"La Canción Moderna" N° 387, 17 de agosto de 1935

El Traslado de Los Restos de Carlos Gardel
La Entrevista con su Madre


La revista "La Canción Moderna" publica en su N° 387 del 17/8/35, la nota que su enviado especial realizara a bordo del "Campana", desde su escala en Montevideo hasta su llegada a Buenos Aires. Este es el texto que transcribimos abreviadamente:

"Domingo 11, en el puerto de Montevideo. Llega de Francia el vapor "Campana", y a bordo, una viejita angustiada, que viene en viaje a Buenos Aires, donde el afecto de un pueblo entero abre sus brazos para cobijar su dolor.
Es Madame Bertha Gardes, que tuvo un hijo que se llamó Carlos Gardel...!
Hemos venido de Buenos Aires para anticiparle una palabra del homenaje de condolencia que le deben los porterlos.
Estamos ya sobre cubierta. Un laberinto de pasillos y corredores. Nos sale al encuentro Armando Defino, gran amigo y leal administrador de Carlos Gardel. Ha ido a Toulouse en busca de la senora Gardes, para reintegrarla al ambiente en que sembró cariño y donde su hijo Carlos se hizo niño, adolescente, hombre y famoso.
-¿Es posible ver a la senora?
-Esperemos unos instantes. La pobre está tan agobiada. Ha pasado un viaje lleno de sin sabores. No bien tocamos tierra americana, se renovó en ella el recuerdo, con una agudeza tal, que temi por su salud, de por si tan quebrantada.
-¿Cómo encontró usted a la senora Gardes al llegar a Toulouse?
-No hay manera de describirlo. Pocas veces he presenciado un desborde de dolor tan intenso. iFrancamente, no só cómo aguantó la pobre vieja...!
-¿Encontró en ella alguna resistencia para el viaje a Buenos Aires?
-¡Absolutamente! Ya al embarcarme a Francia, tuve con ella una conversación telefónica y antes de insinuarle la idea del viaje, se manifestó decidida a hacerlo.
-¿Tiene intereses en Toulouse la senora? -Ninguno.
-¿Residia alli por alguna razón determinada? -Iba a Toulouse cada vez que Carlos viajaba a Estados Unidos o a Europa. Para estar cerca de él.
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-¿El porvenir de la señora Gardes queda asegurado? -Si, tiene lo suficiente para vivir. La casa de la calle Jean Jaurés en Buenos Aires, un chalet en Montevideo, y una apreciable cantidad de efectivo en Nueva York. Es posible que en breve me traslade a los Estados Unidos, a fin de iniciar la sucesión.
Asciende al barco la delegación llegada de Buenos Aires: Mario Bónard, que trae la representación de la comisión de Homenaje, Fernando Ochoa y otros. Enseguida llega un crecido numero de periodistas uruguayos, que rodean al Sr. Defino; este aprovecha la oportunidad para formularles una declaración en nombre de la señora Gardes.
-La madre de Carlos Gardel -expresa- ha sabido que a raíz de la muerte de su hijo, se suscitaron algunos movimientos de opinión acerca del país en que debieran descansar los restos, y desea hacerles saber a todos ustedes, representantes de la prensa de este pals, que ha resuelto que sea en Buenos Aires, donde aquellos reciban sepultura definitiva. Y ello se debe a una cuestión de fndole sentimental: Carlos vivió en Buenos Aires la mayor parte de su vida. Allí centralizó sus negocios, sus medios de vida, instaló en Buenos Aires su residencia fija... Sin dejar de reconocer el acendrado cariño que su hijo sentía por el Uruguay, cree que sus restos deben quedar alli donde vivieron juntos tantos años... Y por otra parte, doña Bertha ansia que se unan los sentimientos afectuosos de ambos países para con el recuerdo de su hijo, sin hacer cuestión de ubicación.
A todo esto, la señora Bertha Gardes permanece aun en su camarote, acompañada de la señora esposa de Armando Defino, que se adelantara a esperarles hasta Río de Janeiro.
No son suficientes las reiteradas invitaciones que en ese sentido le formula Defino, a fin de complacer el requerimiento tenaz de los periodistas. La anciana ante la proximidad de Buenos Aires, siente amontonarse sobre su corazón, penosas evocaciones. No podrá afrontar las indagaciones periodísticas.
Ya transcurrió una hora desde que el "Campana" atracó al muelle de Montevideo.
Llega una delegación femenina. Es el Comité de Homenaje de la Mujer Uruguaya, que acude a presentar sus respetos a la madre de Gardel, que se decide al fin a salir de su retraimiento. La acompañan a uno de los salones del barco.
Su aparición es impresionante. Viejita -70 años, pequeña, enjuta, como aplastada bajo el signo de un gran tormento.
Su peso es lento, vacilante... Los ojos enrojecidos. Las mejillas húmedas... pálidas y rugosas.
Hay un silencio acongojante en la sala. Las bocas permanecen mudas. Las miradas atónitas. Los musculos contraidos.
Se adelanta un grupo de señoras del comité, portador de una placa de bronce que ostenta la efigie de Gardel, en bajo relieve. La madre de Carlos recibe conmovida el respetuoso presente, que no tarda en bañarse en sus lágrimas.
La Comisión Nacional Uruguaya de Homenaje a Carlos Gardel acude asimismo a presentar sus condolencias a la Sra. Gardes, hacióndole entrega de un ramo de flores y un pergamino.
Algunos fogonazos, apretones de manos, silencios sobrecogidos de profunda emoción, y la atribulada viejita es substraída de situación tan penosa, retirandose a su camarote.
."La Canción Moderna" hace el viaje de regreso en el "Campana", a fin de acompañar a la Sra. Gardes en la ultima etapa del viaje.
En el comedor, el pasaje almuerza en silencio. En una esquina, doña Bertha apenas si prueba bocado. Arranca el vapor alrededor de las 13. Nos aproximamos a la mesa de la sefiora Gardes, para compartir su sobremesa. Y conversamos con ella.
Dona Bertha es una bondadosa viejita, y afable; aun en medio de su pesar, se observa que tras el rictus de dolor que contrae sus labios, asoma una ténue sonrisa de simpatia hacia quien le dirige la palabra. -Lamentamos renovar en su recuerdo circunstancias penosas, señora, pero tenemos que cumplir un deber ante nuestros lectores.
-No importa. Todo to que deseen saber les diré, mientras me queden fuerzas para hacerlo. Hablar de mi desgracia, es recordar mas vivamente a Carlos, y es lo que yo quiero: que su recuerdo vibre siempre en mi corazón...
-¿Cómo recibió usted la noticia?
La anciana aprieta los labios. Permanece un instante silenciosa, clavando su mirada en una manchita del mantel. Sus párpados se humedecen.
Yo vivia en Toulouse con mi hermano Jean y mi cu
ñada. Pocos dias antes de la desgracia habiamos comprado un receptor de radio, y a mi me gustaba escuchar musica durante las comidas. Aquel dia, a la hora del almuerzo, me dispuse a sintonizar como de costumbre, pero noté que el aparato se hacia descompuesto to cual lamente sobremanera. Jean y mi cunada aparecian muy raros. No pronunciaban una sola palabra, apenas si probaban bocado, y rehuian visiblemente mis miradas. No era dificil suponer que trataban de ocultarme algo desagradable. Les reclame la verdad, y mi hermano, llamandome aparte, me habló de un accidente ocurrido al avión en que viajaba Carlos. El tampoco hacia escuchado la noticia, pero si una vecina, que se apresuró a informarle a mi cuñada, y ésta a su vez se la comunicó a Jean. Esto ocurria al dia siguiente del accidente.
Se detiene en su relato la senora Gardes. Nos mira en los ojos a todos los que en ese instante la rodeamos, y luego prosigue:
-Para que voy a hablarle de la sensación tremenda que la noticia me produjo. Sin embargo, tuve un asomo de esperanza. Sabía que a Carlos no le gustaba viajar
en avión, y ese presentimiento me habia presumir que tal vez él no se habria embarcado en aquel aeroplano. "Nunca subiré a un avión" habia dicho en varias oportunidades. Pero a la noche, mi hermano recibia, en las oficinas de la Agencia Havas, la dolorosa confirmación.
-¿Cómo fue recibida la noticia en Toulouse? -Imaginese. ¡Alli to querian tanto a Carlos! Era raro el dia que no viniera alguien a pedirme que tocara algunos de sus discos en la vitrola. Apenas se supo la noticia, desfiló por mi casa una multitud. Todos se interesaban en traerme una palabra de aliento. Luego de una pequeña pausa, doña Bertha prosigue con voz delgada y lenta:
-También he perdido a mi hermano Jean. Era más viejo que yo. Lo queria entranablemente a Carlitos. Hubieran visto cómo se desesperaba para consolarme y atenderme en todo, él que apenas si podia con sus dolencias de viejo... Pero no tuvo la fortaleza necesaria para aguantar el golpe. Se enfermó enseguida, sus nervios fueron sacudidos violentamente, le aflojó el corazón, y a los quince dias dejaba este mundo. Con su muerte, he quedado sola en el mundo.
-¿No le quedan parientes?
-Ninguno directo. En Toulouse, y en el pueblo vecino de Alby quedan algunos parientes colaterales. -¿Cuando vio usted por ultima vez a Carlos?
-En setiembre del ano pasado, cuando vino a verme a Toulouse.
-¿Hacia mucho tiempo que estaba usted en esa ciudad?
-Dos años. Y habia más de uno que no to veia cuando llegó él.
-¿Su ultima carta, cuando la recibió?
-El 25 de mayo. La habia escrito en Venezuela, anunciándome que pronto se embarcariá para Colombia... Me decia que para el mes de setiembre vendriá a buscarme para irnos juntos a Buenos Aires, donde me instalaria definitivamente.
La señora parece sobrecogerse por un subito pensamiento y agrega:
-¡Pensar que este viaje debia hacerlo dentro de un mes con Carlos!...
-¿Cuando llegue a Buenos Aires, quó tiene pensado hacer?
-Ante todo, pienso ir a ver, en alguna exhibición privada, las ultimas películas de Carlos. No tengo idea de cómo será la sensación que me produciran, pero siento una imperiosa ansiedad de verlas.
-¿Cuando to escuchó por ultima vez?
-El año 1933. Fue una tarde que actuaba en el cine Soleil.
-¿Recuerda cuál ha sido la canción que le oyó por última vez?
-Creo... si: fue "Mano a mano". -¿Y en grabación?
-"Mi Buenos Aires querido". Me trajo un disco de prueba, que le habían prestado, cuando vino a verme a Toulouse en setiembre. Lo oí una sola vez, porque se llevó el disco consigo, para devolverlo.
-¿Cuales son las canciones que mas le gustaba escucharle?
-"Mano a mano" y "Adiós muchachos".
-¿Cuando lleguen los restos de su hijo, donde recibirá sepultura definitiva?
-Ya he pensado en eso, y Defino tiene instrucciones para adquirir un terreno para dos sepulturas; una para él y otra para mi, cuándo me llegue la hora... -¿De manera que no piensa usted regresar a Francia? -No. Yo debo quedarme "con Carlos"... Quiero descansar junto a él...
Llegada a Buenos Aires. Son cerca de las 22; el "Campana" ya entra en la rada. Pocos minutos después es remolcado hacia el dique de la Dársena Norte. Desde a bordo se distingue una compacts multitud en el desembarcadero, que ha acudido alli a esperar y saludar a la señora Gardes.
Ella pide que se eviten todas aquellas manifestaciones que puedan originar en su ánimo una nueva depresión como la de Montevideo. Pero no es posible impedir que el publico ascienda al barco en cuanto atraca, para llevarle las expresiones de su simpatia y adhesión. Junto a la planchada del barco, por donde debe descender doña Bertha, Radio Belgrano instala un micrófono improvisado, a fin de recoger y difundir sus primeras palabras. Pero ella no puede hacerlo. Se siente demasiado deprimida, vencida por el cumulo de emociones. La voz se le ahoga en la garganta. Los sollozos desbordan de su pecho.
Hablan, si, invitados por Valle, Fernando Ochoa y Fredy, que fueron a esperarla en Montevideo, y tambión pronuncia algunos palabras nuestro enviado especial. Previamente, antes de atracar el barco, ya han hablado por el mismo micrófono, algunos de los artistas que acudieron al puerto, y los familiares de los guitarristas desaparecidos y de Aguilar.
Luego una vez cumplidos los trámites de la Aduana, y cuando el publico se lo permite al fin, la señora Gardes es acompañada a su residencia de Jean Jaurés, por los esposos Defino y algunos amigos".

EL TRASLADO DE LOS RESTOS

Armando Defino, encomendado por la Comisión de Homenaje y por Bertha Gardes, parte de Buenos Aires el 14 de setiembre de 1935, para cumplir la delicada misión de gestionar ante las autoridades de Colombia la repatriación de los restos del malogrado cantor y de sus companeros de infortunio.
El primer trámite to realiza en Nueva York, en donde consigue liquidar la testamenteria del astro. Luego continua el trayecto, pasando por las mismas ciudades en donde actuara Gardel, con el objeto de hacer controles de administración. 


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