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EL
TANGO
El tango empieza a surgir en 1880. La raíz de su nombre se pierde en la lejanía. El vocablo se escucha en los tiempos de la colonia, cuando los tambores daban las voces de tan-go, tan-go El tango comienza, siendo danza, y lo que le daba valor, era el ritmo y la coreografía. Cuatro fuentes musicales se atribuyen la paternidad del tango: la habanera, la milonga, el candombe, y el tango andaluz. La habanera es una danza cubana llevada al sur por marinos y aventureros y tuvo una maravillosa acogida entre negros y blancos del puerto, que asimilaron el sabor dulzón y triste para interpretarlo a su manera. Casi todos afirmaban que de la Habanera nació la milonga, habiéndose impuesto esta última con el tiempo. El candombe era una fiesta de negros con sus trajes extravagantes, usados en carnaval y el tango andaluz de reconocida influencia, también se mezclaron para formar entre todas, lo que ahora se conoce como el "tango". La pareja de los corrales viejos: a mediados del año 1880, esta en disputa la designación de Buenos Aires como capital de la Argentina. Combaten en diversos barrios las tropas nacionales y las provinciales. Uno de tales barrios, el de "corrales viejos", actualmente en el perímetro del parque de los patricios, era el lugar a donde llegaba el gran vacuno y se faenaba para su consumo. Cuando la gente terminaba el trabajo del día, se reunía en una pulpería del lugar, para descansar y festejar. Para tal acontecimiento, se preparaba una cancha anexa, donde se efectuaba el juego de toba, consistente en tirar un hueso de carnero al aire. Las puertas de dinero en peleas de gallos, derivaban, muchas veces, en peleas entre los hombres por los favores de la mujer casquivana. El bailongo dominguero, al compás de flauta, guitarra y arpa, las parejas de danzantes no diferían entre sí. Una bastaba para dar idea de las otras. El hombre, un matarife, usa chambergo de copa alta, pañuelo anudado al cuello, chaqueta oscura, bombachos grises y botas negras a media caña. Es un personaje híbrido, de campo sureño y flamante ciudad capital. La mujer es una endemoniada "china" como se le llamaba afectuosamente. Portaba pollera de muchos colores y volados, meneos de olanes crocantes de almidón. Entre esas parejas de filiación parecida, una pareja anónima está asignada para producir la agraciada invención. La mujer iba firmemente sujeta por la cintura, el hombre sintiendo en el hombro el brazo de ella, pegadas las cabezas, sien contra sien; el contoneo de las caderas hacia lo demás. Él improvisaba y ella lo seguía dócilmente; los cruces de pasos relampagueantes venían de un atávico fandango hispano y una cercana milonga orillera. El cascabeleo de los pies y su taconeo, eran eco fiel del candombe redoblado en tambores afros, cuando los negros de Montserrat y San Telmo coreaban la comparsa: Pelmiso me dio mi
amo La musiquita callejera: el baile había nacido ya en el Arrabal, y sus protagonistas se encontraban muy bajo en la escala social. Los hombres lo bailaban como vistiendo con sus cuchillos; las mujeres recogían el ruedo de la falda por arriba del tobillo con una desfachatez que la época no perdonaba. Pero por encima del reducto coreográfico, se alzaba la musiquita recién inventada, que tiene un auténtico aire local. Buenos Aires empezó a enterarse de qué tenía una melodía propia, una "melodía porteña"; porque ese tono ingenuo y pícaro, entre burlón y grave, entre sentimental y redoblado, no podía ser más que porteño. Buenos Aires se enteró de eso cumplidamente por dos conductos sonoros, que tenía vinculación fraterna con la musiquita: uno fue el cornetín del cochero de los tranvías de caballos y el otro el andariego organillo de los atardeceres. El organillo se unió pronto en la misión de expandir por los barrios ciudadanos la música del tango. De ser el más simple elemento animador de la mendicidad de un rengo o un cojo, a los acordes metálicos de un vals o un trozo de zarzuela, pasó a ser por tentadora sugestión de los requebrados compases de "el choclo" o "la morocha", el efectivo animador de bailecitos en las veredas suburbanas. Tango para todos los gustos: un día llegaría en el que el tango también saliera a la conquista de aquellas casas de familia y de los padres de pizpiretas adolescentes que se refugiaban tras las tablillas de las persianas, naturalmente que la conquista no fue, en un principio, más allá de los oídos, indefensos para librarse del pegadizo influjo y pronto para entregarse a él. La presencia del tango en las tertulias caseras, se concretó a un puesto en el atril del piano como intermedio entre las charlas y las copitas. El baile entre hombres empezó en cualquier esquina del suburbio, a la luz del municipal farol de pared y de la vidriera de un almacén, al compás del silbido y del canturreo de algún camarada de buen oído y naturales habilidades transmisoras. En esas prácticas, el muchacho porteño con peculiar temor al yerro que pone en evidencia desnuda al novato, procuraba adquirir la seguridad de que al salir a bailar en serio, no haría el triste papel de darle pisotones a la compañera. Delito de leso tango sería considerado el pisotón inoportuno o el traspié imperdonable. A ese deseo de aprender, aparecieron academias de baile, instaladas en el centro de la ciudad, atrayendo clientelas de categorías para recibir lecciones de algún profesor que, como el tango, mejoraba su posición. El tango había subido tanto de categoría, que reemplaza su pasado de avería por una escalera alfombrada y un salón encerrado, que sabía que había diferencias entre "damiselas" de ayer y "damas" de hoy. La aventura de París: no era raro el cambio, el tango había ya salido a los caminos del mundo. Hacia París se dirigen músicos y bailarines del Plata. Ellos pre-anuncian el ocaso del can-can y demás danzas y es París la que impone el tango en Europa. Estremecían al continente tumores bélicos que habían de convertirse en trágicas noticias ciertas en julio de 1914. Francia era principal receptáculo de tales rumores, el mundo alegre quería enterarse de esos problemas ya que la suprema ilusión era bailar tango. El arzobispo parisiense pone el grito en el cielo. Nunca estuvo tan a punto la frase hecha, pues algún consejero de Pío X insiste en que "sobre la danza de Buenos Aires caiga la fulminante excomunión papal". El tango se salva cuando el Papa, que no lo conocía, más que por preferencias, pidió que se bailara en su presencia. La danza salvaje, como se le decía, fue ejecutada en su presencia, y admiró su belleza declarándola inocente. Días después rectificaba su orden insólitamente, levantando la prohibición para quienes gustaran este tipo de melodía. Los profesores franceses de tango, se ponen Frac para dar sus lecciones. La alta costura de la Rue de París, dictadora indiscutiblemente de la alta moda, crea para dar realce al bello sexo, "el vestido tango" con abertura hasta la media pierna. Ello se contempla con un anaranjado color tango, que ha quedado por siempre en la elegancia femenina. Todo París baila, los linajudos anfitriones franceses lo bailan, y no ha faltado diplomático de Europa que le haya dicho a un colega en un intervalo de la fiesta oficial; bebiendo la champaña y con patente envidia: Ah, si yo bailara el tango como usted... que vuelo meteórico haría en mi carrera!!. Familias argentinas de abolengo, de vuelta en Buenos Aires, abren sus puertas al tango, sin ignorar que este entraría imponiendo sus condiciones solas le da calor, solo sabe tocarlo y le da sentido su propia orquesta: La orquesta típica. En esa orquesta formalizada es donde han culminado las distintas etapas de la ejecución tanguista, pues del trío arrabalero nada ha quedado. Con el retorno de la primera aventura en París, ha venido para el tango de Buenos Aires el cabaret, donde el bailarín sin rivales escribía su nombre en el piso con trazo intangible, rubricado a punta de botín vibrante. Rey de los bailarines fue "el cachafaz" que lo ejecutó con su compañera, Carmen Calderón. Otro astro del tango porteño lo fue Casimiro Ain, que con su compañera Eddy Peggy, recorrió triunfalmente los salones del viejo mundo, y muchos más. Esta pareja de danza con los pasos de los profesores foráneos de tango, quienes ya habían situado mejor en el mapa, al país. Y ahora el tango argentino se baila con la mejilla derecha del caballero contra la mejilla izquierda de la dama mirando ambos hacia la misma dirección. Se mantienen entrelazados: una mano en el talle, el otro brazo tenso. La dama se coloca ligeramente a la derecha del compañero, cadera con cadera, un poco separados. Los brazos extendidos señalan el rumbo, mientras los pasos deslizándose estrechamente unidos, avanzando y retrocediendo. La sentada, la quebrada, el paso cruzado en ocho, el abanico, la corrida, etc., se trata de un baile de compás, derivado de la marcha natural. Reconozcamos que esos infalibles instructores no se apartan de los cánones del genuino tango. Baile: al paso del tiempo no nada más se baila, sino que se canta. Los primeros tangos no llegaron a nosotros porque no fueron escritos y las primeras letras se improvisaron y grabaron en las paredes de las academias. El primer tango, fue quizá: "Dame la plata", de Juan Pérez, aparecido por el año de 1880. Las primeras orquestas constaban de flauta, violín, acordeón y arpa. Algunas melodías se improvisaban y cuando alguna agradaba a la concurrencia se hacía repetir, casi nunca igual, hasta que determinada versión quedara grabada en la memoria de la mayoría. Se les ponía letra alusiva a las gentes de buenas costumbres o literatura moralista, sin embargo los tangos se hicieron de muy mala fama y llegaron a estar condenados por inmorales. Miles de tangos de aquella época se perdieron, porque la mayoría que los hacía eran analfabetas, y sólo la memoria de la gente registraba la melodía. Los primeros compositores fueron: Rosendo, Roncallo, Bevilagua (autor de menguito, el único tango para cuatro manos), Campoamor y Villaldo (maestros de la guardia vieja). A Villaldo se le llamaba "el papá del tango criollo", y con razón, pues es el autor del choclo que le abrió al tango la gloria del mundo y de su tierra. Es Villaldo quien abre el capítulo de los compositores serios impulsados al tango hacia un desarrollo que será colosal. De aquella época son los tangos que dieron nombre a los cafés como: "la glorieta", "la red", etc. Así pues, la segunda etapa se inicia con los grandes compositores, e intérpretes enriqueciendo al mundo con esas bellas melodías, Hollywood los recibe en sus pantallas y entienden ya de por sí enorme popularidad. Cabe destacar que uno de los más grandes compositores, que más aportaciones hicieron, fue Francisco Canaro, quien frente a su orquesta recorrió el mundo en giros constantes dándole lustre al tango. Su primera creación fue "la barra fuente", estando en Europa, se suma a los que habían conquistado París, en Nueva York triunfa durante dos meses seguidos, regresando lleno de fama y dinero. Se incorpora la época del tango canción, moderniza su orquesta, y sigue a la vanguardia con el ímpetu de siempre. Son de él: "madre selva", "la última copa", "el pagaré", "te acordarás hermano", "sentimiento gaucho" y muchas más. Con letra de Ivo Pelay, Canaro ha escrito tangos. Es Pancho Canaro quien introdujo el saxofón y otros instrumentos a su orquesta internacionalizando un tanto sus ejecuciones. De sí esto es bueno o no, todos podemos opinar, pero la realidad es que Canaro ha hecho de sus discos los más codiciados. Y llega el gran acontecimiento que revolucionó el tango: la comparsa de Gerardo Matos Rodríguez, uruguayo de nacimiento, estudiante de arquitectura a quien apenaba escribir música cuando hizo su maravillosa pieza, la dedicó a una cofradía de estudiantes que se hacían llamar "la comparsa". Matos cedió sus derechos por $20.00, arreglos posteriores le restituyeron ganancias como "mocosita", "si supieras", esta última sustituyó una vez a la marcha nupcial de unos esponsales. No podemos dejar de hablar del tango sin mencionar a su embajador lírico quien marcó una época grandiosa: me refiero al gran Carlos Gardel, nacido en Francia. Muy pequeño viene a Buenos Aires donde se cría en los barrios porteños. El éxito de este gran artista se debe a los tangos que popularizó, como: amores de estudiante, mi Buenos Aires querido, el día que me quieras, volver, etc. Anécdota curiosa: en 1926, el compositor Juan de Dios Filiberto estrena en un concurso de tango la pieza "caminito", y hubo de ser suspendido por la enorme rechifla que el público le dio, desaprobándolo, e irónicamente, "caminito" ha sido el tango más tocado en el mundo. De él también es "el pañuelito", "clavel del aire", etc. Para demostrar que el tango no solamente es lamento, Francisco Lomuto escribió: si soy así, te quiero, dímelo al oído, etc. en unión de Discepolo, Contursi y Marianito Mores, forman lo que puede llamarse la plana mayor. Enrique Santos Discepolo recibió una esmerada educación en Buenos Aires, su ciudad natal. Empezó escribiendo para el teatro, y después dio sus maravillosas aportaciones al tango, como son: esta noche me emborracho, confesión y muchas otras. De Marianito Mores tenemos: sin palabras, uno, canción desesperada. Rodolfo Shiamarella, un frustrado profesor de escuela, con un hermano, sin grandes problemas, aprende a tocar piano, por deporte y así, deportivamente, escribe una pieza como "no te engañes corazón", "quiero verte una vez más", "besos brujos", etc. Enrique Delfino, otro de los clásicos se hizo famoso con "la copa del olvido", "calla corazón" y muchas obras más. Horacio Petorocci fue el guitarrista y amigo inseparable de Gardel, fue un viajero feliz, que cosechó lauros componiendo bellísimos tangos. Han dejado páginas imborrables Julio Sanderos, con "adiós muchachos", Ernesto Lecuona con "María la O", y muchísimos compositores argentinos. El tango canción ha contado con valiosísimos intérpretes como han sido: Libertad Lamarque, Hugo del Carril, Amanda Ledesma, Héctor Palacios, y miles otros. Sin fronteras, el tango lleva la inspiración a compositores mexicanos e intérpretes como: Emilio Tuero, El Che Saleri, el trío argentino integrado por Pimentel, García y Medeles. Agustín Lara escribió "arráncame la vida", "carita de cielo", "noches de tango". Luis Arcaráz con su ruleta, bohemios, etc. Lorenzo Barcelata con: campanada, guitarra mía, Alfonso Esparza Oteo con sacristán, María Greever con jurame, todo por ti y sobre todos estos, la figura de un modesto compositor nacido en Montemorelos, Nuevo León, me refiero a Belisario de Jesús García, quien nos dejó el tango negro.
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