa absurda, donde hacía de gaucho melancólico, sobre el fondo de una pareja "pampa" francesa y en cuyo final con la complicidad de Padula, enlazaba a una artista desde un palco balcón. Sin embargo bastó que cantara "Tomo y Obligo" para que la película recorriera triunfante el mundo de habla española. Lo mismo sucedió con "Melodía de Arrabal", donde dos tangos salvaron los miles de metros rodados en cafetines marselleses y callejones de difícil filiación geográfica. Ahora pasa lo mismo y esta reincidencia es la que me lleva a decir cuatro cositas que capitulo como "Errores de Carlos Gardel". El primer error de Gardel, es su debilidad por Alfredo Le Pera. Me consta que aquel no se mueve si no es dentro de la trama que éste le prepara y como ya está probado que este le prepara bodrios, exentos de interés argumental y de valor nacionalista, Gardel ya debía haber buscado otro pergreñador que le evite ridículos y le permita mayor realce artístico. Otro error de Gardel es ir a Francia o Nueva York a filmar películas, cuando ni económicamente se beneficia con ello. En esas películas tiene que actuar en ambientes arbitrarios y con la colaboración de artistas insignificantes que reducen el marco de su acción. Con este espejismo Gardel está retrasando el progreso de la cinematografía nacional, ya que los filmadores extranjeros al contratarlo nos escamotean al astro de mayor arrastre de la lengua castellana. Esto mismo tienden a demostrárselo sus colegas los cantores. la mayoría de ellos vive desesperadamente por imitarle el gusto, la voz, los gestos y hasta el mismo repertorio. La mayoría de los cantores abdican de su personalidad, aplastados, vencidos, por el prestigio del insuperable zorzal. Cantan lo que el canta. Gustan de lo que el gusta. Sienten lo que el siente. Modulan como el modula. En fin, se han convertido en una colonia que Gardel maneja desde lejos con la eficacia de su arte. Si Carlitos fuera tan vanidoso como D'Anunzio, por ejemplo, podría hablar de sus esclavos porteños sin decir una mentira. Un caso que demuestra como están equivocados los cantores que así proceden, es Ignacio Corsini. Ignacio, que tiene una gran admiración por Gardel y con el que se haya unido por estrechos vínculos de amistad y compañerismo, se defendió siempre de esa amenaza con clara inteligencia. Nunca trató de parecérsele, ni se dejó impresionar por el triunfo de su fraternal rival. Y seguro de sus condiciones tomo por otra huella. Por eso se salvó. Esto no lo entienden algunos. Todos esos que sueñan con parecérsele y que en cuanto Gardel canta una composición, se van de boca hacia ella. Pero a pesar de todo Gardel triunfa y su triunfal simpatía se agranda con justicia. Y en materia de canto esta mejor que nunca. A pesar de los años. A pesar del cigarro. A pesar de su sentimentalismo temperamental. A pesar de las copas y los naipes. A pesar de todo lo que dijimos anteriormente. Es que Gardel tiene eso que los españoles llaman "el ángel". Eso que esta mas allá del bien y del mal. Eso que solo puede desconocer quien escriba con la fría intención analítica de H.Manzi.
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