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Ángel Olivieri
(1920-2008)
Uno de los mas conocidos
coleccionistas de Carlos Gardel
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30/12/2008
Murió el último amigo de José
Razzano, Angel Olivieri
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Con profunda tristeza informa
el Centro de Estudios Gardelianos que el día 26/12 a las
8:30 horas, falleció en el Hospital Sirio Libanés Ángel
Olivieri, quien dedicara gran parte de su vida a la
conservación del acervo gardeliano.
Amigo personal de José
Razzano y familia, logró una importante colección que
enriqueció a numerosos trabajos de investigación no sólo de
Argentina sino también del extranjero.
Su participación en las
actividades de este Centro careció de formalidades pero
mantuvo estrecha relación con sus integrantes, prestando su
colaboración permanente y desinteresada.
Por la importancia de su
tarea y por sus cualidades humanas, nos sentimos conmovidos
ante la noticia de la pérdida irreparable y acompañamos a su
entorno afectivo más íntimo.
© Copyright 2004
reporterdelespectaculo.com
Una entrevista con Olivieri: YouTube |
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Monique Ruffié Saint-Blancat con
Ángel Olivieri en su casa de Buenos Aires Aires, 1 de mayo de 2006
Se pueden apreciar muchas fotos originales de Gardel
La foto por Georges Galopa,
Vice Presidente de la Asociación Carlos Gardel de
Toulouse
Juntos con Juan Carlos Esteban y Georges Galopa, la señora Saint-Blancat
es co-autora del libro
CARLOS GARDEL SUS ANTECEDENTES FRANCESES
Editorial: CORREGIDOR, 2006 |
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Revista El Abasto, n° 103, octubre, 2008.
Por Rafael Sabini
El coleccionista Ángel Olivieri
es propietario de muchos objetos de Carlos Gardel y de otros grandes
músicos; así como también es dueño de incontables recuerdos, muchos
basados en su amistad con José Razzano.
“El origen de Gardel es cristalino”
El miércoles primero de octubre se realizó un
homenaje a modo de agradecimiento al coleccionista Ángel Olivieri,
quien expuso parte de su colección de artículos personales, fotos y
partituras de Carlos Gardel, durante tres meses en el Museo Casa
Carlos Gardel. Así fue como conocí personalmente en la casa de
Carlitos, Jean Jaurès 735, a este admirable y lúcido nonagenario.
¿Se podría decir que Ud. es uno de los
coleccionistas más importantes de objetos de Carlos Gardel?
“No quiero entrar a analizar lo que tienen los demás. Además yo no
solamente tengo objetos relacionados con Carlos Gardel, sino también
de otros personajes relacionados con nuestro acervo cultural. Cada
coleccionista tiene un patrimonio distinto. Todos tienen el mérito
de haber luchado por lo mismo, que es la vigencia de nuestra música
popular. No me interesa entrar a analizar qué lugar ocupo en ello.
No quiero entrar en comparaciones odiosas. Lo hago convencido de que
así estoy ayudando a defender algo que es de los argentinos, algo
nuestro y que tenemos la obligación de defender porque es parte del
patrimonio nacional, parte de las circunstancias de nuestro país.”
Entonces Ud. también tiene objetos de
otros cantores…
“Me apasiona Carlos Gardel pero tengo objetos de varios: Magaldi,
Arolas, Corsini, Charlo… Arolas fue el Beethoven de la música
argentina, un compositor increíble. Podía componer una melodía en
cinco minutos… un genio.”
¿Ud. conoció personalmente a Carlos
Gardel?
“No. Yo fui amigo de José Razzano, muy amigo. Razzano venía a mi
casa porque era un entrañable amigo de mi tío que era compositor. Se
juntaban mi tío, mi padre y Razzano en casa. Yo, así a los ocho lo
conocí, de colado, desde el año ´26. Después mi tío, cuando se casó,
se fue de mi casa pero yo a Razzano lo seguí viendo.
¿En ésa época ya estaba peleados Razzano y Gardel,
puede ser?
Todavía no. Cuando se separó de Gardel, no fue porque había pasado
algo entre ellos sino porque a Razzano lo calumniaron para que se
separaran. Habían otros que ambicionaban ser representantes de
Gardel, y estando Razzano ¿cómo iban a hacer?”
¿Delfino por ejemplo?
“Sí. Delfino era uno de ellos. «Colaboraba» bastante para separarlos.
Gardel en el año ´34 le escribe a [Ernesto] Laurent, uno de sus
grandes amigos, uno de la barra del Café de los Angelitos, y dice «qué
daría para poder volver a estar todos juntos». Eso quiere decir que
se dio cuenta, aunque ya fue tarde; en la navidad del ´34, unos
meses antes de morir.”
¿Cómo se te dio por coleccionar objetos de
toda esta gente?
“Soy un apasionado de la música y después vino el interés por los
intérpretes. Pero el origen el directamente con la música popular.
“Yo tenía a mi tío, César De Pardo -tenía el apellido de mi vieja-
que era el pianista del Cuarteto Vocal Buenos Aires. Venía a mi casa
y me llevaba a los cines cuando era chico. Así es como me fui
empapando de todo esto de pibe. Después venía Razzano a mi casa y yo
ya fui ampliando aquellos conocimientos. Y la casa de Razzano era
directamente como un bar, ahí iba todo el mundo, iba.
”Razzano tenía una rara inteligencia; siempre encontraba una
solución a todo. A mí me conocía de pibe y yo lo seguí visitando
hasta que falleció. El me quería como a un hijo, él y la mujer.
Porque no era la mujer accidental de un hombre importante de la
música, ella compartía todo, sabía mucho de música, era fanática de
la música lírica, y a mí me quería mucho. Un día me llegó a decir:
“mirá, vos sos el hijo que yo no tuve”. Y yo los quería mucho. Son
cosas lindas que pasan en la vida.”
¿Y cómo te llevabas con las hijas?
“Una relación óptima, familiar. Pepita cantaba muy bien pero el
padre no quería que fuera a cantar a la radio para resguardarla del
ambiente. Falleció hace años, tendría cincuenta. Y con Chichita nos
seguimos viendo, hoy tiene 93 o 94 y está muy lúcida aún. Se puede
decir que esa casa es parte de mi vida.”
Sobre el origen de Gardel, ¿Ud. qué opina?
“Es todo cristalino. Algunos periodistas, o más bien
seudoperiodistas, son los que modificaron la verdad. La madre era
biológica, él era hijo natural. Vino a los tres años. La otra
versión fue creada por intereses económicos. Tacuarembó era un lugar
desconocido, ahora van 80.000 turistas por año por lo que ahora el
Uruguay comparte el criterio de que nació ahí. Pero eso es mentira.
A mí Razzano eso me lo contó 50.000 veces. Me contó cuando Gardel lo
llevó a Francia para conocer a su familia. Fueron al hospital donde
nació, a la casa donde se crió los primeros años, visitó a los
hermanos de la madre…
”Gardel se llamaba originalmente Charles Gardés, casualmente tengo
una foto dedicada de puño y letra a un amigo uruguayo firmada con
aquel apellido. En 1913 decide cambiar su nombre, le parecía que
Gardel que sonaba mejor.”
Otra pregunta que tiene que ver con
Gardel. ¿Qué opina del monumento que está acá en la cortada?
“Fue una iniciativa sana, con ánimo de hacerle un homenaje. No
podemos entrar a sacarle los defectos. Pienso que como homenaje está
bien.”
En un momento de la entrevista fuimos
interrumpidos por gente del Ministerio de Cultura del Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires que venían con la placa, pero sin la
presencia del ministro Hernán Lombardi que lamentablemente pensaba
asistir a la ceremonia de agradecimiento pero no había podido. Off
the record, pude escuchar como Olivieri insistía en que se pueda
comprar una propiedad lindera al Museo Casa Carlos Gardel para que
haya lugar para su colección. Dijo algo así como: “lo donaría al
museo si es que compran la propiedad de al lado y lo amplían, porque
si no se disgregaría la colección. Pero eso es una decisión política”.
Preocupado el coordinador del museo, Horacio Torres, le comentaba
que una propiedad lindera estaba pidiendo un monto desorbitante,
especulando con que era el gobierno el posible comprador. Esta
actitud me recuerda lo apropiado que sería hacer un museo a la
picardía criolla…
Pero existe la figura de expropiación, es decisión de la
Legislatura y demora. Nunca se sabe. Lo qué si sabemos es que sería
una pena que se pierda una colección privada con miles de objetos,
muchos únicos, que podrían ser patrimonio de todos nosotros y no de
diversos coleccionistas japoneses. Tal vez esta nueva ola keynesiana
en la que estamos entrando influencie a nuestros funcionarios para
que esa colección no se pierda. Ni la de Bergara Leumann.
Rafael Sabini
Revista El Abasto, n° 103, octubre, 2008.
Copyright
www.revistaelabasto.com.ar |
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Colección Angel Olivieri
en el Museo Carlos
Gardel El 24 de junio inaugura una de las tres mayores
colecciones gardelianas
La
Subsecretaría de Patrimonio Cultural, a través de la Dirección
General de Museos, inaugura la muestra "Colección Angel Olivieri"
en el
Museo Casa Carlos Gardel, Jean Jaurés 735, el martes 24
de junio a las 19.00. Actividad gratuita.
Una profusa colección compuesta entre otras joyas del patrimonio
gardeliano, documentos, cheques, cartas personales a Isabel del
Valle, su novia. También se exhiben objetos personales de José
Razzano: la libreta que documenta su primera gira por la provincia
de Buenos Aires de 1913, vestimentas, fotografías originales que
registran toda la actividad artística del cantor de Buenos Aires,
así como también, fotografías que documentan su vida privada, como
el retrato de Carlos Gardel a los 4 años que acompañó durante toda
su vida a su Madre Berthe Gardés y que pobló los ambientes de la
casa de Jean Jaurés hoy
casa Museo.
Además, se mostrarán retratos y objetos personales de otros
artífices de la música popular como Ignacio Corsini, Agustín Magaldi,
Charlo, Azucena Maizani, Julio De Caro, Francisco Canaro, entre
otros.
Publicado en Leedor el 22-06-2008
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Publicado el 14 de Marzo
(2008)
A
los 86 años, Angel Olivieri es uno de los últimos
integrantes de una cofradía en extinción: los
coleccionistas gardelianos. En su casa tiene más de
700 discos, 500 fotos, objetos de valor incalculable
y hasta la guitarra criolla con la que Gardel
aprendió a tocar. Pero mostró su colección sólo una
vez, en 1969. ¿La razón? No quiere que su pasión sea
un negocio: quiere convertirla en museo nacional. Y
todavía sigue esperando que algún funcionario le dé
el gusto. En el barrio de Agronomía, en el centro
geográfico de Buenos Aires, el paisaje resiste el
vértigo de una ciudad enloquecida. Lo hace desde sus
techos bajos, desde el silbido de un tango en alguna
vereda, desde una vieja casa atiborrada de misterio
y oscuridad. Allí, tras el jardín con limoneros,
duerme desde hace décadas una asombrosa colección de
fotos, discos y objetos personales de Carlos Gardel.
El hombre, de 86 años, aguarda sentado en el
patio, aprovechando el sol. Una celosía es el pase
de ingreso a una habitación repleta de discos y
fotos de Gardel, donde blancos, negros y sepias
imprimen un aroma melancólico, opresivo. Angel
Olivieri –ése es su nombre– busca desde hace décadas
que algún gobierno argentino cree un museo
“nacional” con su colección. “Mi pasión por Gardel
comenzó una tarde de 1928 cuando fui al
cinematógrafo Oeste, de Villa del Parque, a ver
películas mudas de ‘convoy’”, cuenta. “Como mi mamá
no quería que me quedara atorranteando en la calle –yo
tenía ocho años– me daba 20 centavos para ir al
cine. En ese tiempo te pasaban varias películas por
el precio de una entrada, así que en los intervalos
pasaban música popular, para amenizar. Yo ese día
justo estaba sentado cerca de los parlantes. De
repente, escucho una voz cantando el tango ‘Duelo
criollo’. El cantor me conmovió pero no sabía quién
era; entonces, le pregunté al tipo que estaba al
lado mío. Me dijo: ‘Es Carlitos Gardel, pibe. ¿quién
va a ser?’.”
En ese momento se hizo una promesa: cuando fuera
grande lo primero que haría con su primer sueldo
sería comprarse un disco de Gardel. Mucho antes de
lo imaginado, Angel pudo cumplir su promesa, cuando
a los catorce años tuvo su primer trabajo como
aprendiz de mecánico en una fábrica metalúrgica. En
la primera quincena cobró quince pesos, de los
cuales diez le dio a su mamá y los otros cinco se
los quedó él. De ahí tomó dos pesos con cincuenta y
salió corriendo a comprar su primer disco de Gardel.
“De un lado tenía ‘Alma de loca’ y del otro… puta
madre, no me acuerdo ahora”, dice fastidiado,
sorprendido de haberse olvidado el nombre del tema.
Razzano y la novia de Carlitos
A través de su tío conoció a José Razzano, quien
cantó a dúo con Gardel entre 1913 y 1925. Razzano
solía contar anécdotas del gran cantor nacional.
“Don Pepe venía siempre acá, cenaba en esta misma
habitación. Porque esto antes era un comedor…” Con
los años fue Olivieri quien comenzó a visitar a
Razzano; lo hacía por las tardes, a la hora del té.
Conversaban acerca del tiempo y de bueyes perdidos,
pero inevitablemente todo confluía en Gardel.
Disfrutaba el modo en que “don Pepe” rescataba
aquellas lejanas historias. Angel recuerda una en
especial, casi desconocida: la del noviazgo de
Gardel con Ofelia Darthés, una trapecista de circo:
“Resulta que una tarde Gardel y Razzano caminaban
por las calles de un pueblito de la provincia de
Buenos Aires y llegaron hasta las afueras, en donde
había un circo instalado en un descampado. Ellos
iban a cantar a la noche en el teatro del pueblo;
entonces, como no tenían otra cosa que hacer se
metieron a ver la función que recién había empezado.
Tras la rutina de dos payasos, apareció una chica
hermosa que empezó a deslizarse en el trapecio. Y
bueno, Carlitos se enamoró. Al terminar la función
se acercó a ella y la invitó a que fuera a ver la
actuación del dúo, que arrancaba un rato después.
Ofelia aceptó y esa noche ella también se enamoró. A
los pocos días abandonó el circo para irse a vivir
con Carlos”.
Pasión tanguera
El fanatismo de Olivieri por el Morocho arrancó de
muy chiquito, por lo que naturalmente en algún
momento comenzaría a buscar sus huellas, sus olores,
sus retazos. Empezó a coleccionar allá por los años
cuarenta. “Pero me tuvo que doler para entender la
dimensión que tenía, y tiene, para mí, su figura”,
explica Angel. “Un día cae en mis manos una foto de
Gardel de su primera época de cantor. El tipo que la
vendía no era coleccionista pero adivinaba el valor
de la foto y claro, ¡me pidió una fortuna! Gente que
explota el sentimiento. Y me fui sin la foto. Pero
esa noche no pude dormir, porque podía habérsela
comprado y no lo hice. A los pocos días me enteré de
que la había comprado otro tipo y nunca más volví a
ver esa foto.”
La lección se convirtió en obsesión y esa obsesión
lo llevó a conseguir los 763 discos originales que
grabó Gardel, más algunas decenas de canciones
reversionadas y unas cincuenta de prueba que no
salieron a la venta. Tuvo que poner mucha plata para
quedarse con los discos de Gardel de edición
limitada. En 1969 le pagó diez mil pesos a un
talabartero por una fotografía de grandes
dimensiones del cantor que había pertenecido a los
estudios de cine Paramount, en donde Gardel filmó
sus últimas películas. Y puso muchos miles de pesos
por otras fotos que le pertenecieron al propio
cantor. En cinco décadas llegó a las quinientas
fotografías, aunque doscientas de ellas retratan a
otros cantores y músicos. “Mirá esa foto, la del
pibe”, señala con la mirada. “Es una de mis
preferidas… Es Carlitos a los 8 años. La tenía su
mamá en la cabecera de la cama.” Olivieri invita a
pasar a la otra habitación, a su mundo íntimo: el
dormitorio. Allí hay una pequeña cama, una mesita de
luz, un ropero del que asoman más fotos y una
vitrina. En esa vitrina hay un reloj de oro de
bolsillo, partituras, telegramas y una pequeña
libreta. El coleccionista coloca sobre la cama un
estuche negro; lo abre y saca una guitarra criolla.
“Con esta guitarra Carlitos aprendió a tocar. ¿Qué
te parece?”, pregunta orgulloso.
La cofradía
Los coleccionistas gardelianos comparten el
fanatismo por Gardel, la Vieja Guardia del tango, la
bohemia, y hasta la condición social: Olivieri se
ganó la vida como tornero; otro hizo sus monedas
como cantor de segunda línea; otro era armador de
radios a transistores, y así. Todos, alguna vez,
estuvieron dispuestos a empeñar su vida para
conseguir el disco que les quitaba el sueño. Son
miembros de una cofradía bien porteña. Durante
muchos años se reunieron en el bar El Aguila, en
Lavalle al 1500, para intercambiar discos, anécdotas
e información. Hoy estos encuentros son esporádicos
y se celebra nostálgicamente la adquisición de un
disco raro o de una foto olvidada porque poco y nada
queda en circulación que les pueda interesar. Son
miembros de una cofradía en extinción que se
alborota cuando muere algún coleccionista porque,
tras el dolor por la pérdida de un viejo compañero
de ruta, aparece en escena la viuda vendiendo lo más
importante de la colección de su marido. El resto lo
regala o se lo queda a modo de recuerdo. “Así es la
rueda de la vida. Todo lo que con tanto amor
coleccionás se esfuma rápido. Yo fui un boludo. Me
hubiera gustado conocer Cuba, Brasil, Europa… Toda
la vida me la pasé juntando guita para conseguir
cosas para el museo y al final, no sé si Dios me
dará tiempo para verlo realizado.”
El museo
La única vez que los argentinos vieron la colección
fue en el verano de 1969, en Mar del Plata. El éxito
de la muestra alentó a este hombre a soñar un museo
para sus cosas. Durante años acercó su propuesta a
distintos funcionarios de Cultura que, o no le
prestaron atención o vieron el negocio antes que la
obligación de dar espacio a una colección que reúne
parte del corazón porteño del siglo XX.
“Culturalmente los funcionarios no le dan ni cinco
de bola a todo esto pero a mí me van a tener que
matar para que comercien con mi colección. Yo
insisto en la creación de un museo nacional, que sea
un homenaje del Estado a todos los cantores, músicos
y poetas que le dieron tanto al pueblo y al país. El
Estado tiene la obligación moral de exhibir
gratuitamente este patrimonio cultural, porque esto
es del pueblo.”
Desde las paredes, mira Gardel. Y miran Ignacio
Corsini, Charlo, Agustín Magaldi, Hugo del Carril,
Enrique Santos Discépolo, Libertad Lamarque. Ahí,
colgados, provocan una sensación extraña,
desapacible, como la de pájaros que precisan una
libertad que no van a tener. “¿Cuántas fotos me
sacaron ya? La nota es Gardel, no yo”, dice clarito
Olivieri, ya un poco cansado. Entonces abre la
celosía y el jardín con limoneros regala el último
pedacito de sol de la tarde.
**Juan Ayala**
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ParqueChasWeb,
Junio 2005
A 70 años de la trágica muerte del
Zorzal Criollo

El Museo oculto de Carlos Gardel en Agronomía.
En el apacible Barrio Rawson -vecino a la Facultad
de Agronomía- Don Ángel Olivieri posee una
de las colecciones más importantes sobre el "Morocho
del Abasto" reunida a lo largo de 72 años. ParqueChasWeb
visitó la casa-museo para entrevistar al dueño de
este "tesoro escondido".
Por Fernando Belvedere
Entrar a la casa de don Ángel, es como entrar a un santuario.
Centenares de imágenes y objetos del Zorzal Criollo decoran
desordenadamente los cuatro puntos cardinales a lo largo de tres
habitaciones. Todas estas joyas fueron reunidas con paciente búsqueda
durante 72 años.
Ángel Olivieri nació en 1918 e
hizo su llegada al barrio cuando tenía cinco años.
"Vivíamos en Boedo y Cochabamba y luego mi padre
compró este terreno pegado a la Facultad de Agronomía,
donde construyó esta casa. En este paraíso lleno de
flores y pájaros transcurrió toda mi infancia".
El Barrio Rawson es un pequeño
triángulo delimitado por las calles Zamudio, Tinogasta y
Avenida San Martín, pero en el han vivido grandes exponentes
de nuestra cultura. Allí se puede sentir la presencia de
los duendes de Julio Cortázar, César Tiempo, Pedro
Lauga, Héctor Marcó y Mario Gomila. Por aquí
ha pasado también Horacio Salgán, y aún
vive el bandoneinista Gabriel Clausi.
Los padres de Olivieri eran italianos, "aquí viví
con mis padres, mi abuela y mi tío que fue un reconocido
músico y compositor llamado César de Pardo".
A los 9 años de edad, don Ángel
conoció la voz de Gardel por un hecho fortuito. Durante las
vacaciones de verano su madre le daba 20 centavos para ir al cine
a cambio de no estar mucho tiempo en la calle.
"Me veía tres películas de Cowboys en el cine
"Oeste" que estaba ubicado en la Avenida San Martín.
Durante el intervalo entre películas, pasaban música
popular y fue así que un día pusieron la canción
"Duelo Criollo" cantada por Gardel. Desde aquel
momento quedé impactado por su voz y dije para mí
que cuando tuviese mi primer trabajo, iba comprar todos su discos".
Y fue así que a los 15 años con
el sueldo de su primer trabajo, Ángel Olivieri compró
el primer disco (de pasta) de Carlos Gardel al precio de dos pesos
con cincuenta centavos de la vieja moneda. Los discos los compraba
en la Antigua Casa Nuñez. A partir de aquel momento
su carrera de coleccionista no se detuvo, por lo que al día
de hoy tiene reunidos cerca de 2000 discos.
Cierto día, buscando un disco inédito
de Gardel llamado "El patotero sentimental", Ángel
Olivieri conoció a Pedro Petrucci quien eran un famoso coleccionista
de la obra del Morocho del Abasto allá por el año
1930.
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El pequeño Carlos. Este retrato lo
tenia la madre
de Gardel (Doña Berta) en la cabecera de su cama. |
"Petrucci me enseñó algunos secretos del arte
de coleccionar. Me dijo que había discos que se sacaban de
circulación a propósito, ya que se reservaban para
aquellos buscadores que pagaban un precio alto con tal de obtener
su objeto más preciado.
Tenía discos de Gardel inéditos que yo nunca
había visto hasta ese momento: La Maleva, El Ramito, La Cartita,
Que has hecho de mí, cariño y Zorro Gris entre otros".
Ángel Olivieri se reconoce afortunado,
ya que muchas de las "joyas" que logró acumular
se debieron a su amistad con José Razzano (y mas tarde
con su familia) quien junto a Carlos Gardel formó un dúo
exitoso desde 1913 hasta 1925.
"Conocí a Razzano gracias a la
amistad que tenían con mi tío César de Pardo
(ver biografía a la derecha ). Me acuerdo que cuando
yo era niño, Razzano venía a cenar muy seguido aquí,
a esta casa, hasta que mi tío se casó.
Pero muchos años después -yo tendría veinte
años- fui a la casa de Pepe Razzano para saludarlo. Por suerte
él se acordó de mí y me regaló las tres
primeras fotos que yo tuve de Gardel".
Ángel Olivieri también conoció a Ernesto
Laurent (uno de los mejores amigos de Gardel) y a su esposa.
"Después que falleció Laurent, su mujer me
honró con un regalo increíble. Como sabía que
yo coleccionaba objetos de Gardel me obsequio un reloj Longines
de oro que la
"Geniol" le regaló al Zorzal en un
homenaje. Antes de dármelo me pidió que jamás
utilice aquel regalo para un fin comercial.
El reloj lo tenía Laurent, porque después que murió
Carlos Gardel, Doña Berta Gardés regaló algunas
pertenencias de su hijo a sus mejores amigos".
La Muerte del Zorzal
Don Ángel recuerda la muerte de Gardel
con un profundo dolor:
"Me acuerdo que estaba en una librería de la Avenida
San Martín, y pasó por la calle un muchacho desesperado
diciendo que se había matado "el morocho". Nadie
lo podía creer. Yo sé que Gardel detestaba los aviones,
aquella muerte trágica acrecentó su fama. Los funerales
fueron imponentes. Si no se separaba de Razzano, no se mataba".
La separación de Razzano de Gardel
"La esposa de Laurent me contó
la historia de la separación del exitoso dúo.
A Gardel le habían llenado la cabeza contra Razzano, y al
Zorzal le faltó experiencia y creyó lo que le dijeron
y decidió separarse. Según decía tenía
otros proyectos y quería un cambio de rumbo en su carrera
artística. Pero reconocía con agradecimiento lo que
Razzano había hecho por él.
Sus amigos del grupo que paraban en el Café
de los Angelitos, se sintieron molestos con aquella decisión
y le hicieron saber que si se separaba de Razzano también
se separaría de ellos porque se consideraban una familia.
Gardel quedó sin palabras y no supo que contestar.
En el año 1934, el morocho se dio cuenta
que extrañaba mucho a sus amigos a los que conocía
desde 1910, estaba dolido.
Entonces le escribe una carta a Laurent, diciéndole que daría
cualquier cosa por volver a estar todos juntos. Pero lamentablemente
ese encuentro nunca se concretó, porque al año siguiente
Gardel se mató".
La nacionalidad de Gardel
Angel Olivieri cuenta que la vida de Gardel fue simple, y que algunos
periodistas se ocuparon de deformarla. Afirma de que no hay duda
de que Carlos Gardel nació en Francia: -
"Razzano
me contó una historia que certificaba la nacionalidad del
Zorzal Criollo.
En 1923, el dúo había realizado una exitosa gira por
España. Al finalizar la gira Gardel invita a Francia a su
compañero, más precisamente a Toulouse en donde estaba
su familia. Le presentó a su madre y tíos, dando por
tierra aquella versión que dice que el Morocho del abasto
era uruguayo.
El se llamaba Charles Gardés, casualmente tengo una foto
dedicada de puño y letra a un amigo uruguayo firmada con
aquel apellido. En el año 1913 decide cambiárselo
por el de Gardel que sonaba mejor".
La colección de Angel Olivieri
Angel Olivieri, que se dedicó a la tornería y que
ahora es jubilado, confesó que el coleccionismo ocupó
un lugar importante en su vida, al punto de privarse de muchas cosas
con tal de pagar un muy buen precio por un disco.
Tiene en su casa alrededor de 1000 fotos, 2000 discos
(obra discográfica completa de Gardel más discos de
prueba y otras grabaciones no comercializadas), infinidad de películas,
cartas de amor escritas de puño y letra a Isabel del Valle,
la galera de Tango Bar, corbatas, telegramas intercambiados con
Razzano, Cheques firmados por Gardel, el reloj Longines de oro obsequiado
por la Geniol, la guitarra con la que Gardel aprendió a tocar,
una libreta de tapa negra donde el cantor reunió recortes
de diario bajo el título "Crónica de mi gira
artística", además objetos de Charlo, de
Hugo del Carril, de Agustín Magaldi, Azucena Maizani, etc.
"Todo este tesoro no puede estar en manos
de un coleccionista, debe estar en un museo para que lo pueda disfrutar
la gente. Estoy dispuesto a donar todo mañana mismo, dice
Olivieri.
Sigo esperando que algún gobierno se digne alguna vez a hacer
un museo oficial para albergar todas estas reliquias. Siempre me
dijeron que no había presupuesto.
Cómo puede ser que en el país del tango, no exista
un espacio para homenajear a todos aquellos artistas que hicieron
grande la cultura popular. Además la muestra puede ser también
de un gran interés turístico".
Una vez Razzano me dijo: "Nunca trates
de sacar un beneficio personal de toda tu colección, esos
objetos son sagrados porque son recuerdos". Eso hablaba de
los valores éticos de aquellos hombres".
Junio 2005
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Angel Olivieri y su colección
La Colección
Cerca de 1000 fotos, 2000 discos (obra discográfica
completa de Gardel más discos de prueba y otras grabaciones
no comercializadas), infinidad de películas, cartas de amor
escritas de puño y letra a Isabel del Valle, la galera de Tango
Bar, corbatas, telegramas intercambiados con Razzano, Cheques firmados
por Gardel, el reloj Longines de oro obsequiado por la Geniol, la
guitarra con la que Gardel aprendió a tocar, una libreta de
tapa negra donde el cantor reunió recortes de diario bajo el
título "Crónica de mi gira artística"
del año 1913.
Posee además la unica copia de marcha "Adelante"
de Gardel que alguien copió de él en secreto.
El tío de Angel Olivieri
César de Pardo (1900-1981)
Pianista y compositor, entre otras de sus obras, de "Fierro chifle"
tango que obtuviera el sexto premio en el concurso que realizara en
el año 1928 . Lo compuso a pedido del autor de la letra, Alfonso
Tagle Lara y lo grabaron los artistas de la casa patrocinante;
entre ellos Carlos Gardel.
Editó los discos "Nacional", "Sueño de
arrabal", primer premio en 1929, "Vos ya no me querés"
que escribiera en colaboración con el negro Celedonio Flores.
En 1931 reemplazó a Juan Carlos Cobián como pianista
del otrora famoso "Cuarteto Vocal Buenos Aires" .
No tuvo otras relevantes actuaciones, sino algunas breves por radio
y varieté como solista o integrando orquestas. Compositor se
hizo en 1926 con el fox-trot "Muy Bien".
Otras fotos

Libreta
de Anotaciones de gira de 1913

Carta
a Isabel del Valle |
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Domingo 29 de julio de 2001 - ©
Copyright 1996-2001 Clarin.com
ANGEL OLIVIERI, COLECCIONISTA
El tesoro escondido de Carlos Gardel
En su casa del barrio de Agronomía, Olivieri conserva piezas y
documentos de un valor excepcional, reunidos a lo largo de sesenta y
cinco años de búsquedas. Y quiere donar la colección completa.
IRENE AMUCHASTEGUI

ANGEL DE LA GUARDA. Olivieri, entre los objetos de su
casa-museo.
(Foto: Gustavo Correa)
Angel Olivieri duerme en un museo. Concretamente, tiene la cama y la
mesita de luz —prácticamente, todo su mobiliario de uso personal—
en el hueco ganado a una colección de fotografías enmarcadas que
después de tapizar por completo las paredes comenzó a formar hileras y
pirámides de cuadros en equilibrio inestable sobre sillas, mesas, piso.
El museo-hogar de Olivieri ocupa las dos habitaciones de las que dispone
en la casa del barrio de Agronomía donde nació hace ochenta años,
cuando Carlos Gardel todavía era parte del celebrado dúo criollo que
completaba José Razzano.
Olivieri podría hacer pensar en esos spots televisivos para la
prevención de adicciones: "Comencé a los quince años, sin darme
cuenta. Primero fueron dos fotografías de Gardel que me regaló don
Pepe Razzano, que era amigo de mi tío, el compositor César de Pardo.
Después compré mi primer disco, con el primer sueldo que cobré como
aprendiz de mecánico: traía La gayola con Alma de loca. Cuando quise
acordarme no podía parar".
Pilas de fotografías, discos, rollos de película, cartas y
documentos son parte del tesoro que ha logrado reunir en estos 65 años,
y que todavía acrecienta ("siempre puede aparecer alguna cosita
más"). No es un álbum de figuritas de la descomunal trayectoria
gardeliana, si no su materialización misma. Al afán de Olivieri (como
de Hamlet Pelusso o Bruno Cespi, por mencionar algunos de los
coleccionistas más notables) se debe la preservación —más allá de
la obra discográfica completa de Gardel— de sus discos de prueba y
otras grabaciones no comercializadas, y la óptima conservación de sus
películas y objetos personales (la correspondencia entre Gardel e
Isabel del Valle; los telegramas a Razzano como el que recomienda:
"Espero habrás comprado billetes navidad ambas orillas. Ruégote
mandarme telégrafo números objeto palpitármela...").
Olivieri encarna la definición del investigador Carlos Kuri:
"Frente a las habituales menciones del fetichismo del coleccionista
(queriendo decir con eso el regocijo hermético y pavote de la
posesión) se alza el hilo de sangre que recorre las postas de una
música".
Fue tornero y está jubilado. Camina con cierta dificultad a raíz de
una operación de cadera. Asegura: "Estoy terriblemente
ocupado", y se resiste a hablar demasiado sobre sí mismo. Apenas
admite que el coleccionismo signó buena parte de su vida:
"Cuántas veces me privé de cosas por comprar un disco o me quedé
sin salir un sábado y un domingo... Y me quedé sin conocer Cuba, que
siempre fue mi sueño, no por Fidel sino porque mi tío me contaba que
es un pueblo encantador".
En las antípodas del arquetipo del coleccionista, Olivieri ha tomado
la decisión de donar toda su colección, que no se limita a Gardel sino
que incluye piezas de Agustín Magaldi, Charlo, Azucena Maizani, Ignacio
Corsini, entre otros. "Lo donaría al museo que están proyectando
en la que fue la casa de Carlos Gardel, en el Abasto, si es que compran
la propiedad de al lado y lo amplían, porque si no se disgregaría la
colección. Si no es ahí, pienso donarlo a la ciudad para un museo del
tango, siempre y cuando los funcionarios se decidan".
Olivieri tiene las piezas de la rastra empleada por Gardel en la
película El día que me quieras, que fueron rescatadas del desastre de
Medellín con marcas del fuego. La galera de Tango Bar. La libreta de
tapas negras donde el cantor reunió recortes de diario bajo el título
Crónica de mi gira artística. La guitarra que le perteneció. Y el
reloj de cadena que le regaló Geniol: un Longines de doble tapa de oro
24 kilates grabado que es uno de los mayores tesoros. "Con sólo
vender el reloj, salgo de perdedor. Pero sería una canallada",
dice, completamente ajeno al hecho de que un pedazo de revoque acaba de
precipitarse desde lo alto de la pared.
http://old.clarin.com.ar/diario/1998/09/21/e-04602d.htm
Lunes 21 de setiembre de 1998
JUBILADOS: ANGEL OLIVIERI Y SU COLECCION DE PIEZAS INEDITAS
El tesoro de Carlos Gardel
ENRIQUE O. SDRECH
Lunes 21
de setiembre de 1998
Nació el 4 de abril de 1920 y cuando
sólo tenía seis años de edad su tío, eximio pianista del inolvidable
Cuarteto Vocal Buenos Aires, lo sentaba al lado del piano durante las
actuaciones. Don Angel Evaristo Olivieri asegura que a esa edad se
despertó su admiración por Carlos Gardel y por la música, lo cual le
permitió convertirse en un respetado biógrafo del Zorzal Criollo y en
poseedor de la mayor cantidad de efectos personales de Gardel, desde
contratos firmados en París en 1932, junto con Alfredo Le Pera y
Horacio Pettorozzi, su famoso reloj de bolsillo, su galera, su gacho
gris de ala requintada, su "lengue" blanco, cartas enviadas a
su eterna novia, Isabelita Del Valle, y la cantidad más impresionante
de fotografías inéditas, no sólo de Gardel sino de
"monstruos" de los quilates de Charlo, Magaldi, Corsini,
Azucena Maizani.
-Sabemos que tiene en su poder la colección más completa de discos
de Gardel, la mayoría con temas inéditos que los mismos gardelianos
desconocen. ¿Cómo logró conseguirlos? -Esta es una historia que
nace en un cine hoy desaparecido, el Oeste, que estaba en la avenida San
Martín. Era el año 1928. Daban tres películas por 20 centavos. En los
intervalos pasaron el tango Duelo Criollo, contado por Gardel. Me
quedé duro en la butaca. Comprendí que ésa era una voz única, que se
estaba ante un fenómeno. Un taller mecánico fue mi primer trabajo. Era
un pibe. Con el primer sueldo mi madre me permitió comprar los primeros
discos de Gardel: La Gayola, Patotero Sentimental, Lejana
Tierra Mía, temas gauchescos, tangos festivos. En la antigua Casa
Núñez hice los mejores acopios, con la ayuda de Petracci, un
coleccionista excepcional. Integrantes de la barra del viejo Café de
los Angelitos hicieron el resto.
-¿Cómo conoció a José Razzano? -Era amigo de mi padre y
venía una vez por semana a cenar a casa. Un hombre extraordinario. Me
contó cosas que jamás olvidaré, como, por ejemplo, aquella gira que
Gardel, Enrique de Rosas y Matilde Reguera hicieron por España en 1923,
y que terminó en Toulouse, Francia, donde Carlitos les presentó a su
madre, dando por tierra con la versión de que Gardel era uruguayo, algo
que Isabelita desmintió.
Cultura en silencio
-¿Se considera usted el más grande coleccionista de Gardel en estos
momentos? -Sí. En un tiempo estaban Héctor Ernié y Osvaldo Sosa
Cordero. Yo continué esa obra. Y no quiero que me pase lo de Juan
Alfuso, el más completo coleccionista gardeliano: al mes de morir,
todas esas joyas discográficas aparecieron en Japón. He ofrecido donar
todo esto para hacer el Museo del Tango. Lo hice ante la Secretaría de
Cultura del Gobierno de la Ciudad y de la Nación. Todavía espero una
respuesta.
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