|
UNA VOZ CON APETITO DE ORO ¿Qué comía el mítico Gardel? ¿Cuáles eran sus platos y sus restaurantes preferidos? Las versiones son variadas, pero parece que el tradicional puchero era una de sus comidas favoritas. Un aspecto poco conocido de la voz más famosa de la Argentina. |
||||||||||||||||
C ARLOS GARDEL era supersticioso, o al menos
ésa es una de las tantas leyendas que corren sobre su personalidad, y como tal el tema números era importantisimo, ya fuera para las carreras de caballos, la quiniela, etcétera. Gardel era "amiguero" y siempre andaba rodeado de un montón de gente de diversa catadura. Entre ellos el "Aviador", sujeto que supo ser chofer de Carlitos y a quien éste le regalara un auto. Lo llarnaban el "Aviador" porque tenía la costumbre de usar antiparras como aquellas que se popularizaron en las primeras épocas del automovilismo. Andar en auto con el "Aviador" era tema muy complicado porque
regía su vida por
un libro napolitano de los sueños, llamado "La molfetta" o algo por el estilo, que relacionaba sueños o hechos con números. Por lo tanto si paraba por un incendio paraba el auto, sacaba el libro, que guardaba cuidadosamente adentro del asiento trasero, y comenzaba el anílisis de a qué número correspondia no solo el hecho sino la hora del día, el clima, etcétera. Dícese que fue él quien convenció a Gardel que su número era el cuarenta y ocho, el famoso "morto chi parla". Y algo de eso debe ser cierto porque en El
Tropezón la
mesa de Gardel, permanentemente reservada a su nombre, llevaba ese número. La pidió por primera vez en el local de Callao y Cangallo, cuyo techo se hundió en 1925, provocando una catastrofe y la mudanza a Callao 248. Gardel tenía muy buen diente y, pese a su nacimiento francés, pareciera que no era mayormente afecto a las tendencias de Escoffier: el puchero estaba entre sus platos habituales, puchero que obviamente practicaba en El Tropezón, pero también en otros lados, Ferrari, Scafidi, y especialmente, dada su afición turfistica, en el pabellón París del hipódromo de Palermo. De este lugar se derivaría, según memoriosos testigos, el dicho "comer como en Paris", que no implica ninguna alusión a la capital de Francia sino a aquel memorable restaurante, sitio de encuentro de todos los aficionados que no eran socios del Jockey Club, decorado lujosamente y que hoy abriga modestamente la confiteria del hipódromo. Allí el puchero eran tan sofisticado que se llamaba, obvia traducción literal de la expresión francesa que describe algo parecido, "marmita" y se servía en un carrito rodante. Este puchero era famoso en la ciudad por el refinamiento y cuidado de su preparación, sin igual, según los conocedores. Entre los qua compartían frecuentemente la mesa con Gardel estaba el cuidador Naciano Moreno, morocho, grandote, gastador, gran profesional, quien tenía la costumbre de protagonizar el siguiente número: pedía una ensalada de lechuga, cuando se la traían la miraba con desconfianza y tratando quo el mozo no to viera le ponía en el medio un billete de diez pesos, al cual se denominaba por aquel entonces "lechuga", y le decía al camarero: "Che, esta lechuga tiene algo raro, llevátela", manera graciosa de dar propina anticipadamente. Todos estos hechos han sido recogidos de boca de viejos socios del Jockey Club, gente vinculada al tango y al mundo discográfico, restaurateurs como Ricardo Reynoso.. . pero nadie ha podido afirmar con certidumbre qué era lo preferido por el "Morocho", salvo el caso reiterativo del puchero. Salustiano González, con lozanos ochenta y dos años, que desde que vino de España hasta qua se jubiló fue mozo en diversos lugares, recuerda que servía a Gardel en el "Chantacuatro", cercano al Mercado del Abasto, y que to único qua siempre le llamó la atención era el formidable apetito qua tenía el cantor: "Legó a pesar más de cien kilos pese a que los amigos, como Fugazot, el del trío Irusta-Fugazot-Demare, y el periodista Barquina, 'Barquinazo', de Crítica, siempre decian que iba a reventar y tener que dejar de cantar". Sin embargo, creo que el gran recuerdo gastronómico de Gardel podría revivirse hasta no hace mucho en El Tropezón, donde estaba aun su mesa, la misma, y también el puchero, el mismo, qua acompañó la vida de Gardel. Los lugares que encierran recuerdos tienen el triste destino de morir an nuestra ciudad. Es una pena. (c) LA NACION Transcribed by Jack Lupic, June 15, 2003 El historiador Enrique Horacio Puccia, cita en su libro “El Buenos Aires de Angel G. Villoldo”, Corregidor, 1997, Pág. 242" “...las “cantinas” del Abasto aún no eran puntos de mira de las gentes de otras zonas (al menos en gran escala) pero justo es rescatar el O’Rondemann, de Agustín Traverso, desde el ‘90 en Humahuaca y Agüero y “El Chanta Cuatro” de Luis Sanguinetti, en Anchorena y la actual Carlos Gardel...” Con sus 102 años, el multifacético Daniel Perícoli recuerda que junto a Gardel, cenaban puchero en la esquina llamada “Chanta Cuatro”, en pleno Barrio del Abasto, era un bodegón tipo cantina, que a Gardel le atraía mucho y le gustaba frecuentar. Recorte de la revista Nación El menú de Carlos Gardel -Miren... Hasta recuerdo el menú preferido de Carlos: corazón de lechuga, salsa de mayonesa y café con leche. Prescindía con pena de su plato favorito por temor a engordar: ¡albóndigas y spaguettis! ¡Era un gran muchacho! De la revista Cantando la semana del 21 al 28 de junio de 1960 y es un reportaje que el actor Homero Cárpena le hizo a José Plaja, el único sobreviviente del avión que el 24 de 1935 cayó en Medellín. Fuente: La Maga, Buenos Aires Enlaces:
|