Ángel Olivieri (1920-2008)
Uno de los mas conocidos coleccionistas de Carlos Gardel

 

30/12/2008

Murió el último amigo de José Razzano, Angel Olivieri
 

Con profunda tristeza informa el Centro de Estudios Gardelianos que el día 26/12 a las 8:30 horas, falleció en el Hospital Sirio Libanés Ángel Olivieri, quien dedicara gran parte de su vida a la conservación del acervo gardeliano.

Amigo personal de José Razzano y familia, logró una importante colección que enriqueció a numerosos trabajos de investigación no sólo de Argentina sino también del extranjero.

Su participación en las actividades de este Centro careció de formalidades pero mantuvo estrecha relación con sus integrantes, prestando su colaboración permanente y desinteresada.

Por la importancia de su tarea y por sus cualidades humanas, nos sentimos conmovidos ante la noticia de la pérdida irreparable y acompañamos a su entorno afectivo más íntimo.
 

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Una entrevista con Olivieri: YouTube


Monique Ruffié Saint-Blancat con Ángel Olivieri en su casa de Buenos Aires Aires, 1 de mayo de 2006
Se pueden apreciar muchas fotos originales de Gardel
La foto por Georges Galopa,
Vice Presidente de la Asociación Carlos Gardel de Toulouse
Juntos con Juan Carlos Esteban y Georges Galopa, la señora Saint-Blancat es co-autora del libro CARLOS GARDEL SUS ANTECEDENTES FRANCESES
Editorial: CORREGIDOR, 2006

© Revista El Abasto, n° 103, octubre, 2008.
Por Rafael Sabini

El coleccionista Ángel Olivieri es propietario de muchos objetos de Carlos Gardel y de otros grandes músicos; así como también es dueño de incontables recuerdos, muchos basados en su amistad con José Razzano.

“El origen de Gardel es cristalino”

El miércoles primero de octubre se realizó un homenaje a modo de agradecimiento al coleccionista Ángel Olivieri, quien expuso parte de su colección de artículos personales, fotos y partituras de Carlos Gardel, durante tres meses en el Museo Casa Carlos Gardel. Así fue como conocí personalmente en la casa de Carlitos, Jean Jaurès 735, a este admirable y lúcido nonagenario.

¿Se podría decir que Ud. es uno de los coleccionistas más importantes de objetos de Carlos Gardel?
“No quiero entrar a analizar lo que tienen los demás. Además yo no solamente tengo objetos relacionados con Carlos Gardel, sino también de otros personajes relacionados con nuestro acervo cultural. Cada coleccionista tiene un patrimonio distinto. Todos tienen el mérito de haber luchado por lo mismo, que es la vigencia de nuestra música popular. No me interesa entrar a analizar qué lugar ocupo en ello. No quiero entrar en comparaciones odiosas. Lo hago convencido de que así estoy ayudando a defender algo que es de los argentinos, algo nuestro y que tenemos la obligación de defender porque es parte del patrimonio nacional, parte de las circunstancias de nuestro país.”

Entonces Ud. también tiene objetos de otros cantores…
“Me apasiona Carlos Gardel pero tengo objetos de varios: Magaldi, Arolas, Corsini, Charlo… Arolas fue el Beethoven de la música argentina, un compositor increíble. Podía componer una melodía en cinco minutos… un genio.”

¿Ud. conoció personalmente a Carlos Gardel?
“No. Yo fui amigo de José Razzano, muy amigo. Razzano venía a mi casa porque era un entrañable amigo de mi tío que era compositor. Se juntaban mi tío, mi padre y Razzano en casa. Yo, así a los ocho lo conocí, de colado, desde el año ´26. Después mi tío, cuando se casó, se fue de mi casa pero yo a Razzano lo seguí viendo.

¿En ésa época ya estaba peleados Razzano y Gardel, puede ser?
Todavía no. Cuando se separó de Gardel, no fue porque había pasado algo entre ellos sino porque a Razzano lo calumniaron para que se separaran. Habían otros que ambicionaban ser representantes de Gardel, y estando Razzano ¿cómo iban a hacer?”

¿Delfino por ejemplo?
“Sí. Delfino era uno de ellos. «Colaboraba» bastante para separarlos. Gardel en el año ´34 le escribe a [Ernesto] Laurent, uno de sus grandes amigos, uno de la barra del Café de los Angelitos, y dice «qué daría para poder volver a estar todos juntos». Eso quiere decir que se dio cuenta, aunque ya fue tarde; en la navidad del ´34, unos meses antes de morir.”

¿Cómo se te dio por coleccionar objetos de toda esta gente?
“Soy un apasionado de la música y después vino el interés por los intérpretes. Pero el origen el directamente con la música popular.
“Yo tenía a mi tío, César De Pardo -tenía el apellido de mi vieja- que era el pianista del Cuarteto Vocal Buenos Aires. Venía a mi casa y me llevaba a los cines cuando era chico. Así es como me fui empapando de todo esto de pibe. Después venía Razzano a mi casa y yo ya fui ampliando aquellos conocimientos. Y la casa de Razzano era directamente como un bar, ahí iba todo el mundo, iba.
     ”Razzano tenía una rara inteligencia; siempre encontraba una solución a todo. A mí me conocía de pibe y yo lo seguí visitando hasta que falleció. El me quería como a un hijo, él y la mujer. Porque no era la mujer accidental de un hombre importante de la música, ella compartía todo, sabía mucho de música, era fanática de la música lírica, y a mí me quería mucho. Un día me llegó a decir: “mirá, vos sos el hijo que yo no tuve”. Y yo los quería mucho. Son cosas lindas que pasan en la vida.”

¿Y cómo te llevabas con las hijas?
“Una relación óptima, familiar. Pepita cantaba muy bien pero el padre no quería que fuera a cantar a la radio para resguardarla del ambiente. Falleció hace años, tendría cincuenta. Y con Chichita nos seguimos viendo, hoy tiene 93 o 94 y está muy lúcida aún. Se puede decir que esa casa es parte de mi vida.”

Sobre el origen de Gardel, ¿Ud. qué opina?
“Es todo cristalino. Algunos periodistas, o más bien seudoperiodistas, son los que modificaron la verdad. La madre era biológica, él era hijo natural. Vino a los tres años. La otra versión fue creada por intereses económicos. Tacuarembó era un lugar desconocido, ahora van 80.000 turistas por año por lo que ahora el Uruguay comparte el criterio de que nació ahí. Pero eso es mentira. A mí Razzano eso me lo contó 50.000 veces. Me contó cuando Gardel lo llevó a Francia para conocer a su familia. Fueron al hospital donde nació, a la casa donde se crió los primeros años, visitó a los hermanos de la madre…
”Gardel se llamaba originalmente Charles Gardés, casualmente tengo una foto dedicada de puño y letra a un amigo uruguayo firmada con aquel apellido. En 1913 decide cambiar su nombre, le parecía que Gardel que sonaba mejor.”

Otra pregunta que tiene que ver con Gardel. ¿Qué opina del monumento que está acá en la cortada?
“Fue una iniciativa sana, con ánimo de hacerle un homenaje. No podemos entrar a sacarle los defectos. Pienso que como homenaje está bien.”

En un momento de la entrevista fuimos interrumpidos por gente del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que venían con la placa, pero sin la presencia del ministro Hernán Lombardi que lamentablemente pensaba asistir a la ceremonia de agradecimiento pero no había podido. Off the record, pude escuchar como Olivieri insistía en que se pueda comprar una propiedad lindera al Museo Casa Carlos Gardel para que haya lugar para su colección. Dijo algo así como: “lo donaría al museo si es que compran la propiedad de al lado y lo amplían, porque si no se disgregaría la colección. Pero eso es una decisión política”. Preocupado el coordinador del museo, Horacio Torres, le comentaba que una propiedad lindera estaba pidiendo un monto desorbitante, especulando con que era el gobierno el posible comprador. Esta actitud me recuerda lo apropiado que sería hacer un museo a la picardía criolla…
     Pero existe la figura de expropiación, es decisión de la Legislatura y demora. Nunca se sabe. Lo qué si sabemos es que sería una pena que se pierda una colección privada con miles de objetos, muchos únicos, que podrían ser patrimonio de todos nosotros y no de diversos coleccionistas japoneses. Tal vez esta nueva ola keynesiana en la que estamos entrando influencie a nuestros funcionarios para que esa colección no se pierda. Ni la de Bergara Leumann.

Rafael Sabini

Revista El Abasto, n° 103, octubre, 2008.

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Colección Angel Olivieri en el Museo Carlos Gardel

El 24 de junio inaugura una de las tres mayores colecciones gardelianas

La Subsecretaría de Patrimonio Cultural, a través de la Dirección General de Museos, inaugura la muestra "Colección Angel Olivieri" en el Museo Casa Carlos Gardel, Jean Jaurés 735, el martes 24 de junio a las 19.00. Actividad gratuita.

Una profusa colección compuesta entre otras joyas del patrimonio gardeliano, documentos, cheques, cartas personales a Isabel del Valle, su novia. También se exhiben objetos personales de José Razzano: la libreta que documenta su primera gira por la provincia de Buenos Aires de 1913, vestimentas, fotografías originales que registran toda la actividad artística del cantor de Buenos Aires, así como también, fotografías que documentan su vida privada, como el retrato de Carlos Gardel a los 4 años que acompañó durante toda su vida a su Madre Berthe Gardés y que pobló los ambientes de la casa de Jean Jaurés hoy casa Museo.

Además, se mostrarán retratos y objetos personales de otros artífices de la música popular como Ignacio Corsini, Agustín Magaldi, Charlo, Azucena Maizani, Julio De Caro, Francisco Canaro, entre otros.


Publicado en Leedor el 22-06-2008
 

El último de los coleccionistas gardelianos
© Boletín Argentino

Publicado el 14 de Marzo (2008)
 

A los 86 años, Angel Olivieri es uno de los últimos integrantes de una cofradía en extinción: los coleccionistas gardelianos. En su casa tiene más de 700 discos, 500 fotos, objetos de valor incalculable y hasta la guitarra criolla con la que Gardel aprendió a tocar. Pero mostró su colección sólo una vez, en 1969. ¿La razón? No quiere que su pasión sea un negocio: quiere convertirla en museo nacional. Y todavía sigue esperando que algún funcionario le dé el gusto. En el barrio de Agronomía, en el centro geográfico de Buenos Aires, el paisaje resiste el vértigo de una ciudad enloquecida. Lo hace desde sus techos bajos, desde el silbido de un tango en alguna vereda, desde una vieja casa atiborrada de misterio y oscuridad. Allí, tras el jardín con limoneros, duerme desde hace décadas una asombrosa colección de fotos, discos y objetos personales de Carlos Gardel.

El hombre, de 86 años, aguarda sentado en el patio, aprovechando el sol. Una celosía es el pase de ingreso a una habitación repleta de discos y fotos de Gardel, donde blancos, negros y sepias imprimen un aroma melancólico, opresivo. Angel Olivieri –ése es su nombre– busca desde hace décadas que algún gobierno argentino cree un museo “nacional” con su colección. “Mi pasión por Gardel comenzó una tarde de 1928 cuando fui al cinematógrafo Oeste, de Villa del Parque, a ver películas mudas de ‘convoy’”, cuenta. “Como mi mamá no quería que me quedara atorranteando en la calle –yo tenía ocho años– me daba 20 centavos para ir al cine. En ese tiempo te pasaban varias películas por el precio de una entrada, así que en los intervalos pasaban música popular, para amenizar. Yo ese día justo estaba sentado cerca de los parlantes. De repente, escucho una voz cantando el tango ‘Duelo criollo’. El cantor me conmovió pero no sabía quién era; entonces, le pregunté al tipo que estaba al lado mío. Me dijo: ‘Es Carlitos Gardel, pibe. ¿quién va a ser?’.”

En ese momento se hizo una promesa: cuando fuera grande lo primero que haría con su primer sueldo sería comprarse un disco de Gardel. Mucho antes de lo imaginado, Angel pudo cumplir su promesa, cuando a los catorce años tuvo su primer trabajo como aprendiz de mecánico en una fábrica metalúrgica. En la primera quincena cobró quince pesos, de los cuales diez le dio a su mamá y los otros cinco se los quedó él. De ahí tomó dos pesos con cincuenta y salió corriendo a comprar su primer disco de Gardel. “De un lado tenía ‘Alma de loca’ y del otro… puta madre, no me acuerdo ahora”, dice fastidiado, sorprendido de haberse olvidado el nombre del tema.

Razzano y la novia de Carlitos
A través de su tío conoció a José Razzano, quien cantó a dúo con Gardel entre 1913 y 1925. Razzano solía contar anécdotas del gran cantor nacional. “Don Pepe venía siempre acá, cenaba en esta misma habitación. Porque esto antes era un comedor…” Con los años fue Olivieri quien comenzó a visitar a Razzano; lo hacía por las tardes, a la hora del té. Conversaban acerca del tiempo y de bueyes perdidos, pero inevitablemente todo confluía en Gardel. Disfrutaba el modo en que “don Pepe” rescataba aquellas lejanas historias. Angel recuerda una en especial, casi desconocida: la del noviazgo de Gardel con Ofelia Darthés, una trapecista de circo: “Resulta que una tarde Gardel y Razzano caminaban por las calles de un pueblito de la provincia de Buenos Aires y llegaron hasta las afueras, en donde había un circo instalado en un descampado. Ellos iban a cantar a la noche en el teatro del pueblo; entonces, como no tenían otra cosa que hacer se metieron a ver la función que recién había empezado. Tras la rutina de dos payasos, apareció una chica hermosa que empezó a deslizarse en el trapecio. Y bueno, Carlitos se enamoró. Al terminar la función se acercó a ella y la invitó a que fuera a ver la actuación del dúo, que arrancaba un rato después. Ofelia aceptó y esa noche ella también se enamoró. A los pocos días abandonó el circo para irse a vivir con Carlos”.

Pasión tanguera
El fanatismo de Olivieri por el Morocho arrancó de muy chiquito, por lo que naturalmente en algún momento comenzaría a buscar sus huellas, sus olores, sus retazos. Empezó a coleccionar allá por los años cuarenta. “Pero me tuvo que doler para entender la dimensión que tenía, y tiene, para mí, su figura”, explica Angel. “Un día cae en mis manos una foto de Gardel de su primera época de cantor. El tipo que la vendía no era coleccionista pero adivinaba el valor de la foto y claro, ¡me pidió una fortuna! Gente que explota el sentimiento. Y me fui sin la foto. Pero esa noche no pude dormir, porque podía habérsela comprado y no lo hice. A los pocos días me enteré de que la había comprado otro tipo y nunca más volví a ver esa foto.”
La lección se convirtió en obsesión y esa obsesión lo llevó a conseguir los 763 discos originales que grabó Gardel, más algunas decenas de canciones reversionadas y unas cincuenta de prueba que no salieron a la venta. Tuvo que poner mucha plata para quedarse con los discos de Gardel de edición limitada. En 1969 le pagó diez mil pesos a un talabartero por una fotografía de grandes dimensiones del cantor que había pertenecido a los estudios de cine Paramount, en donde Gardel filmó sus últimas películas. Y puso muchos miles de pesos por otras fotos que le pertenecieron al propio cantor. En cinco décadas llegó a las quinientas fotografías, aunque doscientas de ellas retratan a otros cantores y músicos. “Mirá esa foto, la del pibe”, señala con la mirada. “Es una de mis preferidas… Es Carlitos a los 8 años. La tenía su mamá en la cabecera de la cama.” Olivieri invita a pasar a la otra habitación, a su mundo íntimo: el dormitorio. Allí hay una pequeña cama, una mesita de luz, un ropero del que asoman más fotos y una vitrina. En esa vitrina hay un reloj de oro de bolsillo, partituras, telegramas y una pequeña libreta. El coleccionista coloca sobre la cama un estuche negro; lo abre y saca una guitarra criolla. “Con esta guitarra Carlitos aprendió a tocar. ¿Qué te parece?”, pregunta orgulloso.

La cofradía
Los coleccionistas gardelianos comparten el fanatismo por Gardel, la Vieja Guardia del tango, la bohemia, y hasta la condición social: Olivieri se ganó la vida como tornero; otro hizo sus monedas como cantor de segunda línea; otro era armador de radios a transistores, y así. Todos, alguna vez, estuvieron dispuestos a empeñar su vida para conseguir el disco que les quitaba el sueño. Son miembros de una cofradía bien porteña. Durante muchos años se reunieron en el bar El Aguila, en Lavalle al 1500, para intercambiar discos, anécdotas e información. Hoy estos encuentros son esporádicos y se celebra nostálgicamente la adquisición de un disco raro o de una foto olvidada porque poco y nada queda en circulación que les pueda interesar. Son miembros de una cofradía en extinción que se alborota cuando muere algún coleccionista porque, tras el dolor por la pérdida de un viejo compañero de ruta, aparece en escena la viuda vendiendo lo más importante de la colección de su marido. El resto lo regala o se lo queda a modo de recuerdo. “Así es la rueda de la vida. Todo lo que con tanto amor coleccionás se esfuma rápido. Yo fui un boludo. Me hubiera gustado conocer Cuba, Brasil, Europa… Toda la vida me la pasé juntando guita para conseguir cosas para el museo y al final, no sé si Dios me dará tiempo para verlo realizado.”

El museo
La única vez que los argentinos vieron la colección fue en el verano de 1969, en Mar del Plata. El éxito de la muestra alentó a este hombre a soñar un museo para sus cosas. Durante años acercó su propuesta a distintos funcionarios de Cultura que, o no le prestaron atención o vieron el negocio antes que la obligación de dar espacio a una colección que reúne parte del corazón porteño del siglo XX. “Culturalmente los funcionarios no le dan ni cinco de bola a todo esto pero a mí me van a tener que matar para que comercien con mi colección. Yo insisto en la creación de un museo nacional, que sea un homenaje del Estado a todos los cantores, músicos y poetas que le dieron tanto al pueblo y al país. El Estado tiene la obligación moral de exhibir gratuitamente este patrimonio cultural, porque esto es del pueblo.”

Desde las paredes, mira Gardel. Y miran Ignacio Corsini, Charlo, Agustín Magaldi, Hugo del Carril, Enrique Santos Discépolo, Libertad Lamarque. Ahí, colgados, provocan una sensación extraña, desapacible, como la de pájaros que precisan una libertad que no van a tener. “¿Cuántas fotos me sacaron ya? La nota es Gardel, no yo”, dice clarito Olivieri, ya un poco cansado. Entonces abre la celosía y el jardín con limoneros regala el último pedacito de sol de la tarde.

**Juan Ayala**

 

© ParqueChasWeb, Junio 2005

A 70 años de la trágica muerte del Zorzal Criollo

El Museo oculto de Carlos Gardel en Agronomía.

En el apacible Barrio Rawson -vecino a la Facultad de Agronomía- Don Ángel Olivieri posee una de las colecciones más importantes sobre el "Morocho del Abasto" reunida a lo largo de 72 años. ParqueChasWeb visitó la casa-museo para entrevistar al dueño de este "tesoro escondido".


Por Fernando Belvedere


Entrar a la casa de don Ángel, es como entrar a un santuario. Centenares de imágenes y objetos del Zorzal Criollo decoran desordenadamente los cuatro puntos cardinales a lo largo de tres habitaciones. Todas estas joyas fueron reunidas con paciente búsqueda durante 72 años.

Ángel Olivieri nació en 1918 e hizo su llegada al barrio cuando tenía cinco años. "Vivíamos en Boedo y Cochabamba y luego mi padre compró este terreno pegado a la Facultad de Agronomía, donde construyó esta casa. En este paraíso lleno de flores y pájaros transcurrió toda mi infancia".

El Barrio Rawson es un pequeño triángulo delimitado por las calles Zamudio, Tinogasta y Avenida San Martín, pero en el han vivido grandes exponentes de nuestra cultura. Allí se puede sentir la presencia de los duendes de Julio Cortázar, César Tiempo, Pedro Lauga, Héctor Marcó y Mario Gomila. Por aquí ha pasado también Horacio Salgán, y aún vive el bandoneinista Gabriel Clausi.


Los padres de Olivieri eran italianos,
"aquí viví con mis padres, mi abuela y mi tío que fue un reconocido músico y compositor llamado César de Pardo".

A los 9 años de edad, don Ángel conoció la voz de Gardel por un hecho fortuito. Durante las vacaciones de verano su madre le daba 20 centavos para ir al cine a cambio de no estar mucho tiempo en la calle.
"Me veía tres películas de Cowboys en el cine "Oeste" que estaba ubicado en la Avenida San Martín. Durante el intervalo entre películas, pasaban música popular y fue así que un día pusieron la canción "Duelo Criollo" cantada por Gardel. Desde aquel momento quedé impactado por su voz y dije para mí que cuando tuviese mi primer trabajo, iba comprar todos su discos".

Y fue así que a los 15 años con el sueldo de su primer trabajo, Ángel Olivieri compró el primer disco (de pasta) de Carlos Gardel al precio de dos pesos con cincuenta centavos de la vieja moneda. Los discos los compraba en la Antigua Casa Nuñez. A partir de aquel momento su carrera de coleccionista no se detuvo, por lo que al día de hoy tiene reunidos cerca de 2000 discos.

Cierto día, buscando un disco inédito de Gardel llamado "El patotero sentimental", Ángel Olivieri conoció a Pedro Petrucci quien eran un famoso coleccionista de la obra del Morocho del Abasto allá por el año 1930.

El pequeño Carlos. Este retrato lo tenia la madre de Gardel (Doña Berta) en la cabecera de su cama.

"Petrucci me enseñó algunos secretos del arte de coleccionar. Me dijo que había discos que se sacaban de circulación a propósito, ya que se reservaban para aquellos buscadores que pagaban un precio alto con tal de obtener su objeto más preciado.
Tenía discos de Gardel inéditos que yo nunca había visto hasta ese momento: La Maleva, El Ramito, La Cartita, Que has hecho de mí, cariño y Zorro Gris entre otros".

Ángel Olivieri se reconoce afortunado, ya que muchas de las "joyas" que logró acumular se debieron a su amistad con José Razzano (y mas tarde con su familia) quien junto a Carlos Gardel formó un dúo exitoso desde 1913 hasta 1925.

"Conocí a Razzano gracias a la amistad que tenían con mi tío César de Pardo (ver biografía a la derecha ). Me acuerdo que cuando yo era niño, Razzano venía a cenar muy seguido aquí, a esta casa, hasta que mi tío se casó.
Pero muchos años después -yo tendría veinte años- fui a la casa de Pepe Razzano para saludarlo. Por suerte él se acordó de mí y me regaló las tres primeras fotos que yo tuve de Gardel".

Ángel Olivieri también conoció a Ernesto Laurent (uno de los mejores amigos de Gardel) y a su esposa. "Después que falleció Laurent, su mujer me honró con un regalo increíble. Como sabía que yo coleccionaba objetos de Gardel me obsequio un reloj Longines de oro que la

"Geniol" le regaló al Zorzal en un homenaje. Antes de dármelo me pidió que jamás utilice aquel regalo para un fin comercial.
El reloj lo tenía Laurent, porque después que murió Carlos Gardel, Doña Berta Gardés regaló algunas pertenencias de su hijo a sus mejores amigos".


La Muerte del Zorzal

Don Ángel recuerda la muerte de Gardel con un profundo dolor:
"Me acuerdo que estaba en una librería de la Avenida San Martín, y pasó por la calle un muchacho desesperado diciendo que se había matado "el morocho". Nadie lo podía creer. Yo sé que Gardel detestaba los aviones, aquella muerte trágica acrecentó su fama. Los funerales fueron imponentes. Si no se separaba de Razzano, no se mataba".

La separación de Razzano de Gardel

"La esposa de Laurent me contó la historia de la separación del exitoso dúo.
A Gardel le habían llenado la cabeza contra Razzano, y al Zorzal le faltó experiencia y creyó lo que le dijeron y decidió separarse. Según decía tenía otros proyectos y quería un cambio de rumbo en su carrera artística. Pero reconocía con agradecimiento lo que Razzano había hecho por él.

Sus amigos del grupo que paraban en el Café de los Angelitos, se sintieron molestos con aquella decisión y le hicieron saber que si se separaba de Razzano también se separaría de ellos porque se consideraban una familia. Gardel quedó sin palabras y no supo que contestar.

En el año 1934, el morocho se dio cuenta que extrañaba mucho a sus amigos a los que conocía desde 1910, estaba dolido.
Entonces le escribe una carta a Laurent, diciéndole que daría cualquier cosa por volver a estar todos juntos. Pero lamentablemente ese encuentro nunca se concretó, porque al año siguiente Gardel se mató".

La nacionalidad de Gardel

Angel Olivieri cuenta que la vida de Gardel fue simple, y que algunos periodistas se ocuparon de deformarla. Afirma de que no hay duda de que Carlos Gardel nació en Francia: -
"Razzano me contó una historia que certificaba la nacionalidad del Zorzal Criollo.

En 1923, el dúo había realizado una exitosa gira por España. Al finalizar la gira Gardel invita a Francia a su compañero, más precisamente a Toulouse en donde estaba su familia. Le presentó a su madre y tíos, dando por tierra aquella versión que dice que el Morocho del abasto era uruguayo.
El se llamaba Charles Gardés, casualmente tengo una foto dedicada de puño y letra a un amigo uruguayo firmada con aquel apellido. En el año 1913 decide cambiárselo por el de Gardel que sonaba mejor".


La colección de Angel Olivieri

Angel Olivieri, que se dedicó a la tornería y que ahora es jubilado, confesó que el coleccionismo ocupó un lugar importante en su vida, al punto de privarse de muchas cosas con tal de pagar un muy buen precio por un disco.

Tiene en su casa alrededor de 1000 fotos, 2000 discos (obra discográfica completa de Gardel más discos de prueba y otras grabaciones no comercializadas), infinidad de películas, cartas de amor escritas de puño y letra a Isabel del Valle, la galera de Tango Bar, corbatas, telegramas intercambiados con Razzano, Cheques firmados por Gardel, el reloj Longines de oro obsequiado por la Geniol, la guitarra con la que Gardel aprendió a tocar, una libreta de tapa negra donde el cantor reunió recortes de diario bajo el título "Crónica de mi gira artística", además objetos de Charlo, de Hugo del Carril, de Agustín Magaldi, Azucena Maizani, etc.

"Todo este tesoro no puede estar en manos de un coleccionista, debe estar en un museo para que lo pueda disfrutar la gente. Estoy dispuesto a donar todo mañana mismo, dice Olivieri.

Sigo esperando que algún gobierno se digne alguna vez a hacer un museo oficial para albergar todas estas reliquias. Siempre me dijeron que no había presupuesto.
Cómo puede ser que en el país del tango, no exista un espacio para homenajear a todos aquellos artistas que hicieron grande la cultura popular. Además la muestra puede ser también de un gran interés turístico".

Una vez Razzano me dijo: "Nunca trates de sacar un beneficio personal de toda tu colección, esos objetos son sagrados porque son recuerdos". Eso hablaba de los valores éticos de aquellos hombres".

Junio 2005


Angel Olivieri y su colección


La Colección

Cerca de 1000 fotos
, 2000 discos (obra discográfica completa de Gardel más discos de prueba y otras grabaciones no comercializadas), infinidad de películas, cartas de amor escritas de puño y letra a Isabel del Valle, la galera de Tango Bar, corbatas, telegramas intercambiados con Razzano, Cheques firmados por Gardel, el reloj Longines de oro obsequiado por la Geniol, la guitarra con la que Gardel aprendió a tocar, una libreta de tapa negra donde el cantor reunió recortes de diario bajo el título "Crónica de mi gira artística" del año 1913.
Posee además la unica copia de marcha "Adelante" de Gardel que alguien copió de él en secreto.



El tío de Angel Olivieri

César de Pardo
(1900-1981)
Pianista y compositor, entre otras de sus obras, de "Fierro chifle" tango que obtuviera el sexto premio en el concurso que realizara en el año 1928 . Lo compuso a pedido del autor de la letra, Alfonso Tagle Lara y lo grabaron los artistas de la casa patrocinante; entre ellos Carlos Gardel.

Editó los discos "Nacional", "Sueño de arrabal", primer premio en 1929, "Vos ya no me querés" que escribiera en colaboración con el negro Celedonio Flores.

En 1931 reemplazó a Juan Carlos Cobián como pianista del otrora famoso "Cuarteto Vocal Buenos Aires" . No tuvo otras relevantes actuaciones, sino algunas breves por radio y varieté como solista o integrando orquestas. Compositor se hizo en 1926 con el fox-trot "Muy Bien".


Otras fotos


Libreta de Anotaciones de gira de 1913
 


Carta a Isabel del Valle

Domingo 29 de julio de 2001 - © Copyright 1996-2001 Clarin.com

ANGEL OLIVIERI, COLECCIONISTA

El tesoro escondido de Carlos Gardel

En su casa del barrio de Agronomía, Olivieri conserva piezas y documentos de un valor excepcional, reunidos a lo largo de sesenta y cinco años de búsquedas. Y quiere donar la colección completa. 

IRENE AMUCHASTEGUI


ANGEL DE LA GUARDA. Olivieri, entre los objetos de su casa-museo. 
(Foto: Gustavo Correa)

Angel Olivieri duerme en un museo. Concretamente, tiene la cama y la mesita de luz —prácticamente, todo su mobiliario de uso personal— en el hueco ganado a una colección de fotografías enmarcadas que después de tapizar por completo las paredes comenzó a formar hileras y pirámides de cuadros en equilibrio inestable sobre sillas, mesas, piso. El museo-hogar de Olivieri ocupa las dos habitaciones de las que dispone en la casa del barrio de Agronomía donde nació hace ochenta años, cuando Carlos Gardel todavía era parte del celebrado dúo criollo que completaba José Razzano.

Olivieri podría hacer pensar en esos spots televisivos para la prevención de adicciones: "Comencé a los quince años, sin darme cuenta. Primero fueron dos fotografías de Gardel que me regaló don Pepe Razzano, que era amigo de mi tío, el compositor César de Pardo. Después compré mi primer disco, con el primer sueldo que cobré como aprendiz de mecánico: traía La gayola con Alma de loca. Cuando quise acordarme no podía parar".

Pilas de fotografías, discos, rollos de película, cartas y documentos son parte del tesoro que ha logrado reunir en estos 65 años, y que todavía acrecienta ("siempre puede aparecer alguna cosita más"). No es un álbum de figuritas de la descomunal trayectoria gardeliana, si no su materialización misma. Al afán de Olivieri (como de Hamlet Pelusso o Bruno Cespi, por mencionar algunos de los coleccionistas más notables) se debe la preservación —más allá de la obra discográfica completa de Gardel— de sus discos de prueba y otras grabaciones no comercializadas, y la óptima conservación de sus películas y objetos personales (la correspondencia entre Gardel e Isabel del Valle; los telegramas a Razzano como el que recomienda: "Espero habrás comprado billetes navidad ambas orillas. Ruégote mandarme telégrafo números objeto palpitármela...").

Olivieri encarna la definición del investigador Carlos Kuri: "Frente a las habituales menciones del fetichismo del coleccionista (queriendo decir con eso el regocijo hermético y pavote de la posesión) se alza el hilo de sangre que recorre las postas de una música".

Fue tornero y está jubilado. Camina con cierta dificultad a raíz de una operación de cadera. Asegura: "Estoy terriblemente ocupado", y se resiste a hablar demasiado sobre sí mismo. Apenas admite que el coleccionismo signó buena parte de su vida: "Cuántas veces me privé de cosas por comprar un disco o me quedé sin salir un sábado y un domingo... Y me quedé sin conocer Cuba, que siempre fue mi sueño, no por Fidel sino porque mi tío me contaba que es un pueblo encantador".

En las antípodas del arquetipo del coleccionista, Olivieri ha tomado la decisión de donar toda su colección, que no se limita a Gardel sino que incluye piezas de Agustín Magaldi, Charlo, Azucena Maizani, Ignacio Corsini, entre otros. "Lo donaría al museo que están proyectando en la que fue la casa de Carlos Gardel, en el Abasto, si es que compran la propiedad de al lado y lo amplían, porque si no se disgregaría la colección. Si no es ahí, pienso donarlo a la ciudad para un museo del tango, siempre y cuando los funcionarios se decidan".

Olivieri tiene las piezas de la rastra empleada por Gardel en la película El día que me quieras, que fueron rescatadas del desastre de Medellín con marcas del fuego. La galera de Tango Bar. La libreta de tapas negras donde el cantor reunió recortes de diario bajo el título Crónica de mi gira artística. La guitarra que le perteneció. Y el reloj de cadena que le regaló Geniol: un Longines de doble tapa de oro 24 kilates grabado que es uno de los mayores tesoros. "Con sólo vender el reloj, salgo de perdedor. Pero sería una canallada", dice, completamente ajeno al hecho de que un pedazo de revoque acaba de precipitarse desde lo alto de la pared.

http://old.clarin.com.ar/diario/1998/09/21/e-04602d.htm

Lunes 21 de setiembre de 1998

JUBILADOS: ANGEL OLIVIERI Y SU COLECCION DE PIEZAS INEDITAS  
El tesoro de Carlos Gardel

ENRIQUE O. SDRECH

Lunes 21 de setiembre de 1998

Nació el 4 de abril de 1920 y cuando sólo tenía seis años de edad su tío, eximio pianista del inolvidable Cuarteto Vocal Buenos Aires, lo sentaba al lado del piano durante las actuaciones. Don Angel Evaristo Olivieri asegura que a esa edad se despertó su admiración por Carlos Gardel y por la música, lo cual le permitió convertirse en un respetado biógrafo del Zorzal Criollo y en poseedor de la mayor cantidad de efectos personales de Gardel, desde contratos firmados en París en 1932, junto con Alfredo Le Pera y Horacio Pettorozzi, su famoso reloj de bolsillo, su galera, su gacho gris de ala requintada, su "lengue" blanco, cartas enviadas a su eterna novia, Isabelita Del Valle, y la cantidad más impresionante de fotografías inéditas, no sólo de Gardel sino de "monstruos" de los quilates de Charlo, Magaldi, Corsini, Azucena Maizani.

-Sabemos que tiene en su poder la colección más completa de discos de Gardel, la mayoría con temas inéditos que los mismos gardelianos desconocen. ¿Cómo logró conseguirlos? -Esta es una historia que nace en un cine hoy desaparecido, el Oeste, que estaba en la avenida San Martín. Era el año 1928. Daban tres películas por 20 centavos. En los intervalos pasaron el tango Duelo Criollo, contado por Gardel. Me quedé duro en la butaca. Comprendí que ésa era una voz única, que se estaba ante un fenómeno. Un taller mecánico fue mi primer trabajo. Era un pibe. Con el primer sueldo mi madre me permitió comprar los primeros discos de Gardel: La Gayola, Patotero Sentimental, Lejana Tierra Mía, temas gauchescos, tangos festivos. En la antigua Casa Núñez hice los mejores acopios, con la ayuda de Petracci, un coleccionista excepcional. Integrantes de la barra del viejo Café de los Angelitos hicieron el resto.

-¿Cómo conoció a José Razzano? -Era amigo de mi padre y venía una vez por semana a cenar a casa. Un hombre extraordinario. Me contó cosas que jamás olvidaré, como, por ejemplo, aquella gira que Gardel, Enrique de Rosas y Matilde Reguera hicieron por España en 1923, y que terminó en Toulouse, Francia, donde Carlitos les presentó a su madre, dando por tierra con la versión de que Gardel era uruguayo, algo que Isabelita desmintió.

Cultura en silencio

-¿Se considera usted el más grande coleccionista de Gardel en estos momentos? -Sí. En un tiempo estaban Héctor Ernié y Osvaldo Sosa Cordero. Yo continué esa obra. Y no quiero que me pase lo de Juan Alfuso, el más completo coleccionista gardeliano: al mes de morir, todas esas joyas discográficas aparecieron en Japón. He ofrecido donar todo esto para hacer el Museo del Tango. Lo hice ante la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad y de la Nación. Todavía espero una respuesta.


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    Here is a list of best known Gardel collectors who have in great part contributed in keeping Gardel's memory alive and his music in circulation. At the end of the page is the sample of my Gardel collection.

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