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Nueva York, 24 de agosto 1934 Después de haber pasado todo un invierno en Nueva York, y casi todo el presente verano. Carlos Gardel, el de la sonrisa contagiosa y los tangos inconfundibles, embárcase el sábado para Europa. “Voy a ver a mi viejita a Tolouse, Francia, donde ella vive cuando no está en París o Buenos Aires” dice el popularísimo galán de la pantalla, cuyo vehemente cariño a su madre es de todos conocido. Pasará algún tiempo al lado de ella, después irá a “Ville Lumiere” como cosa inevitable, y en octubre estará de vuelta. — ¿A hacer más películas? — Sí. He firmado para hacer varias cintas más en español y tengo que prepararme (estudiar inglés) para debutar el año entrante en películas habladas en inglés —respondió. — ¿Y cantadas? — Ah, naturalmente— corrobora. A modo de comienzo de la carrera cinematográfica inglesa de Gardel, éste hará un largo “bosquejo criollo” en la película “Big Broadcast” de 1935 que la casa Paramount filmará en marzo próximo, tomando parte Mae West, Marlene Dietrich, Bing Crosby y otras estrellas. El señor Alfredo Le Pera distinguido y prolífico periodista y autor bonaerense, escribirá el bosquejo y Gardel le arreglará la música. —¿Tiene usted alguna idea de la primera película que va a trabajar en inglés?— inquirimos mientras departimos amenamente con el cantante, el señor Le Pera, el señor Morris y el notable guitarrista argentino Cornejo, amigos éstos del artista. El señor Le Pera nos responde esta vez— Será un versión inglesa de “Melodía de Arrabal”, algo ampliada y con alguna que otra alteración. Le Pera es el autor de esta cinta, así como de las que va a “filmar” Gardel a su vuelta, y dirigirá las modificaciones que haya que hacerle. Entusiasmado con Nueva York La gran urbe neoyorquina ha impresionado fuertemente al cantante y actor argentino. —Todo tan rápido, tan sistemático, tan preciso, che— exclama entusiasmado. Declara que no creyó que hubiera una población hispana tan numerosa y califica de “linda” (adjetivo muy frecuente en el vocabulario argentino) la recepción en el “Campoamor” la noche del estreno de su más reciente cinta “Cuesta Abajo.” —¿Es cierto que usted piensa casarse con una artista americana?— le disparamos a boca de jarro, recogiendo un rumor que ha venido circulando insistentemente en Buenos Aires. Gardel mueve la cabeza en ademán de sorpresa por lo mucho que se dice e inventa de los artistas y se explica así: —Vea, che: a fuerza de cantar el amor en nuestro idioma o en el lenguaje popular “criollo”, o siempre pensando en nuestras pibas, no concibo el amor sino con una latina... Modesto y buen camarada Alguien llama a Gardel al teléfono (estamos en su apartamento) y nos quedamos unos instantes solos con los preciados amigos del actor. Le Pera y Cornejo hacen elogios de la modestia, el compañerismo y el verdadero apasionamiento de Carlitos —como le llaman cariñosamente— por su arte. El mismo compone la mayor parte de sus tangos y arregla la música para sus películas, aunque no vacila en dar una oportunidad a cualquier compañero a que se de a conocer sus composiciones y sus dones de cantante. En su última película, todavía no lanzada al mercado, Cornejo canta una o dos de sus propias canciones, y acompaña en otras a Gardel con su guitarra. “Y a propósito de cuesta abajo”, se nos dirige el señor Le Pera, Alvaro, en una de sus crónicas en LA PRENSA, y hace una violenta crítica de mi argumento, que él considera ofensivo a mi patria, Argentina, por el ambiente en que se desarrolla. El cita en la crónica una reciente mención del Will Rogers a la Argentina diciendo que “es un país conocido por los gígolos y jugadores de polo que mandan a los Estados Unidos” y se lamenta Alvaro de que yo justifique (cosa incierta) en parte esa aseveración en la película nombrada. A eso yo podría replicar limitándome a decir que los Estados Unidos es un país de bandidos y “records” idiota; pero no lo hago porque, como dice el refrán, a frases necias, oídos sordos, aparte de que considero un quijotismo inútil ocuparme de boberías como esa de Rogers. Mi argumento se desarrolla efectivamente en un ambiente de cabaret, pero criticar esta circunstancia significa estar poco familiarizado con muchas de las obras más comentadas y elogiadas de la literatura, tanto pasada como contemporánea, ello no tiene porque reflejar la naturaleza de un pueblo o un país. El teatro, como la literatura, no funciona bajo limitaciones de criterios estrechos, y dentro de la aparente inmoralidad de las situaciones presentadas en algunas obras suele encerrarse un mar de moralidad. En ésto llega Gardel, quien después de adherirse al criterio del señor Le Pera, se despide para entregarse a los preparativos de su viaje, después de dedicarnos gentilmente la fotografía que ilustra esta entrevista. Ver
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