La revista "EL TANGO DE MODA" editada en Barcelona se presentaba como un "Semanario popular hispanoamericano" en el que se reflejaba la actualidad tanguera por esos años. La editaba la "Editorial Garrofé" de la calle 19 de Barcelona
EL TANGO DE MODA Año II No. 31 del 4 de Mayo de 1929
INTERVIU CON LA SOMBRA DE CARLOS GARDEL
Estamos en el bar del Principal Palace . En la mesa próxima de la nuestra hay una damita que, invadida como nosotros de spleen, mastica nerviosa la boquilla dorada de su Muratti.
De cpronto, sin poderse contener, bosteza. Al volver la cabeza , observa mi sonrisa y un carmín natural intensifica el tono que a su rostro le ha dado ya el de Coty.
-¡Pardón!- Ya está roto el hielo. Y la interviú comienza bajo los mejores auspicios.
-¿Viene usted a ver a Carlitos Gardel?
-¿Gardel?...¡Oh, mon Charles!....¡Mon petit Charlot!...
-¿Lo conoce?
-Si, chapurrea delicadamente la francesita que ha aprendido el castellano "por amor", le ví una noche en el cabaret "Florida" de París y desde entonces soy "su sombra".
-Pero ¿él sabe?
-¡Oh no! ¿Para qué?..Si lo supiera yo sería una más y yo, monsieur estoy por encima de todas.
-¿Qué objeto le mueve a esta persecución?
-Soy una admiradora de su arte, no me canso de oirle. Cuando por la noche me retiro a mi cuarto del hotel, doy por muy bien pagados mis esfuerzos si le he oido cantar tres o cuatro canciones..
-¡Extraño caso!
-¡Qué quiero usted!...Yo venía de El Cairo cuando una noche fui a oirle. Tenía partido el corazón y la vida rota. ¡Un hombre! un hombre que me ha cubierto de joyas, de dinero y de odios...
-Perdón, las mujeres...
-Escúcheme, yo tengo una enfermedad incurable. Es un horroroso recuerdo del aquél vil asiático. Llegué a Paris para recluirme en un sanatorio que fuese como un sepulcro de flores...Una noche oí a Gardel...Su voz despertó en mi alma extraña sensación y le sigo, le quiero seguir como una sombra hasta que mi vida se marchite...¡Es un secreto, señor!
Callamos los dos. De súbito la puerta se abre y aparece en el umbral la arrogante figura de Carlos Gardel.
Su rostro moreno, ancho y simpático, expresa la alegría de su triunfo perenne. Aquí como en Paris, como en la Costa Azul como en Buenos Aires el público lo aclama.
Ya ha pasado.
"La sombra de mujer se levanta y le sigue.
Y nosotros, clavamos los ojos en la cortina de terciopelo rojo trás la cual ha desaparecido la hmbra aún, linda, que uiere agostarse escuchando los trinos del maravilloso jilguero cuya voz quizá hasta haga el milagro de contener a la Muerte.
J. de L.
EL TANGO DE MODA Año II No. 32 11 de mayo de 1929
UNOS MINUTOS EN LA INTIMIDAD DE GARDEL
Gardel, terminado su trabajo, se queda breves instantes dialogando con nosotros en el escenario, hasta que, de nuevo, el telón se levanta y nos muestra la sala vacía y oscura. Aún se siente flotar en el ambiente
el tablequeo de los aplausos y aún parece, allá, entre tinieblas, columbrarse la mirada fija y trémula de dos ojos de mujer. Pero ya no queda de la gloria de la jornada, una gloria que se repetirá mañana y siempre, más que la alegría, la simpática, jocunda alegría que nos muestra en la intimidad, el rostro de Carlos Gardel.
Nos habla el admirable artista con su suave "dejo" criollo de lo que le fastidia que le motejen de "castigador". Gardel, que en el fondo es un excelente muchacho, no necesita ese efecto, esa clase de propagandas para robustecer su mágico y clamoroso paso por el Viejo Continente que se ha estremecido todo entero de oírle.
Gardel, sin otra amada que su guitarra,-habréis visto como la acaricia y como, al inclinarse sobre ella parece besarla- recorre el mundo y bajo el cielo brumoso de París en el rincón cosmopolita de Montmartre, magnifica nuestro idioma al verter la cadenciosa poesía de los tangos.
El secreto de Carlos Gardel es que no canta para nadie, sino para él, y su corazón le exige que se supere cada vez más.
Ese Gardel nuevo que nosotros vamos descubriendo en el escenario del Principal Palace y luego en su cuarto, mientras cambia el traje de la escena a lo Juan Moreira por el correcto e impecable traje de nocche con el cual le veremos minutos después en el Excelsior, es el Carlos Gardel que quisiéramos mostrate a tí, ñectora buena, desconcertada con esos trucos que "pour epater les bourgois" se traen algunos periodistas, válgasenos la palabra.
Gardel nos habla de "El tango de moda" que ha ojeado con el cariño que pone a todo lo que sabe tener un sabor de la patria lejana.
Luego salimos a las Ramblas. Nadie le reconoce y la sonrisa de Gardel se acentúa al gustar con la brisa de la madrugada de mayo, el encanto, privilegio de las almas selectas, de sentirse un poquitín solo, se dentirse un "chochamu" alegre, que se dispone a ahogar entre el tumultuoso alboroto de la "barra", alguna pena que otra, escondida en un repliegue de su milonguero corazón
J. de L.
EL TANGO DE MODA Sin fecha, presuntamente de 1929
CARLITOS GARDEL El cator de los cantores
Cuando en 1920, el firmante de este aqrtículo ostentaba en España la representación de los grandes teatros frívolos de Buenos Aires -Casino, Porteño, Empire, Esmeralda, Majestic, etc. etc.- la "Royal Artistic Agency" - constituía un número de dúo, ca tando las canciones a dos voces con el artista Razzano.
La pareja de cantores Gardel-Razzano era considerada en la Argentina y el Uruguay como una de las mejores que rodaban por aquellos pagos.
Pero Razzano perdió la voz - una buena voz de tenor que compaginaba admirablemente con la de Gardel-
y desde entonces, Carlitos optó por presentarse solo en los ecenarios, entonando las lindas canciones del Plata.
Del éxito alcanzado por ésta su segunda modalidad artística ante los públicos de París, América y España, son testimonios toos los amantes de la canción, que han visto personificado en este artista ejemplar la dúctil sensibilidad criolla del cancionero argentino.
Carlitos Gardel ha sido, y continúa siendo, la primera figura de la canción popular americana. El cantor de los cantores, por derecho propio. Nadie como él tan solicitado, tan escuchado y tan venerado por las multitudes de ambos continentes. La melodía que ha sabido imprimir a sus canciones, háse filtrado de manera tan firme y permanente en el alma del pueblo, que los destellos de su arte han irradiado al extremo.de dar calor a otros cantores que triunfaron después. precisamente, por hallarse con el terreno expedito, abonado y preparado por este artista sin par.
Nadie puede disputar a Gardel la supremacía en la interpretación de las canciones americanas y tangos, rancheras, zambas, vidalas, etc. -ni ningún otro cantor americano logró hacerse una figura popular y simpática en nuestro país -como lo es en el suyo- porque supo amar lo nuestro y acertó poner el latido de su corazón al unísono del de la legión de sus simpatizantes.
El pasado 12 de setiembre, Gardel embarcó de nuevo desde Buenos Aires hacia Europa, donde debutó en la saqla Playel de París, la mejor para audiciones y conciertos con que cuenta la capital francesa.Fue contratado para actuar en los grandes y lujosos dancing, llevando consigo a los famosos guitarristas Aguilar, Ricardo y Barbieri. Ahora reaparece en España y, por ende, en esta Barcelona de nuestros amores, donde el tango ha tomado carta de naturaleza, desterrando las arbitrariedades del jazz y las dislocaciones del charleston, que amenazaba convertirnos en una tribu de negros.
Ocioso es afirmar que a su regreso tendremos ocasión de apreciar el verdadero valor de muchos tangos, entre cuyas creaciones, escuchados en su pristina pureza, al ser cantados por este artista incomparable que, sin alacranerías de ninguna especie, ha sabido imponer su arte de una manera tan eficaz como definitiva.
Rosendo Llurba